UC Berkeley Comparative Literature Undergraduate Journal

A Premier Humanities Research Journal at the University of California, Berkeley

Detective y ciudad en las novelas negras de Manuel Vázquez Montalbán

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Introducción

La serie de novelas negras escrita por Manuel Vázquez Montalbán durante la transición española en el último cuarto del siglo XX y al principio del siglo XXI se basa en las investigaciones del detective privado Pepe Carvalho. Esta serie de novelas y colecciones de relatos se centraliza en Barcelona, donde ha crecido Carvalho y donde vive y trabaja. Las primeras cuatro novelas de la serie sirven para introducir los espacios y los personajes importantes en toda la serie. En la primera novela de la serie, Tatuaje (1974), se introduce a Carvalho y su Barcelona. Carvalho era un personaje en la novela Yo maté a Kennedy (1972) de Vázquez Montalbán, pero es en Tatuaje que conocemos a su novia Charo, el barrio chino donde vive y trabaja Charo, la casa del Carvalho, el despacho de Carvalho, y las curiosidades de nuestro detective. La mayor parte del argumento tiene lugar en Barcelona, pero va a Ámsterdam y otras ciudades en los Países Bajos para investigar la muerte de Julio Chesma. En la segunda novela, La soledad del manager (1977), se alude a su pasado como agente de la CIA y conocemos a su ayudante Biscuter. Se describe el tiempo que había pasado Carvalho con la víctima Antonio Jaumá en Las Vegas, Los Ángeles, y San Francisco cuando trabajaba para la CIA. En la siguiente novela, Los mares del Sur (1979), se desarrolla el “personaje” de Barcelona. Esa novela es la única de las cuatro que tiene lugar solamente en Cataluña. La cuarta novela, Asesinato en el Comité Central (1981), trata del pasado de Carvalho como miembro del Partido Comunista de España cuando va a Madrid para investigar la muerte del secretario general del PCE, Fernando Garrido. En esas cuatro novelas, se introduce y se desarrolla los personajes principales y los espacios importantes; por eso, esas novelas forman la introducción a la serie, a Pepe Carvalho, y a su Barcelona y establecen el código que se repite a lo largo del resto de la serie.

El espacio urbano en novelas negra

El espacio de cada novela es central. Como explica Ricardo Gullón en su libro Espacio y novela, en una obra literaria, “el espacio es, en sí, una abstracción derivada de las realidades en que nos movemos. Si puede ser imaginada, es que puede ser pensada, y «entendida »; al menos hasta cierto punto” (3-4). G.K. Chesterton, en su ensayo “A Defence of Detective Stories”, presenta el relato detectivesco como la tradición épica de la época moderna—la época posterior de la urbanización, la industrialización. Chesterton explica: “Of this realization of a great city itself as something wild and obvious the detective story is certainly the ‘Iliad’” (4). El espacio urbano es un elemento crucial para la novela negra y casi todas las escenas en esas cuatro novelas de la serie de Vázquez Montalbán tienen lugar en espacios urbanos. Como Philip Marlowe tiene su Los Ángeles y Sherlock Holmes tiene su Londres, Pepe Carvalho tiene su Barcelona. En esas novelas, Carvalho también va a una selección de ciudades icónicas como Ámsterdam, Los Ángeles, San Francisco, Las Vegas, y Madrid.

Como Barcelona es la ciudad más central de las novelas y es la ciudad de Pepe Carvalho, es curioso que Carvalho viaje a esas otras ciudades. Esas partes de la novela fuera de Barcelona cambian el centro de atención de Barcelona. Carvalho pasa casi toda la novela Asesinato en el Comité Central en Madrid y casi la mitad de Tatuaje tiene lugar en los Países Bajos. Hay pocas escenas en los Estados Unidos en La soledad del manager, pero, como Carvalho solamente investiga la muerte de Jaumá por haber conocido a Jaumá en esta visita a los Estados Unidos, estos espacios todavía son importantes en esa novela. Vázquez Montalbán dedicó un libro entero a la historia de Barcelona y él habría podido describir más la ciudad de Barcelona en vez de tratar de esas otras ciudades. De esa multiplicidad de ciudades, nos ofrece Vázquez Montalbán una variedad de reflexiones y perspectivas sobre el problema y la cuestión la ciudad moderna. En vez de enfocarse en una ciudad, la ciudad del detective, Vázquez Montalbán nos presenta una serie de espacios urbanos completamente distintos. Carvalho pasa por tres tipos de ciudades: su ciudad Barcelona, otras ciudades españolas (Madrid), y ciudades extranjeras (Ámsterdam, las ciudades estadounidenses).

Las descripciones de esas ciudades son distintas. La descripción de Barcelona es la más detallada, incluyendo descripciones de la estratificación social. La descripción de Madrid, donde Carvalho había vivido unos años veinte años atrás, es la segunda más detallada e incluye descripciones de las instituciones de gobierno y de las instituciones políticas. Sin embargo, las descripciones de las ciudades extranjeras no están muy desarrolladas e incluyen pocos detalles. No se mencionan detalles que serían importantes para Carvalho, como los nombres de los restaurantes. Además de ayudar a caracterizar el “personaje” del espacio urbano, los espacios urbanos le ayudan al lector a entender mejor el personaje de Carvalho y cómo su identidad cambia cuando se mueve por los espacios urbanos distintos. Estudiar los espacios distintos es descubrir hasta qué punto Carvalho no tiene una identidad especifica y estricta.

Los tres personajes de la urbanización y la industrialización: el detective, el turista, y el flâneur

Durante la transición a la modernidad y la urbanización durante el siglo XIX, tres tipos de personajes emergieron que tienen una relación importante con el espacio urbano y la ciudad. El detective explora e investiga crímenes en la ciudad. El flâneur, desarrollado por Walter Benjamin en su libro The Arcades Project, se mueve por París observando el consumismo de la época moderna y las clases sociales que pueden comprar los productos que ofrecen las galerías comerciales de París. El turista, explorado por Dean MacCannell en su libro The Tourist: A New Theory of the Leisure Class, también es una consecuencia de la modernización. El turista puede viajar con más facilidad y brevedad que el viajero porque existen nuevas tecnologías, como el coche y el avión, en el siglo XX y emerge esa nueva clase “the leisure class” que explora Dean MacCannell.

El detective

Como explica Dennis Porter in su libro The Pursuit of Crime, el detective es una consecuencia de la revolución industrial y la urbanización y especialmente la tradición estadounidense, según Porter, trata más de “the shame of the cities” (151, 162). En su libro El cadáver en la cocina: La novela criminal en la cultura del desencanto, Joan Ramon Resina define la figura del detective en las novelas negras de la transición y en los relatos detectivescos en general. Explica la manera racional en que el detective interacciona con su espacio y su mundo: “Es imprescindible a [esta tradición] una racionalidad totalizante, encarnada en el detective o en un personaje equivalente. El fin de esta racionalidad es dar coherencia ideológica a una representación fragmentaria de la cotidianidad” (109). John Scaggs en su libro Crime Fiction define otro aspecto crucial del personaje: la soledad del detective y su vida fuera de la sociedad “normal”: “The hard-boiled private eye is a private ‘I’, a loner, an alienated individual who exists outsider or beyond the socio-economic order of family, friends, work, and home” (59). Aunque existe fuera de la sociedad, Joan Ramon Resina añade a la definición de Scaggs del detective y explica que el detective no está totalmente ajeno de la sociedad “normal” como insiste Scaggs: “no es completamente ajeno a las prácticas institucionales ni a sus efectos en el espacio público. La investigación privada está subordinada a una normativa estatal, que se materializa simbólicamente en el carnet de investigador“ (116). De este modo, el detective es una figura dividida que tiene dos lados a su caracterización que son contradictorios. Como describe Scaggs, el detective “is conspicuously hostile to the forces of law and order, but yet, nominally, at any rate, he shares their aim to restore and maintain the social order” (61). En su ensayo “Double Identity: Hard-Boiled Detective Fiction and the Divided ‘I’” Scaggs explica que esta paradoja afecta la identidad del detective: “The P.I., as either private investigator or public officer, is a deeply divided figure. His royalties are divided between the public and the private domain” (143).  Su caracterización paradójica crea una relación contradictoria entre el detective y su espacio urbano. Ben Highmore en su libro Cityscapes: cultural readings in the material and symbolic city describe: “the ability to move, often unnoticed, through the city, the knack of reading the streets and interiors of the city, these are the skills that mark the classic detective of urban noir” (93). El detective no se identifica con una clase social ni a la sociedad en general y, de este modo, él puede moverse por la sociedad sin prestar atención a las normas sociales. Fredric Jameson en su ensayo “On Raymond Chandler” describe que este aspecto de la relación entre el detective y la ciudad crea una visión completa de la sociedad en la ciudad: “through him we are able to see, to know, the society as a whole” (69). Así, tenemos una visión del detective: un hombre racional que paradójicamente odia pero al mismo tiempo mantiene las normas sociales y se mueve por la ciudad y los barrios distintos, desasociado de su sociedad y de los grupos sociales.

