UC Berkeley Comparative Literature Undergraduate Journal

A Premier Humanities Research Journal at the University of California, Berkeley

Apropiación de la sociedad posdictatorial en obras escogidas de Ariel Dorfman y Mario Benedetti

Jenny Mira Augustin

The political period of transition, from dictatorial societies to democracy, can be a long and complicated process, as we can see while taking a closer look at the Latin American Cono Sur, which lived many years under dictatorship in the 20th century. The present article intends to compare and analyze the way in which the socio-politically changing reality is being treated and appropriated by literature. The chosen literary works are “La muerte y la doncella (1992)”, a short play written by the Chilean author Ariel Dorfman and the rather lengthy novel “Andamios (1996)” by the Uruguayan Mario Benedetti. A comparison is being made between two different countries and their distinct political history (Chile vs. Uruguay), two literary genres (Play vs. Novel) and the different players within transitional societies, represented by the characters in both literary works.

ayer pasó el pasado con su historia
y su deshilachada incertidumbre/
con su huella de espanto y de reproche
fue haciendo del dolor una costumbre
sembrando de fracasos tu memoria
y dejándote a solas con la noche.

Ayer – Mario Benedetti

Introducción

¿Cómo tratar el ayer? Esa es, quizás, la más decisiva pregunta que enfrentan sociedades posdictatoriales que se encuentran en un proceso de transición.

A finales del siglo XX, muchos países hispanoamericanos pasaron de un régimen autoritario y dictatorial a una democracia. Existe un gran número de estudios que tratan de la realidad socio política cambiante en los distintos países y hay abundantes análisis de las diferentes maneras en que fueron tratados los victimarios y las víctimas del pasado.

Además de eso, se pueden encontrar numerosos estudios acerca de la apropiación literaria y fílmica de las dictaduras militares, cosa importante para la superación de lo sucedido.

Este estudio pretende llenar un vacío, ocupándose de dos obras literarias que tratan precisamente de este período de transición y de los distintos protagonistas que existen en este proceso. El primer libro, La muerte y la doncella, es una obra de teatro muy conocida, escrita por el chileno Ariel Dorfman y publicada por primera vez en el año 1992. Trata de una mujer que cree reconocer a su antiguo torturador tras quince años y decide juzgarlo porque no ve esa posibilidad en la sociedad del momento, que probablemente es la chilena.

La segunda obra que quiero tratar se publicó en 1996 y es la novela Andamios, del famoso escritor uruguayo, Mario Benedetti. El protagonista es un hombre recién regresado a Uruguay de su exilio en España. El libro da una impresión íntima de los problemas cotidianos que enfrentan el protagonista.

El estado actual de investigación depende mucho del país que se quiera estudiar. Mientras existe una inmensa cantidad de estudios sobre Argentina o Chile, no se puede encontrar mucho acerca de la historia de Uruguay, sobre todo dentro de Alemania. Además de eso, el libro Andamios no fue traducido a otros idiomas y tampoco es la obra más conocida de Mario Benedetti. Por eso solo se pueden encontrar algunas reseñas en revistas literarias. La muerte y la doncella, en cambio, es una obra de teatro muy famosa que fue traducida a muchas lenguas y hasta hoy es representada en teatros en todo el mundo. Incluso se ha hecho una película dirigida por Roman Polanski.

Mi objetivo es comparar la manera de apropiación de la sociedad posdictatorial en estas dos obras tan diferentes. Para poder llegar a un resultado satisfactorio, voy a empezar con el análisis del contexto histórico de dictadura y posdictadura, tanto en Chile como en Uruguay. Haré un resumen de la vida y las obras de los dos autores y entraré en más detalle en cuanto a los conceptos teóricos necesarios para poder entender el valor y los temas centrales de las obras elegidas, es decir al concepto de la transición, al del desexilio y al del trauma. Antes de estudiar directamente a las obras, voy a explicar el concepto de apropiación literaria.

1. Contexto histórico: Tiempos de Dictadura y Posdictadura

Los primeros pasos de aproximación temática se harán mediante un enfoque del contexto histórico de Chile y Uruguay del siglo XX. Es imprescindible tener una idea más o menos concreta de la realidad histórica para poder entender la relación de las dos obras escogidas con el contexto y para poder destacar su posición dentro del discurso socio-político. Hasta el día de hoy, han pasado más de veinte años tras la publicación de los dos libros y han ocurrido significativos cambios políticos. Por eso es necesario dar un paso atrás para poder valorar y justificar las apropiaciones de la realidad que se han hecho.