 

El turista

En su libro The Tourist: A New Theory of the Leisure Class, Dean MacCannell cuestiona la autenticidad de la experiencia turística:”Touristic consciousness is motivated by its desire for authentic experiences, but often it is very difficult to know for sure if the experience is in fact authentic” (101). MacCannell discute la aparición del turista después de la revolución industrial, estableciendo el turista como una figura moderna como el detective. MacCannell concluye que el turista no entiende bien la sociedad que visita: “The lie contained in the touristic experience, moreover, presents itself as a truthful revelation, as the vehicle that carries the onlooker behind false fronts into reality. The idea here is that a false back is more insidious and dangerous than a false front, or an inauthentic demystification of social life is not merely a lie but a superlie, the kind that drips with sincerity” (103). El turismo moderno se basa en “a solidarity at the level of the total society, a collective agreement that reality and truth exist somewhere in society, and that we ought to be trying to find them and refine them” (155). De este modo, el turista funciona como el opuesto del detective. El detective quiere descubrir la verdad y estudiar todo cuidadosamente, pero el turista es definido por la falta de autenticidad y la superficialidad. Quiere ir más allá y entender mejor el mundo moderno, pero no puede. El papel del detective, quien paradójicamente funciona fuera y dentro de las normas sociales de su propia sociedad, contrasta mucho con el papel del turista, quien viaja a una ciudad extraña para observar otra sociedad. El detective no se identifica como un miembro de la sociedad moderna, pero el turista, aunque quiera ser parte de la sociedad extranjera, todavía no puede lograr la autenticad que desea.

 

El flâneur

En su ensayo “Paris, the Capital of the Nineteenth Century”, la versión de este ensayo escrita en 1935, Walter Benjamin introduce el concepto del flâneur cuando habla de la obra de Baudelaire: “It is the gaze of the flâneur, whose way of life still conceals behind a mitigating nimbus the coming desolation of the big-city dweller. The flâneur still stands on the threshold—of the metropolis as of the middle class” (10). Continúa: “In the flâneur, the intelligentsia sets foot in the marketplace—ostensibly to look around, but in truth to find a buyer” (10). En la versión del ensayo escrita en 1939, Benjamin dice que el flâneur “abandons himself to the phantasmagorias of the marketplace” y explica que el flâneur “is also the explorer of the crowd. When the man who abandons himself to it, the crowd inspires a sort of drunkenness [. . .] [he] flatters himself that, on seeing a passerby swept along by the crowd, he has accurately classified him, seen straight through to the innermost recesses of his soul—all on the basis of his external appearance” (16, 21). El flâneur observa lo más básico de una persona—su apariencia—y clasifica a todos en su sociedad solamente por observar a las personas en las arcadas de París por algunos momentos. Además, el flâneur participa en la experiencia colectiva de la multitud.

 

El flâneur y el detective

Benjamin compara el flâneur y el detective en su ensayo “The Paris of the Second Empire of Baudelaire”: “If the flâneur is thus turned into an unwilling detective, it does him a lot of good socially, for it legitimizes his idleness [. . .] [T]he detective story, regardless of its sober calculations, also participates in the phantasmagoria of Parisian life” (72). Según Benjamin, el detective en el relato de Poe “The Man of the Crowd” es un flâneur porque es “one who does not feel comfortable in his own company. This is why he seeks out the crowd” (79). Además, Benjamin describe: “In the flâneur, the joy of watching is triumphant. It can concentrate on observation; the result is the amateur detective” (lyric poet, 69).

Aunque el detective y el flâneur son figuras de la urbanización y la modernidad, el detective de los relatos de Poe que es parecido a un flâneur no parece mucho al detective que describe Scaggs, “the Private Eye”, quien prefiere estar solo. Hay algunas diferencias importantes entre el flâneur y el detective. Ambas figuras se mueven por la ciudad, observan su sociedad, y viven ajenos de su sociedad. Sin embargo, el detective vive fuera de toda la sociedad y no se identifica con una clase social ni un grupo social. Aunque el flâneur mantiene una distancia de su sociedad, se identifica más con la clase burguesa. El flâneur se mueve por las arcadas de París, la parte de la ciudad que más representa la burguesía. El detective puede pasar por todos los barrios de una ciudad, las partes donde viven y trabajan todas las clases sociales. Así, el flâneur tiene una perspectiva limitada de su sociedad; aunque, según Benjamin, puede entender bien las almas de la clase burguesa, solamente observa esa clase comercial y los espacios que ocupa esa clase social. El detective, por investigar los crímenes, puede moverse por todas partes y crear una visión más completa de la sociedad y las clases sociales.

Además de Benjamin, otros críticos han vinculado la figura del flâneur con la figura del detective. Donald McNeill, en su libro Urban Change and the European Left: Tales from the New Barcelona, explica que Manuel Vázquez Montalbán, especialmente en su libro Barcelonas, es “unequivocally, a socialist flâneur. [. . .] The Barcelona of Vázquez Montalbán is a unique fusión of asphalt, fiction, and reportage” y concluye que las novelas negras de Vázquez Montalbán y Carvalho reflejan esa cualidad de flâneur del autor (24-25). Justin Crumbaugh, en su ensayo “From Tourism Studies to the Next Left: Manuel Vázquez Montalbán’s Running Critique”, cita a McNeill y usa esta descripción de Carvalho hecha por McNeill para estructurar su ensayo y hablar del papel de Carvalho en Barcelona en El laberinto griego. José María Naharro-Calderón en su ensayo “El misterioso caso de la topografía madrileña en la serie Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán” describe Carvalho en Madrid como un flâneur que tiene “el visual del ‘flâneur’” porque se mueve por la ciudad observando la Madrid postfranquista (550).

Detective y espacio urbano: la gira de Carvalho

Carvalho siempre es detective en el presente narrativo de la serie porque siempre investiga. En las escenas en los Estados Unidos en La soledad del manager, él no funciona como un detective porque todavía trabaja para la CIA en esas escenas y no es detective privado. Sin embargo, cuando va a los Países Bajos y a Madrid, viaja para investigar, implicando que nunca deja su papel de detective. Todavía, aunque siempre es detective, se acerca a los papeles de turista y flâneur, pero nunca llega a ser solamente un turista y flâneur.

Acercándose al papel de turista en las ciudades extranjeras, Carvalho llega a ser más un turista-detective y expresa una visión menos profunda de esas ciudades. Carvalho conoce bien su propia ciudad de Barcelona. Así, en Barcelona, se acerca al papel del flâneur y el detective adquiere aspectos del flâneur aunque nunca es solamente un flâneur. Sus investigaciones tienen otro tono cuando está en su ciudad y puede criticar Barcelona de una manera más íntima. En Madrid, Carvalho tiene un papel que mezcla elementos del turista y del detective. Como vivía en Madrid hace muchos años, sabe mucho de la ciudad y observa superficialmente la ciudad, pero todavía la descripción de esa ciudad se parece mucho a las descripciones de las ciudades extranjeras. Tiene un papel intermedio—es un detective transpuesto. No es completamente desplazado en Madrid como en las ciudades extranjeras, pero no es el detective-residente de Barcelona.  De este modo, la identidad del detective en esta serie de novelas negras es más flexible porque cambia mucho cuando está en otro espacio. El espacio urbano define, hasta cierto punto, el personaje de Carvalho.

 

Carvalho y Barcelona: el detective y su ciudad

Barcelona, además del detective, es el protagonista central de la serie de Manuel Vázquez Montalbán. Como la ciudad de Carvalho, tiene un papel importante en cada novela. En cualquier ciudad, Carvalho piensa en Barcelona—piensa en la comida catalana, en las personas que viven en Barcelona, y en los espacios urbanos que ocupa habitualmente. Barcelona es la ciudad en que Carvalho tiene sus dos propios espacios—su casa que está en el Tibidabo y su despacho que está en el barrio chino. Carvalho también  recorre mucho las Ramblas. Desde su casa en el Tibidabo, puede ver toda la ciudad, lo cual simbólicamente implica que tiene una perspectiva completa de la ciudad y de la sociedad y que, en algunos momentos, existe fuera de su sociedad. Sin embargo, su despacho, que está en el barrio chino, metido en la ciudad, implica que participa en su sociedad. Esta paradoja—que existe fuera y dentro de su ciudad y su sociedad—es un aspecto del papel del detective. Además de estos espacios “suyos”, visita otros barrios como uno de las afueras de Barcelona, San Magín, y el barrio de Sarrià. En su ensayo “On Raymond Chandler”, Fredric Jameson explica cómo Chandler es “a painter of American life” quien usa “fragmentary pictures of setting and place, fragmentary perceptions which are by some formal paradox somehow inaccesible to serious literature” (67). Como Marlowe en las obras de Chandler, Carvalho no visita cada barrio en Barcelona. Sin embargo, con las representaciones fragmentarias de las partes de la ciudad, Barcelona es la única ciudad que ofrece una representación de la población de la ciudad.

El barrio que domina la narración de la serie es el barrio chino, donde están el despacho de Carvalho y el piso de Charo. El narrador no describe mucho del barrio. Por ejemplo, en la primera escena de la serie que tiene lugar en la ciudad de Barcelona en Tatuaje, el narrador no menciona exactamente en cuál barrio vive Charo, pero Charo le dice a Carvalho “¿En qué barrio te crees que vivo?” (12). Menciona los nombres de algunas calles, como la calle de la Cadena, y el narrador presume que el lector puede adivinar de esas pocas pistas el escenario de la vida de Carvalho. El narrador de la serie está focalizado por Carvalho; aunque es un narrador de tercera persona, solamente describe los pensamientos y las acciones de Carvalho. Como Carvalho, el lector debe saber algo de la reputación del barrio chino.

Por otras descripciones pocas páginas después, el lector puede ponerse seguro que Charo vive en el barrio chino. Explica: “Le gustaba dejar el coche al comienzo de las Ramblas para poder recorrerlas a pie hacia abajo, hacia el territorio de Charo” (29). Así, sin nombrar el barrio de Charo, el narrador establece la geografía de la serie, pero lo hace en una manera más íntima. No hay que decir el nombre de esos barrios; por la descripción del movimiento de Carvalho y los nombres de algunas calles, el lector puede adivinar y entender bien en qué parte de Barcelona vive Charo. En  Los mares del Sur, el narrador describe el movimiento de Carvalho cuando se va de su despacho: “agradeció el asalto del aire de las Ramblas. La primavera había enloquecido. Se había puesto fría y nublada en aquel atardecer de marzo” (14). En tres frases, el narrador establece el lugar aproximado del despacho de Carvalho, la estación, y el tiempo. Por esa descripción corta de las Ramblas, el narrador implica que el lector debe estar familiarizado con cómo es el aire de las Ramblas en un atardecer nublado de marzo. Las descripciones de Barcelona implican una comodidad de Carvalho, del narrador, y del lector en Barcelona. Entonces, sugiere que Carvalho se considera parte de la sociedad barcelonesa.

Con esa comodidad y pertenencia a la sociedad de la ciudad vienen más descripciones largas de qué observa Carvalho mientras se mueve por la ciudad. En La soledad del manager, el narrador describe un encuentro entre la policía y las personas quienes están en las Ramblas a esa hora por la noche en las Ramblas. Empieza la descripción: “Anochecidas las Ramblas, Carvalho empezó a captar los síntomas de que se acercaban las algaradas cotidianas. La policía de la Brigada Especial Antidisturbios había empezado a tomar posiciones según un ritual de perpetuo estado de sitio” (94-95). Esa descripción de Carvalho en la ventana de su despacho observando este ritual por las calles implica su papel como observador de la vida social. Al final de este relato, la voz narrativa describe: “Desde la ventana Carvalho contemplaba el aumento de la tensión Ramblas arriba y a su lado Biscuter se quejaba de lo peligrosa que se está poniendo la ciudad” (95). El verbo “contemplar” implica la manera en que el flâneur tiene que observar y, en este momento del libro, parece que Carvalho se acerca al flâneur y llega a ser un detective con algunos elementos del flâneur. Carvalho observa todo el conflicto potencial de la sociedad moderna entre la policía y los “jóvenes contraculturales”,  “putas, macarrones, maricones, hampones mayores y menores” (95, 95). Además, como Carvalho está físicamente separado de lo que observa, sugiere su racionalidad del detective, pero, como todo este relato transpira en el barrio donde está su despacho, sugiere que son los problemas de su sociedad que observa él y enfatiza el hecho de que pertenece a esa sociedad.

Entonces, Carvalho habla con Biscuter y dice que la sensación de desestabilizar favorece “el propio poder, que así obtiene coartadas y cheques en blanco para hacer lo que le pasa por los cojones y como le pasa por los cojones” (95). En este momento, cuando Carvalho critica la sociedad, su papel cambia. No es solamente un observador racional. No es como el flâneur de Benjamin porque observa algunos grupos que son marginados en su sociedad en vez de solamente observar la burguesía en las partes comerciales de la ciudad.  Critica la desigualdad y cómo el poder establecido puede controlar y marginar a los grupos minoritarios en la sociedad—los grupos contraculturales y las personas que puedan ser perseguidas por el poder establecido, como las prostitutas. Como un flâneur, Carvalho observa su propia sociedad, pero explícitamente critica su sociedad, lo cual no es un aspecto de un flâneur.

Además de su crítica de la sociedad que afecta cómo interpretamos el personaje de Carvalho en Barcelona, Carvalho tampoco tiene una perspectiva completamente distante de su sociedad, que es la perspectiva que, según Benjamin, el flâneur debe tener. Tiene características del flâneur, como la observación de su sociedad desde su casa en el Tibidabo, donde puede ver toda la ciudad, pero, especialmente en su propia sociedad urbana de Barcelona, participa con alma en actividades de la sociedad, especialmente en lo político. Le dice a Biscuter al principio de Los mares del Sur: “Los detectives privados somos los termómetros de la moral establecida, Biscuter. Yo te digo que esta sociedad está podrida. No cree en nada“ y “Se han perdido los valores fundamentales” (13, 13). El narrador describe cómo continúa Carvalho: “La crisis de valores, se dijo, todavía con cabezonería de alcohólico. Había leído en los periódicos que los abogados laboralistas también estaban en crisis porque los obreros recurrían a los asesores legales de las centrales sindicales. Uno y otros víctimas de la democracia. [. . .] Los detectives privados [. . .] [r]escatamos de la basura lo que aún no es basura. O lo que bien visto podría dejar de ser considerado basura” (14). Así, implica una crítica más grande de la democracia e implica la preocupación del narrador y del detective con los derechos de la clase obrera, que, además de las creencias comunistas de su juventud exploradas en Asesinato en el Comité Central  de Carvalho, implica la necesidad de reformar la sociedad y la forma del gobierno.