En las siguientes páginas haré un resumen de la dictadura y del tiempo de posdictadura/transición, primero de Chile y después de Uruguay, tratando de poner de relieve los datos más importantes para mi estudio a continuación.

Espero poder dar una impresión de las sociedades chilena y uruguaya y sus dificultades en el proceso de transición que muestran una diferencia clara en comparación con Argentina donde la superación y la aclaración del pasado eran los temas más presentes en los primeros años de transición y donde incluso hubo una condena de los miembros de la junta militar, caso excepcional en Latinoamérica (Fuchs 2010: 10).

Al tener eso en cuenta, se podría hablar de transiciones fracasadas tanto en Chile como en Uruguay, que siguieron el hilo de una política del olvido. Aunque hasta hoy en día se hacen pequeños progresos en busca de la verdad, siempre queda una división entre los diferentes bandos políticos.

1.1 Chile

Los años 60 y 70 en Chile están marcados por una creciente polarización del pueblo chileno con una división insuperable entre los partidos de izquierdas y los de derechas; una situación que también se ve en otros países hispanoamericanos tras la revolución cubana en 1959, como fenómeno de la llamada Guerra Fría (Codoceo 2007: 26).

En 1970, el candidato de la Unidad Popular chilena, Salvador Allende, gana las elecciones parlamentarias con un 36 % (Tibussek 2007: 5) y empieza a poner en práctica su política socialista que culmina con la nacionalización del cobre (Codoceo 2007: 33). El clima de polarización dentro de la población chilena se agrava y varios grupos de derechas se juntan en contra de este nuevo gobierno. Cuentan con un fuerte apoyo de los Estados Unidos que impone sanciones económicas contra Chile y que gasta un total de ocho millones de dólares para fortalecer las acciones golpistas (Íbid.: 35).

El 11 de septiembre de 1973 marca una fecha decisiva e inolvidable para la historia de Chile. En este día se lleva a cabo un golpe de estado por las fuerzas armadas con el bombardeo del palacio de la Moneda y la muerte de Salvador Allende.

Tras este suceso se instala una dictadura militar bajo el mando del general Augusto Pinochet que se consolida con la sistemática violación de los derechos humanos. Basándose en el grado de estas violaciones, el historiador Jaime Couso crea tres fases de la dictadura chilena (Couso 2008: 205-209):

La primera fase se sitúa en los días y meses después del golpe de estado, cuando los militares eliminan todo tipo de oposición y llevan a cabo un masivo encarcelamiento de sus oponentes. Algunos presos, sobre todo los representantes del gobierno anterior, son llevados a lugares desconocidos donde suelen ser ejecutados. Otros son encarcelados en centros de detención, como por ejemplo en el Estadio Nacional en Santiago de Chile (Íbid.: 205s).

La segunda fase de la dictadura (1974-1977) se caracteriza por la acción sistemática de la llamada Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), órgano que se ocupa de la detención, de la tortura y del homicidio de todos los posibles enemigos del régimen. La DINA no solo actúa en Chile sino también en otros países hispanoamericanos. Durante esta fase ocurre el mayor número de desapariciones forzadas y se puede hablar de un terror arbitrario por parte del estado. A causa de una creciente presión internacional, la DINA es sustituida por el Central Nacional de Informaciones (CNI) en 1977, lo que marca el inicio de la tercera fase, según Couso. Sin embargo, se puede decir que las dos agencias no se diferencian mucho entre sí y que siguen violando los derechos humanos hasta el final de 1990. Otro punto que marca el paso de la segunda a la tercera fase es una ley de amnistía aprobada por el régimen en 1978, que abarca todos los delitos cometidos entre 1973 y 1978 y que hará casi imposible su condena posterior (Íbid.: 206-209).

Hasta los años 80, no existe una organización de oposición capaz de actuar (Codoceo 2007: 86). Eso cambia con la nueva constitución en 1980 que prevé un plebiscito para el año de 1988 en el que se debe decidir sobre la continuación del régimen militar con la opción de abrir el paso para la democracia. En este momento, la oposición se junta para empezar una campaña que anima al pueblo chileno a votar con el “No”. Los historiadores opinan que esta campaña tiene un efecto decisivo en el resultado del plebiscito: En 1988, la población rechaza la continuación de la dictadura  con casi un 55 % de los votos (Íbid.: 154) abriéndose así las puertas hacia la democracia.