Cuando dice todo esto, está en su despacho con Biscuter. Glen Close explica en su libro Contemporary Hispanic Crime Fiction: A Transatlantic Discourse on Urban Violence, “the Carvalho character is defined (at least in principle) as a political skeptic, in keeping with the dictates of the individualist, although implicitly populist, hard-boiled ethic” (160). Especialmente cuando sale de sus espacios personales, su casa y su despacho, mantiene esta máscara del detective imparcial. En todas las conversaciones que tiene con las personas que conocen a la víctima cuando investiga, Carvalho no revela mucho. Mantiene mejor su imparcialidad. Sin embargo, en esos espacios personales, cuando habla con Biscuter o Charo, revela más de su afinidad para la ciudad y para lo político. Sus espacios personales permiten esta discusión social con Biscuter o Charo. Mucho de lo que dice en su despacho o en su casa no tiene que ver directamente con sus investigaciones ni sus observaciones imparciales de su sociedad. Sus espacios personales permiten una caracterización más detallada y desarrollada de Carvalho porque, en estos espacios, pasa tiempo solo o con las personas que lo conocen mejor. Así, expresa su propia opinión sobre su sociedad sin la máscara de detective. En estos momentos, solamente es un residente de Barcelona. No está investigando ni observando, solamente reflexionando emocionalmente sobre su propia sociedad. Carvalho todavía implica la denigración de la sociedad durante la transición y la necesidad de cambiar esa sociedad. Su discusión con Biscuter implica una pasión por todo lo político en Barcelona durante esta época, sugiriendo que, dentro de su propia sociedad de Barcelona, no es “asocial”, como la definición de Benjamin lo exigiría para ser un flâneur, porque participa en un aspecto importante de la sociedad.

La estratificación social de Barcelona y la movilidad del detective

La descripción de las actividades de crítico social de Carvalho se extiende a otras partes de la ciudad también. En Los mares del Sur, va a San Magín, una ciudad ficticia cerca de Barcelona para investigar la muerte de Stuart Pedrell. San Magín puede ser basado en espacios urbanos reales como Bellvitge y La Pau (Santana, 543). Cuando entra en el barrio, el narrador describe: “San Magín sí era un horizonte regularizado de bloques iguales que avanzaban hacia Carvalho como una promesa de laberinto. Está usted entrando en San Magín. Proclamaban los cielos y añadían: Una ciudad nueva para un nueva vida” (110). Esa descripción implica algo extraño para Carvalho en este barrio. La palabra “laberinto” implica una falta de familiaridad y comodidad en el barrio—no puede navegar por el barrio sin estar perdido en algún momento. Esa descripción sugiere que Carvalho no tiene la misma experiencia en este espacio como en los espacios dentro de la propia ciudad. Glen Close, en su libro Contemporary Hispanic Crime Fiction: A Transatlantic Discourse on Urban Violence explica que en San Magín “he enters the Franquist satellite city as an intruder, and at first does not even seem to speak the language of the residents he has come to canvas” (166). Cuando se va del barrio, describe: “pero sus pasos le hacen saltar de charco en charco de luz en busca de los límites denunciados por un lejano rótulo celestial, especialmente iluminado en el que consta la advertencia de la finitud del paraíso: «Está usted saliendo de San Magín. Hasta siempre. »” (125). Este énfasis en las fronteras del barrio hace hincapié en cómo no tiene la misma habilidad de andar por San Magín y ser parte de la sociedad. Esta experiencia en San Magín enfatiza que Carvalho puede moverse por su ciudad y tiene acceso a muchas partes diferentes de Barcelona y sus suburbios. Aunque no se siente cómodo en San Magín porque no ha pasado mucho tiempo en San Magín, todavía puede visitar los barrios olvidados de su ciudad como detective.

Después de ir a la parte más chic de la ciudad, donde vive la viuda Pedrell, y volver a las Ramblas, reflexiona sobre el Barrio Chino y San Magín. El narrador describe que Carvalho “[r]ecuperó rincones habituales como si volviera de un larguísimo viaje. La fea pobreza del Barrio Chino tenía pátina de historia. [. . .] En San Magín no había borrachos derrumbados ante los portales, sorbiendo el hilillo de pequeño calor que salía de escaleras terribles. Pero no era un logro del progreso, sino todo lo contrario” (137). Todavía revela una crítica de la sociedad moderna y el concepto moderno de lograr “progreso”. Sugiere que San Magín no representa el progreso, sino todo lo opuesto y que no está de acuerdo con todo el concepto del progreso en la sociedad moderna. Además, Carvalho dice de la viuda Pedrell: “[p]ertenece a la clase social que tiene la razón y la escupe a todo el mundo” (195). Aunque no vive y no pasa mucho tiempo por lo general en San Magín ni en Sarrià-Sant Gervasi, todavía hace su crítica de la sociedad moderna y las clases sociales que forman parte de la sociedad. Esas ciudades forman parte de su crítica de su sociedad y hacen hincapié en la habilidad del detective de moverse por todas partes de su ciudad y de su sociedad para observar todo. No solamente observa la clase burguesa. Este aspecto es lo que vincula el detective con el flâneur, y Carvalho ejemplifica esta característica quizás más cuando explora San Magín, el Barrio Chino, y el barrio de la clase alta en Los mares del Sur. Sin embargo, él no solamente se mueve por estos espacios sin criticarlos, sugiriendo que es más que un flâneur. Es crítico social en San Magín además del barrio chino. No visita muchos espacios de Barcelona y de las afueras de Barcelona. Aunque parece que recorre toda la ciudad para investigar la muerte de Stuart Pedrell, solamente investiga en cinco barrios y las afueras (Santana, 538-540). Esta cuestión de las clases sociales y la estratificación social no forma parte de las descripciones de cómo Carvalho observa las ciudades extranjeras. La descripción de Carvalho en San Magín implica que Carvalho no ha pasado mucho tiempo en esas ciudades y no conoce bien este suburbio de Barcelona, pero todavía es parte de su crítica más amplia de la sociedad barcelonesa de la transición española.

Además, en Barcelona, Carvalho y la voz narrativa hacen más hincapié en lo salvaje de la ciudad. Al final de Asesinato en el Comité Central, cuando vuelve a Barcelona, el narrador describe la dificultad para Carvalho de encontrar su propio coche: “No pudo recordar dónde había dejado el coche en la inmensidad del parking del aeropuerto y tuvo que buscarlo como se busca un rostro en la multitud. Aquí estoy, le reclamó el animal abandonado, cubierto de intemperies y olvidos” (288). Esta descripción del coche de Carvalho recuerda una descripción del metro barcelonés en Los mares del Sur: “El metro, cualquier metro, es un animal resignado a su esclavitud de subsuelo. Parte de esa resignación impregna los rostros aplazados de los viajeros, teñidos por una luz utilitaria, removidos levemente por el vaivén circular de la máquina aburrida” (109). Estas dos descripciones de las máquinas como animales, una en la voz de Carvalho y otra en la voz narrativa, vinculan la modernidad y lo salvaje del mundo. Sin embargo, en ambas descripciones, los animales han perdido su poder—el “animal” del coche es abandonado, olvidado, y susceptibles del tiempo y el “animal” del metro es resignado y restringido. Así, implica una crítica de lo moderno—las máquinas tienen todo el poder posible de un animal salvaje, pero están sin su poder natural. En vez de preocuparse solamente de lo comercial, de lo bohemio, de lo burgués, Carvalho y el narrador piensan más en lo menos civil dentro de una ciudad. En el caso del narrador, piensa en literalmente lo que está debajo de la ciudad. Así, hace hincapié en la crítica central del conflicto entre las clases sociales inherente en la sociedad de la transición y en la sociedad democrática.