Sin embargo, la transición chilena tiene muchas limitaciones que hacen difícil hablar de un verdadero cambio democrático. Para entender esta hipótesis, hay que estudiar en detalle los primeros gobiernos democráticos y sus implementaciones políticas.

En las primeras elecciones democráticas tras el golpe de estado que tienen lugar en 1999, es elegido como presidente el cristiano-demócrata Patricio Aylwin (Tibussek 2007: 10), que ha participado antes en la oposición contra la dictadura. Aunque su programa electoral ha prometido la busca de la justicia (Codoceo 2007: 257s), la realidad política tras las elecciones es totalmente distinta: No existe ninguna confrontación del gobierno nuevo con el régimen, y las palabras que se escuchan son de reconciliación y olvido. En 1990 se crea la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación que publica un informe en 1991 (Íbid.: 263),  conocido como el Informe Rettig con referencia a uno de los miembros de la comisión. Aunque este informe tiene algunos rasgos positivos, como el hacer pública la verdad sobre las violaciones de los derechos humanos y la provisión de indemnizaciones para las víctimas,  sus efectos son limitados porque solo se ocupan de casos de muerte o con presunción de muerte, dejando fuera los casos de tortura, y además no hacen públicos los nombres de los victimarios, convirtiendo así los crímenes en delitos anónimos (Íbid.: 300). Hay que tener en cuenta que la comisión tiene un trabajo arduo porque no existe ninguna colaboración por parte de las fuerzas armadas. Sin embargo, Fernando Codoceo opina que no es posible la reconstrucción de la verdad sin el nombramiento de los responsables del pasado. “Letztendlich handelt es sich um die Verleugnung eines Verbrechens und um eine Schutzmassnahme (sic!), die die Straffreiheit der Täter, die diese aufgrund des Amnestiegesetzes bereits genossen, perfekt ergänzte.“ (Íbid.: 271)

Además de tratar a los responsables del antiguo régimen con demasiado respeto, el gobierno de Aylwin no logra cambiar la constitución excepto unas pequeñas modificaciones. Pinochet mismo toma el papel de comandante en jefe de las fuerzas armadas y nombra a senadores y miembros de la corte suprema con las llamadas leyes de amarre (Couso 2008: 211s). Es decir que no se produce una ruptura con el pasado sino que la democracia misma es construida con la base y los actores de la dictadura, teniendo así muy poca credibilidad.

El siguiente gobierno a partir de 1994, bajo Eduardo Frei Ruiz-Tagle, también cristiano-demócrata, es aún más indiferente con respecto a las violaciones de los derechos humanos cometidas durante la dictadura (Codoceo 2007: 306). Sin embargo, se crea una llamada Mesa de Diálogo en 1999, donde representantes de diferentes sectores y distintas opiniones políticas se juntan para debatir y luego asignar a las fuerzas armadas el escribir un informe con las informaciones acerca de la localización de los desaparecidos. Incluso en un momento tan decisivo, en el que se cree en la oportunidad de encontrar la verdad, llega a conocerse que algunos militares han retenido informaciones (Íbid.: 323). No existe una democracia estable.

Además de eso, el gobierno chileno se involucra en una lucha jurídica para apoyar al ex-dictador  que es detenido en Londres en 1998 como resultado del esfuerzo del abogado español Baltasar Garzón (Íbid.: 334). La comunidad internacional quiere juzgar a Pinochet mientras que el gobierno chileno hace todo lo posible para evitarlo. Al final, Pinochet regresa a Chile en el año 2000 por razones humanitarias. Por lo menos se puede decir que algunos chilenos han sido animados por los acontecimientos sucedidos en Europa, así que empieza una nueva lucha jurídica dentro de Chile (Couso 2008: 224).

Asimismo, se publica el Informe sobre Prisión Política y Tortura, también llamado el Informe Valech en noviembre de 2004. Este informe reconoce oficialmente que hubo casos de tortura durante la dictadura, catorce años tras el final de ésa. Al publicar el informe, el presidente socialista Ricardo Lagos, elegido en 2000, pronuncia un discurso en el que proclama “Para nunca más vivirlo, nunca más negarlo” (Lagos 2004).