Los Países Bajos: el primer “viaje” del detective

En Tatuaje, Carvalho se va de su propia ciudad para ir a Ámsterdam para investigar la muerte de un ahogado desconocido que, en la primera escena de la novela, aparece en una playa cerca de Barcelona. Poco a poco, en los Países Bajos, él descubre la identidad de este cadáver sin cara mientras visita la ciudad más grande de los Países Bajos, Ámsterdam, y dos ciudades más pequeñas, La Haya y Róterdam.

Mientras Carvalho está en Ámsterdam, el narrador describe las ciudades de los Países Bajos y hace hincapié en pocos elementos. En Ámsterdam, enfatiza los aspectos más turísticos de la ciudad. Cuando Carvalho está en el avión, el narrador menciona “el barrio de las Luces Rojas” y, mientras está en Ámsterdam, visita este barrio quizás más famoso de la ciudad (53). Cuando se va de Ámsterdam a La Haya, se describen los canales y los turistas que los visitan: “Las barcazas acristaladas que se disponían a iniciar el viaje turístico por los canales. No debía marcharse de Amsterdam sin repetir una vez más aquel viaje que colocaba la ciudad sobre la cabeza del viajero” (63). En esta parte de la novela, el narrador solamente describe los aspectos más superficiales de la capital de Holanda. Escoge los elementos más famosos de la ciudad y hace hincapié en estos elementos. Aunque menciona algunos lugares específicos en Ámsterdam, como el Hotel Schiller, el 16 de la calle Rokin, y el club Paraíso, no incluye tanto detalle como en las descripciones de Barcelona. En Ámsterdam, va más o menos de turista, solamente prestando atención a los elementos más superficiales de la ciudad. Lo que el lector sabe del “personaje” de Ámsterdam es que Ámsterdam tiene un barrio de Luces Rojas, que existen clubes como el Paraíso en Ámsterdam, lo cual implica que Ámsterdam es una ciudad liberal, y que hay canales que exploran los turistas. Aunque Carvalho pasa casi un tercio del libro en los Países Bajos, no se desarrolla el personaje de Ámsterdam mucho.

El narrador y Carvalho hacen hincapié en que Carvalho, aunque investiga el asesinato en Ámsterdam, es turista, de alguna forma, y extranjero en la ciudad de Ámsterdam. Cuando Carvalho vuelve a Ámsterdam después de visitar La Haya, se explica: “Atardecía en Amsterdam. Carvalho maldijo el día perdido para recorrer la ciudad” y, cuando Carvalho va al Paraíso, el narrador lo describe: “Parecía un turista perdido en el zoco Marraquex” (76, 80). Además de describir los aspectos turísticos de Ámsterdam, las descripciones de Carvalho cambian para reflejar su identidad en la ciudad extraña porque se convierte en una persona que no conoce bien la ciudad y que no puede moverse por la ciudad con facilidad. Carvalho se describe a sí mismo en el club Paraíso: “Yo iba vestido de marciano y ellos vestían de personas normales. Imposible el diálogo” (90). Entonces, implica que él se siente de una manera fuera de la sociedad neerlandesa y que puede ser difícil dialogar con esas persona extrañas. En Ámsterdam, él se convierte en turista, en un “marciano” quien está fuera de la sociedad pero quien todavía observa la sociedad. El epíteto “turista” cambia el papel de Carvalho del papel que tiene en Barcelona donde se acerca más al papel del flâneur sin ser solamente un flâneur. Todavía observa y critica, pero, ahora, hace esto como un extranjero fuera de la sociedad en vez de como una persona en la sociedad. Solamente tiene la visión turística que propone Vázquez Montalbán en esta parte del libro, lo cual implica una visión quizás más limitada y superficial, limitando sus observaciones de la sociedad neerlandesa.

En Ámsterdam, él no tiene ningún espacio que no es invadido por las personas de sus investigaciones. Todos los espacios son espacios de investigación. Asume identidades diferentes mientras investiga en todos los espacios urbanos que ocupe Carvalho. Por ejemplo, en Ámsterdam, su primera descripción de sí mismo en Ámsterdam es que es un investigador privado, pero explica que, en España, “el oficio sólo se aplica a vigilar esposas infieles” (56). Después, implica que no está en Holanda para investigar nada: “[t]ambién hay moteles en España. Las parejas infieles no necesitan irse a Holanda para poner los cuernos” (56). Además, implica que Julio Chesma es “un medio pariente” y Carvalho lo está buscando (77). Por fin, dice la verdad cuando habla con Singel después de ser tirado en los canales: “busco a Julio Chesma por un encargo profesional. [. . .] soy investigador privado y [. . .] hay serias sospechas de que Julio Chesma y el cuerpo de un ahogado aparecido en una playa española sean la misma persona” (94). En Ámsterdam, su identidad es flexible. Cuando está en Barcelona, a veces, adquiere otra identidad además de su identidad como Carvalho el detective privado. Como no hay muchas personas que conozcan a Carvalho en Ámsterdam, puede inventar otras identidades fácilmente sin consecuencias. Así, puede escoger y cambiar su identidad cuando quiera. Aunque tenga que explicar por qué busca a Chesma, inventa un montón de razones para su búsqueda del ahogado. De todas las personas a quienes Carvalho dice una mentira, solamente la policía neerlandesa que habla con Carvalho en su hotel sospecha la verdad y le acusa de no ser solamente un turista normal (91). En Barcelona, tiene su casa y otros espacios como el piso de Charo y, aunque piensa en sus investigaciones cuando está en estos espacios, por lo general, está con personas quienes saben la verdad sobre su identidad en estos espacios. La policía neerlandesa y Singel entran su espacio que es más parecido a su casa en Barcelona—su cuarto de hotel. De este modo, tiene que llevar las máscaras que lleva cuando investiga en todos los espacios en Ámsterdam porque no hay un espacio afuera de la investigación formal. En Ámsterdam, no existe ningún espacio en que pueda quitarse la máscara de la investigación y, de este modo, su identidad es más flexible en esa ciudad extraña porque nunca es solamente Carvalho y no el detective privado.

El espacio urbano de Ámsterdam refleja la identidad de Carvalho en esa ciudad. Carvalho tiene una identidad poco detallada cuando se mueve por la ciudad. Su identidad cambia para cada situación en los espacios distintos de investigación, pero tiene algunos aspectos de su identidad que no puede cambiar. Por ejemplo, cuando va al Paraíso, se siente como un ser de otro planeta, lo cual implica que no puede cambiar su identidad completamente. Aunque la identidad de Carvalho cambia cuando va a Ámsterdam en Tatuaje, la ciudad todavía refleja algunos aspectos del personaje de Carvalho y nos ayuda a entender mejor a Carvalho como hombre y como detective. El narrador describe: “Las ciudades extrañas siempre mienten la promesa de placeres novedosos. Pero cuando te metes en su dura geografía descubres la impenetrabilidad de los cuerpos, la repetida vulgaridad de las situaciones y las personas” (100). Vincula la acción de Carvalho en Ámsterdam con el encanto de la ciudad. Implica que todas las ciudades extrañas mienten como Carvalho; presentan una realidad falsa y mentirosa. Cubre la realidad indeseable con un exterior falso, lo cual tiene más que ver con la superficialidad del turista que la verdad y la racionalidad del detective.

 

Los Estados Unidos: el viaje del agente de la CIA

En  La soledad del manager, la segunda novela de la serie, Carvalho investiga el asesinato de un manager Antonio Jaumá, a quien Carvalho conoció hace años en un vuelo a San Francisco. Además de las investigaciones en Barcelona y en Europa, el narrador describe el viaje de tres días de Carvalho, Jaumá, y un alemán llamadoRhomberg. Después del vuelo a San Francisco, pasan una noche en San Francisco, conducen a Los Ángeles por el pueblo Carmel y después conducen a Las Vegas por el Valle de la Muerte. La descripción de ese viaje es distinto de las descripciones de Ámsterdam en Tatuaje porque esas escenas en los Estados Unidos interrumpen la narración de las investigaciones en Barcelona. También tienen lugar antes de la muerte de Franco en los años 70 cuando Carvalho era agente de la CIA y son las únicas escenas en los cuatro libros que no tienen lugar durante la transición.

La descripción de San Francisco en la novela casi no tiene sentido para alguien que conoce bien la ciudad. Escoge los aspectos más turísticos de la ciudad. Explica Patricia Hart en su libro The Spanish Sleuth: “La soledad del manager poses [. . .] credibility problems, the largest of which is believing that Carvalho has ever actually spent time in the United States” (87). No describe mucho la ciudad de Los Ángeles porque describe más el hotel en el que los tres se alojan una noche. Pasa tiempo en la ciudad de Marlowe, descrita por Chandler. En su libro Crime Fiction, John Scaggs describe la ciudad de Chandler y Marlowe como “a city characterised, above all else, by its ‘unreality’, and Marlowe’s sustained commentary on, and analysis of, the details of architectural décor spring from his probing of the surface of this unreality” (71). La ciudad de Los Ángeles en La soledad del manager no recuerda mucho las descripciones de Marlowe. Refiere a esta tradición de Chandler de describir Los Ángeles desde la perspectiva detectivesca sin imitarla, enfatizando la falta de detalles recordables de esas ciudades americanas en el viaje de Carvalho. La descripción de Las Vegas es quizás más realista, pero el narrador todavía escoge los elementos y los lugares más conocidos de Las Vegas y no incluye algunos detalles que generalmente son importantes para el narrador de las novelas negras.

Las descripciones de San Francisco y Las Vegas parecen a las descripciones de Ámsterdam en Tatuaje. Menciona la calle Market (12), el Fisherman’s Wharf (23), el restaurante “Aliotto” (23), las tranvías de San Francisco (23), y la Golden Gate (23). En las descripciones de Las Vegas, menciona el hotel Sands (12) y todas las personas famosas asociadas con la ciudad—como Frank Sinatra (12), Ann-Margret (228), y Elvis Presley (230). Además, alude a la Las Vegas Strip cuando describe la llegada de los tres a la ciudad: “Como si entraran en un sol eléctrico y policromo dedicado exclusivamente a anunciar promesas de felicidad, Las Vegas volvió a boquiabrirles a pesar de que los tres eran visitantes habituales” (228). Escoge los elementos más famosos de esas dos ciudades para describir. De este modo, vincula esas dos ciudades con Ámsterdam porque solamente se describen los aspectos más conocidos de esas ciudades para crear una visión turística de esas ciudades no-españolas.

Después de leer las descripciones detalladas de Barcelona y las descripciones turísticas de Ámsterdam en Tatuaje, la descripción de San Francisco al principio de La soledad del manager es chocante. El narrador explica: “La cena en Aliotto tuvo un tercer personaje: Rhomberg, el inspector general de la Petnay en Estados Unidos. Carvalho llegó al Fisherman’s Wharf sobre el tranvía de juguete de Power Street” (23). El restaurante que menciona sí existe y es el restaurante más viejo en el Fisherman’s Wharf, pero se escribe “Alioto’s”. Además, como Carvalho llega al Fisherman’s Wharf en un tranvía, no tiene sentido que es un tranvía de Power Street. Solamente hay tres líneas de tranvías en San Francisco: Powell-Mason, Powell-Hyde, y California (cable car routes). Tendría más sentido si fuera “Powell Street” en vez de “Power Street”. Jaumá, en el vuelo a San Francisco, menciona “el Sand’s, el hotel de Sinatra” (12). Cuando llegan a Las Vegas, se escribe el nombre del hotel “el Sands”. Esas omisiones ortográficas indican una imprecisión que gobierna estas descripciones de esas ciudades. De las descripciones de Barcelona, el lector casi puede recorrer las rutas de Carvalho por la ciudad. Sin embargo, las descripciones de San Francisco geográficamente no tienen sentido y no se escribe bien los nombres del restaurante italiano en San Francisco y el hotel en Las Vegas. Menciona los nombres de los lugares en Ámsterdam y La Haya (el hotel Schiller, el Paraíso, el restaurante the House of Lords) que existen, pero, en las descripciones de San Francisco y Las Vegas, escoge lugares que existen pero no los describen con la misma precisión que utiliza en las descripciones de los lugares en los Países Bajos.

En Las Vegas, los tres hombres comen en un restaurante en el hotel Sands antes del show de Ann-Margret. Esta descripción es rara para la serie. Dedica un párrafo entero a ese restaurante: “Surtido de ahumados con vino del Mosela, de postre lichis frescos recién traídos de Tailandia. [. . .] Las camareras vestían el traje de Cleopatra en el momento de agonizar con la serpiente chupándole la yugular, en el supuesto caso de que Cleopatra llevara vestas tan cortas que permitieran el regalo visual de su culo a los invasores romanos” (229). Describe la ropa de las camareras, el país de origen de los lichis, y el vino que beben, pero nunca menciona el nombre del restaurante, lo cual es extraño para la serie. Con la obsesión gastronómica que tienen el narrador y Carvalho, es extraño que no describa mucho la comida ni mencione el nombre del restaurante. En las descripciones de San Francisco, no se escribe bien el nombre de un restaurante famoso de San Francisco. Esa falta de detalles gastronómicos, por lo menos, es extraña y distingue las descripciones de esas ciudades americanas de las descripciones de las ciudades de los Países Bajos.

Además de Las Vegas y San Francisco, los tres hombres pasan una noche en Los Ángeles. Cuando llegan a Los Ángeles, el narrador describe: “Dieter conducía el coche cuando entraron aquella noche en Los Ángeles en busca de un hotel de Beverly Hills. [. . .] Restaurantes, cines, tiendas, almacenes componía una ciudad ya dormida abandonada por el miedo a la noche” (171). Por fin, llegan al Golden Hotel y describe el narrador: “El recepcionista ni se inmutó. Los ayudó a cargar el equipaje en el ascensor y les abrió las puertas de las habitaciones. En cada una de ellas sólo faltaba Gloria Swanson o Mae West” (173). La descripción de la noche en Los Ángeles es la descripción menos detallada de una ciudad en las cuatro novelas. Carvalho pasa sólo un día en La Haya, pero describe mucho el restaurante y la fábrica. Aquí, solamente describe el hotel de Los Ángeles y un poquito de la ruta que siguen para llegar al hotel. Las descripciones de todas las ciudades americanas son menos detalladas que las de las ciudades de los Países Bajos. Los dos grupos de ciudades son descritos en un tono turístico, pero el narrador incluye menos descripción de las ciudades americanas, enfatizando el papel turístico de Carvalho.

Entonces, esas ciudades son descritas en un tono turístico pero con una imprecisión que puede confundir al lector. Como esas ciudades americanas son distintas de las ciudades de los Países Bajos en Tatuaje, el papel de Carvalho en esas ciudades cambia. Como en Ámsterdam, miente y le dice a Jaumá: “el mío es Pepe Carvalho y soy viajante” (10). Como en los Países Bajos, su identidad es más flexible en los Estados Unidos que en Barcelona. Aunque dice su nombre y le dice a Jaumá que Carvalho estudió filosofía en Barcelona, él no tiene que decir todo a Rhomberg y a Jaumá. Cuando los tres están en San Francisco, Jaumá dice de Carvalho: “[m]i amigo es de la CIA” y el narrador describe: “[e]l estómago de Carvalho dio un vuelco en su caverna” (24, 24). Explica: “Jaumá reía de su propio chiste” (24). En este momento, la identidad de Carvalho podría ser revelada por Carvalho, pero mantiene su disfraz y su identidad flexible del investigador.