Pinochet muere en diciembre de 2006 (Couso 2008: 224). Aunque ha perdido sus privilegios como senador vitalicio, nunca es condenado por sus acciones durante la dictadura. Las reacciones del pueblo chileno a su muerte muestran la todavía existente división de la opinión pública (Rinke 2007: 195): Mientras miles de seguidores de Pinochet visitan la capilla ardiente en la Escuela Militar de Santiago de Chile para despedirse del ex-dictador, el gobierno bajo Michelle Bachelet se niega darle los honores de estado (Anónimo en ElPais.com 2006).

Aunque en el año 2008 se llega a condenar a Manuel Contreras, jefe de la DINA (Fuchs 2010: 1), prevalecen las opiniones derechas en la sociedad chilena. Eso se ve con claridad en el resultado de las elecciones de 2010, cuando es elegido como presidente Sebastián Piñera, que ocupó un cargo político bajo la dictadura de Pinochet. Es decir que el actual representante del pueblo chileno es de derechas (Oehrlein en Faz.net 2010).

Hasta hoy en día existen diferentes interpretaciones del pasado a partir del gobierno de Salvador Allende y no existe una significativa participación política de la población porque la sociedad tiene poca confianza en la política. Aunque Stefan Rinke opina que la transición chilena ha tenido éxito (Rinke 2007: 195), comparto la opinión de Codoceo que califica a la transición como fracasada (2007: 392).

1.2 Uruguay

En la mitad del siglo XX, Uruguay es el país latinoamericano mejor desarrollado en cuanto al estándar de vida con un buen sistema de educación y una economía con alta cuota de exportación. Sin embargo, eso cambia tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y el crecimiento económico de Europa y los Estados Unidos que así dejan de ser dependientes de los productos extranjeros (Wilson 1974: 35). La situación económica uruguaya empeora y culmina en la inflación (Wenk 2006: 14s). Con la influencia de la revolución cubana, crece el movimiento social en Uruguay con el sindicalismo, los partidos de izquierdas y la guerrilla urbana del Movimiento de Liberación Nacional, MLN-Tupamaros (Íbid.: 15).

La presidencia de Jorge Pacheco Areco a finales de los años sesenta lleva a “[…] una marcada aceleración de la escalada autoritaria” (Caetano/Rilla 2004: 292), lo que en concreto significa la fortificación de la posición del presidente frente a los partidos políticos y el comienzo de una lucha en contra de los movimientos libertarios de izquierdas, denominada como anti-subversiva (Íbid.: 293).

En las elecciones de 1971 es elegido como presidente Juan María Bordaberry aunque no cuenta con mucho apoyo, lo que provoca una inestabilidad política dentro del Parlamento (Íbid.: 302). Es decir que a la difícil situación económica se le agrega una crisis política dominada por el protagonismo de las fuerzas armadas que se aprovechan del desequilibrio parlamentario. En febrero de 1973, Bordaberry firma un acuerdo aprobando la creación del Consejo de Seguridad Nacional y a partir de allí falta poco hasta el verdadero golpe de estado el 27 de junio de 1973, cuando Bordaberry proclama la disolución del parlamento y las fuerzas armadas toman el poder (Íbid.: 308s).

Luis E. González distingue entre tres fases de la dictadura uruguaya (Íbid.: 339) de las cuales haré un breve resumen.

La primera fase se sitúa entre 1973 y 1976 y consiste en la consolidación del sistema autoritario con la eliminación de los órganos de prensa, los partidos políticos y los sindicatos (Íbid: 340). En esta fase hay una ola masiva de emigrantes uruguayos que buscan el exilio en otros países latinoamericanos e incluso europeos (Viñar en Caetano/Rilla 2004: 346).

En 1976, Bordaberry es desplazado por Alberto Demicheli quien a la vez poco tiempo después es sustituido por Aparicio Méndez. Opino que estos cambios muestran claramente que el poder político está en manos de las fuerzas armadas que no permiten divergencias.

González sitúa aquí el principio de la segunda fase de la dictadura, entre los años 1976 y 1980 (Caetano/Rilla 2004: 339). A finales de los años 70, Uruguay pierde su reputación internacional porque se hacen públicas las violaciones de los derechos humanos [1] y existe una fuerte oposición por parte de los uruguayos exiliados. Al final, los Estados Unidos bajo el presidente Carter deciden la anulación de su ayuda militar para Uruguay (Íbid.: 350). Entonces, el gobierno decide llegar a una legitimación mediante un plebiscito constitucional convocado para el año de 1980.