Este concepto del disfraz es evidente en las descripciones del narrador también. Mientras el grupo de tres hombres conduce a Los Ángeles, el narrador describe la vista de la playa que Carvalho tiene desde el coche. Describe la perspectiva de Carvalho: “A Carvalho aquel paisaje descendiente hacia las largas playas de arenas blancas le parecía un ejercicio imitativo comparable al del champán o el vino norteamericano [. . .] Pulcras las arenas sin mácula de papel entregado al viento, pulcros los parterres de ducha diaria y los anglosajones blancos como la arena, siempre disfrazados de ir por la vida sin disfraz” (47). El comportamiento de Carvalho en los Estados Unidos se refleja en el paisaje. Tienen aspectos artificiales las playas de California, las identidades de los estadounidenses, y la identidad de Carvalho, mientras está en los Estados Unidos.

Las descripciones de Las Vegas son casi surrealistas. Al principio del libro, cuando se va de Las Vegas y conoce a Jaumá, el narrador describe: “Carvalho se concentró en el despegue del avión, en la visión rápidamente alejada de Las Vegas cual decorado de cartón emergente en pleno desierto” y, cuando vuelve a Las Vegas, el narrador explica: “De pronto apareció Las Vegas como un espejismo iluminado en mitad del desierto” (7, 228). La visión de Las Vegas es chocante para los tres hombres aunque son “visitantes habituales” (228). La ciudad de Las Vegas es descrita casi como un oasis, la civilización rodeada por el desierto. En Las Vegas, escuchan música brasileira (229), comen lichis de Tailandia (229), beben vino del Mosela (229), y ven a personas disfrazadas como Cleopatra (229). Ven a Ann-Margret, quien es “uno de [los] mitos eróticos” de Jaumá, en “la inacabable sala decorada según el egyptian style” (227, 230) Describe a Elvis Presley: “el mito exhibía su hierática gordura encorsetada por el disfraz adolescente” (230). Nada es real en Las Vegas. Las personas escogen cosas de casi cada cultura del mundo y todos van disfrazado de Cleopatra, de un hombre más joven, o de “un viajante”, en el caso de Carvalho. De este modo, la identidad de Carvalho cambia para reflejar su escenario. Está rodeado por artificio y se quita la identidad del detective-residente de Barcelona para disfrazarse como turista y como el artificio de la sociedad estadounidense. Su espacio decide su identidad y su identidad cambia para reflejar su escenario. Así, tenemos un protagonista con una identidad flexible. Hay algunos aspectos de su identidad que nunca cambian cuando va a otras ciudades; por ejemplo, siempre le encanta comer en restaurantes distintos y quemar libros. Siempre investiga y pasa tiempo con las clases sociales que son olvidadas por la sociedad en general. Además de esas peculiaridades  y esas consecuencias de ser detective, muchos aspectos de su identidad cambian cuando va a otra ciudad, lo cual implica que tiene un identidad menos fijada y más flexible.

 

Madrid: la vuelta a una nueva ciudad

Madrid es la ciudad más curiosa de esas cuatro novelas de la serie. Es la otra ciudad española, además de Barcelona, pero Carvalho todavía se mueve por la ciudad como un turista. Las partes de La soledad del manager en los Estados Unidos tienen lugar en el pasado de Carvalho y, en Madrid, como un ex miembro del PCE, tiene que enfrentarse con su pasado. Como Vázquez Montalbán ha hecho con Barcelona, se dedica casi una novela entera a Madrid. Se encuentran tres de los cuatro cadáveres cerca de Barcelona y se encuentra el cadáver de Garrido en la reunión del Comité Central del PCE en un hotel en Madrid. La descripción de Madrid es una mezcla de la visión turística que Vázquez Montalbán utiliza para describir Ámsterdam, Las Vegas, y San Francisco y la visión más detallada que utiliza para describir Barcelona. De esta manera, Carvalho tiene un papel entre el turista y su papel en Barcelona. Como Barcelona, implica una critica más profunda de la ciudad moderna de Madrid, pero todavía hace hincapié en la falta de familiaridad de la ciudad. Como Las Vegas, Ámsterdam, y San Francisco, enfatiza un aspecto de Madrid—lo político.

Carvalho no anda mucho en Madrid. Cuando llega a Madrid, entra en el coche de Carmela. Mucho de su movimiento por la ciudad es realizado por el coche de Carmela o un taxi. Después de dejar su maleta en el hotel Ópera, vuelve al coche de Carmela y, con Carmela, conduce por la parte central de Madrid. Cuando anda por Madrid solo, descubre que un joven le sigue y decide tomar un taxi. En vez de andar en pie, toma un taxi y el narrador describe: “Por el cristal trasero vio cómo el muchacho corría haciendo ademanes, reclamando la ayuda de su compañero al volante de un coche” (91). José María Naharro-Calderón describe en su ensayo “El misterioso caso de la topografía madrileña en la serie Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán”: “Además no anda sino que muchas veces observa la ciudad en la lejanía tras la deformación de las ventanillas automovilísticas para así resistir al insomnio y retar con ánimo de cruzado surrealista el dédalo atascado del tráfico madrileño” (551-552). Ve la ciudad por un filtro y el narrador hace hincapié en esto.

En Barcelona, tiene su propia perspectiva de la ciudad, pero no tiene la distorsión de la ventana que físicamente separa a Carvalho de la ciudad. Además, en Madrid, él nunca conduce el coche; siempre va en el coche de Carmela y en un taxi. De este modo, no tiene control sobre las partes de la ciudad que puede ver y observar. Solamente puede escoger su destinación y no tiene autonomía sobre las rutas que recorre en Madrid. Al final del libro, cuando regresa a Barcelona, el narrador describe las acciones de Carvalho mientras conduce su coche del aeropuerto a su casa: “equivocó voluntariamente la ruta de casa para buscar la de la Diagonal, la de un almuerzo sólido y verdadero con carnes asadas y vinos cabales” (289). Tiene voluntad; puede conducir su coche y escoger su ruta. Aunque Madrid es la otra ciudad española en esas cuatro novelas, la manera en que Carvalho se mueve por la ciudad es distinta. Él pierde su autonomía que tiene en Barcelona cuando llega a Madrid.

Cuando está en Madrid, Carvalho recuerda muchos aspectos de Ámsterdam, lo cual implica un papel turístico en Madrid del detective. Va a una librería en Madrid y el narrador explica que Carvalho “[n]o había entrado en una librería desde que en Amsterdam se viera obligado a hacerlo para vigilar a uno de los implicados en el caso del tatuaje” (198). Además, el hotel Ópera “tenía la pulcra y enladrillada dignidad de un hotel inglés u holandés pegado al collage historificador de la plaza” (63). En Madrid, Carvalho recuerda la arquitectura de las ciudades holandesas y recuerda el tiempo que pasó en Ámsterdam en Tatuaje. Todas esas descripciones recuerdan cómo Carvalho va de turista en Tatuaje y no critica tanto la sociedad de los Países Bajos. Además, Gladys le dice a Carvalho cuando la pareja está en la plaza mayor de Madrid: “Parecemos una pareja de turistas americanos paseando por cualquier plaza de Roma en cualquier película de los años cincuenta” (109). Con esa palabra “turistas”, el narrador implica un papel más confuso para Carvalho en el libro. Tiene un papel turístico porque, aunque Carvalho había pasado tiempo en Madrid como militante hace 25 años, no conoce bien la ciudad.

No tiene la misma familiaridad de la geografía de la ciudad que tiene cuando está en Barcelona. Cuando Carvalho es recogido por el grupo de hombres que piensa que Carvalho ha violado a una mujer, Carvalho tiene que preguntar: “¿Sabe usted cómo se llama la zona en la que me recogió?” (165). Como Ámsterdam, San Francisco, y Las Vegas, Madrid es parte de lo extranjero para Carvalho. Cuando está en el café Malasaña, Carvalho dice: “En mis tiempos esto no se llamaba Malasaña” (203). Carmela responde: “Bajo el franquismo hasta los barrios se llamaban España. Pero esto ha sido Malasaña siempre, desde mucho antes de que escribieran La verbena de la Paloma” (204). Como en las ciudades extranjeras, Carvalho no conoce bien los lugares de Madrid. Carvalho dice: “Madrid no es lo que era” y recuerda: “[d]onde antes había una tasca ahora hay una cafetería” (31, 33). Aunque pasó tiempo en la ciudad bajo el franquismo en 1959, no conoce bien la ciudad después de la muerte de Franco y mucho ha cambiado. Además de aludir a los cambios en Barcelona después de la muerte de Franco, especialmente en Los mares del Sur, implica que Madrid ha cambiado mucho. Hace 25 años que Carvalho no está en Madrid y tiene que reconocer la nueva ciudad casi como un turista. Sin embargo, no es solamente un turista en Madrid porque el narrador describe: “Hacía dos días que permanecía fuera de su ciudad y le parecía estar a medio mundo y media vida de distancia, como si Madrid le impusiera pasado y geografía. No” (139). Madrid tiene el poder de casi reemplazar Barcelona en la mente de Carvalho. Pasa dos días fuera de Barcelona y ya conoce y tiene el pasado y la geografía de Madrid. Con la palabra “No”, que puede pertenecer a esta idea y la idea que sigue (“No tenían merluza a la sidra” (139)), implica que, aunque Madrid tiene este poder de imponer pasado y geografía que las otras ciudades como Ámsterdam, San Francisco, y Las Vegas no tienen, no es la ciudad de Carvalho.

El pasado que impone Madrid es distinto del pasado que impone Barcelona. Cuando se reúne con Fonseca, el narrador describe: “Fonseca [. . .] ofreció a Carvalho asiento en unas butaquitas tapizadas de piel situadas junto a una ventana que daba a la Puerta del Sol” (72). Esta descripción recuerda la descripción de Carvalho en la ventana de su despacho observando todo por la noche en Los mares del sur. Sin embargo, cuando se sienta cerca de la ventana, solamente presta atención a todo lo que pasa en la sala en que está. En Los mares del sur, observa la sociedad y las interacciones entre las clases sociales en Barcelona. En Asesinato en el Comité Central, observa todo lo político y menos las estratificaciones sociales. Describe: “Carvalho se quedó solo en Madrid, sobre una acera ajardinada que rodeaba la manzana enteramente ocupada por el hotel Continental. Vislumbró a una relativa lejanía los bloques de nuevos ministerios y se fue en busca de la Castellana, deseando salir cuanto antes de aquel barrio igual a cualquier otro barrio de hoteles y oficinas modernas de cualquier ciudad del mundo” (91). En esta parte de la novela, observa algunos espacios distintos: los ministerios, que representan todo lo político en Madrid, los hoteles, que implican el papel con elementos turísticos de Carvalho en Madrid, y las oficinas modernas, que no son distintas de las oficinas de cualquier ciudad. Estos elementos descritos en esta parte de la novela implica que Carvalho observa los elementos políticos en Madrid y los elementos no notables de Madrid.

En Madrid, los símbolos del gobierno son lo que llama la atención del narrador y de Carvalho. Cuando Carvalho camina con Gladys, el narrador describe: “A Carvalho le parecía imposible que los gritos de «Franco, Franco, Franco» hubieran podido contaminar aquel prodigio de ensimismamiento histórico, urbano, protegido por el tabique de cartón piedra del palacio, con los campos adivinados al fondo, en su grandeza de pretextos para dar volumen a los cuerpos de Goya de Bayeu” (111). Cada lugar en Madrid recuerda la historia política y la historia del gobierno. De esta manera, la visión de Madrid en la serie es distinta de las visiones de Ámsterdam, San Francisco, y Las Vegas. Aunque se describe a Carvalho como un turista y su visita a Madrid tiene elementos turísticos, como Barcelona, Madrid tiene una importancia más profunda. No solamente es reducida a los aspectos más famosos como San Francisco, Las Vegas, y Ámsterdam, pero, como no es la ciudad de Carvalho, no tiene tanta descripción como Barcelona.

Carvalho nunca tendrá el mismo papel de crítico social que tiene en Barcelona en Madrid. En Madrid, es medio turista y medio crítico social. Critica lo político cuando está en Madrid, pero todavía se mueve por la ciudad como turista. José María Naharro-Calderón en su ensayo “El misterioso caso de la topografía madrileña en la serie Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán” describe Carvalho en Madrid como un flâneur. Sí tiene elementos de su papel de flâneur, como la observación de los elementos de la ciudad, pero la observación también tiene que ver con su necesidad de investigar el crimen. Su papel en Madrid es distinto de su papel en Barcelona y su papel en las ciudades extranjeras. No conoce bien la ciudad de Madrid, pero ha vivido en Madrid. Ya sabe de las personas que conoce en Madrid y ya ha “visto el salón del crimen por televisión” (82). Madrid ocupa un lugar entre Las Vegas, San Francisco, Los Ángeles, y Ámsterdam, las ciudades que no se describen mucho, y Barcelona, la ciudad de Carvalho. De este modo, Carvalho, en Madrid, no pertenece a la ciudad de la misma manera en que pertenece a Barcelona y no critica la ciudad de Madrid como critica la ciudad de Barcelona porque no observa todas las estratificaciones sociales. Solamente observa más las partes de la ciudad que no son distintamente madrileñas y los elementos de la ciudad que tienen que ver con el gobierno. Sin embargo, tiene más familiaridad con Madrid que con las otras ciudades y no es completamente un turista tampoco.

Conclusiones

Pepe Carvalho, en las primeros cuatro novelas de la serie escrita por Manuel Vázquez Montalbán, pasa tiempo en tres tipos de ciudades. Hay su ciudad de Barcelona, las ciudades extranjeras de Ámsterdam, La Haya, San Francisco, Los Ángeles, y Las Vegas, y la ciudad curiosa de Madrid. Según algunos críticos, incluyendo Justin Crumbaugh y Donald McNeil, Carvalho tiene un papel más como el del flâneur solamente en Barcelona, donde conoce bien la sociedad y la ciudad. José María Naharro-Calderón en su artículo afirma que Carvalho es también un flâneur en Madrid. Carvalho sí tiene aspectos del flâneur en Barcelona. Como el flâneur de Benjamin, a menudo camina por una ciudad moderna, su ciudad de Barcelona, observando a los barceloneses, y está fuera y dentro de su sociedad. Todavía es un detective, investigando los crímenes, y solamente se acerca al papel del flâneur. Todavía tiene aspectos de su identidad que no forman parte de la identidad del flâneur. Observa todas las clases sociales, no solamente la clase burguesa en los espacios comerciales de su ciudad. Se mueve por barrios que representan (casi) cada grupo social de Barcelona. Tiene cierto afecto para su propia sociedad, implicando que no tiene la perspectiva distante del flâneur. Investiga e intenta entender todo, no solamente las apariencias de las personas que nota el flâneur en las arcadas de París.

En las ciudades extranjeras, se acerca más al papel del turista y las descripciones de esas ciudades son mucho menos detalladas que las descripciones de Barcelona, reflejando este cambio en la caracterización de Carvalho. En esas ciudades, no hay muchas personas que conozcan a Carvalho como el detective privado. Así, puede inventar muchas identidades en casi cada espacio en esas ciudades, sugiriendo que tiene una identidad más flexible. Los aspectos más fijados de su identidad, como sus peculiaridades como detective, siempre forman parte de su identidad, pero los otros elementos de su identidad pueden cambiar y Carvalho puede disfrazarse más fácilmente en esas ciudades donde se acerca más al papel del turista.

En Madrid, tiene un papel entre estos dos papeles que tiene en Barcelona y en las ciudades fuera de España. Observa mucho en Madrid, como en Barcelona, y entiende bien las implicaciones de sus observaciones. Sin embargo, la descripción de Madrid, en algunos momentos del texto, parece mucho a las descripciones de las ciudades extranjeras. Aunque había vivido en Madrid muchos años atrás, no reconoce la Madrid de la época postfranquista y tiene una reacción casi turística. De este modo, la identidad de Carvalho cambia mientras se mueve por el mundo tratando de resolver los crímenes que está encargado de investigar.

-KARI BERGLUND

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