Las Fuerzas Armadas confiaban en que si sorteaban la presión internacional y controlaban la influencia de los partidos políticos, su proyecto lograría cobrar una legitimidad explícita ante la población mediante el voto popular. (Íbid.: 351)

Sin embargo, el resultado del referéndum en 1980 es totalmente diferente: Casi un 58% de los electores vota en contra de los planes del gobierno (Íbid.: 352). Este evento marca el principio de la vuelta a la democracia (Íbid.: 353).

Esta tendencia democrática se mantiene en el año 1982 cuando se convocan elecciones internas de los antes legalizados partidos y en cada partido ganan las filas más opuestas a la dictadura (Íbid.: 356s). Los siguientes años están marcados por una creciente movilización social y la inauguración de negociaciones entre los antiguos líderes del sistema y la oposición. En 1984 se celebran las primeras elecciones democráticas  que son ganadas por el Partido Colorado con el candidato presidencial Julio María Sanguinetti (Íbid.: 366s) y empieza el periodo de la transición.

La primera tarea del nuevo gobierno es la de liberar a los presos políticos. Pero ya en esta cuestión hay una división entre los distintos partidos políticos causada por las opiniones opuestas en cuanto al trato de los presos procedentes del MLN (Fuchs 2010: 135s). Mientras la izquierda está a favor de una amnistía total, el gobierno se niega a un trato igual de los presos tupamaros porque los considera criminales. Al final, los partidos llegan al compromiso de no otorgar una amnistía total sino de contar cada día de encarcelamiento de los tupamaros tres veces, así que en fin todos cumplen su período de arresto y son dejados en libertad (Wenk 2006: 20). Una vez resuelto este problema aparece otro, sujeto de un debate aún más fuerte: ¿Cómo tratar a los militares? y ¿cómo comportarse ante las violaciones de los derechos humanos que han cometido?

El gobierno de Sanguinetti tiene una agenda política que mira hacia el futuro y quiere hacer todo lo posible para no tener que enfrentarse al pasado. Quizás eso se explica por su relación más bien favorable con los militares (Fuchs 2010: 132).

Las iniciativas para la defensa de los derechos humanos no cuentan con mucho apoyo político en el Uruguay de los años ochenta y por eso tienen poca influencia en el trato del pasado. Los intentos de las pocas comisiones en busca de la verdad fracasan por la falta de cooperación por parte de las fuerzas armadas y del gobierno (Íbid.: 144).

Al final, el gobierno logra implementar una ley de amnistía que es aprobada por referéndum en 1989 (Íbid.: 175). Tras hacerse conocer el resultado del plebiscito, políticos de todos los bandos creen haber llegado al final de la transición uruguaya porque con esta ley se cerraría el capítulo de la dictadura (Íbid.: 177).

El trato del pasado tampoco cambia durante la presidencia de Luis Alberto Lacalle entre 1989 y 1995 (Íbid.: 194). No obstante, cuando Sanguinetti asume el poder por segunda vez en 1995, el clima político en Uruguay es agitado por las declaraciones hechas por el general argentino retirado, Scilingo. Éste admite públicamente que la dictadura militar solía tirar a un gran número de presos al mar desde aviones (Íbid.: 200s). Muchos generales argentinos siguen el ejemplo de Scilingo y así el debate sobre el pasado dictatorial es reanudado. Cuando también aparecen las primeras confesiones en Uruguay, el ejército denuncia a Scilingo y a todos sus seguidores, llamándolos denunciantes. Tampoco se presenta un cambio en la política de Sanguinetti aunque los defensores de los derechos humanos inician una nueva lucha para una revisión del pasado (Íbid.: 232).

Las elecciones del año 2004 marcan un cambio decisivo en la política uruguaya. Gana la unión electoral de izquierdas Encuentro Progresista – Frente Amplio – Nueva Mayoría. Este resultado se puede considerar como un rechazo de los electores hacia los partidos tradicionales y su política de no-enfrentamiento con el pasado (Íbid.: 282). El nuevo presidente, Tabaré Vázquez, inicia un cambio en el trato del pasado y tras veinte años de democracia, la tortura y la práctica de desapariciones son oficialmente declaradas crímenes contra la humanidad (Íbid.: 297).

Todavía hoy en día, el gobierno actual con el presidente José Mujica Cordano es de izquierdas.

Resumiendo todo, se puede decir que Uruguay necesitó mucho tiempo para finalmente poder desenredar el pasado dictatorial y las violaciones de los derechos humanos. Hay que valorar el rol de los partidos de izquierdas, pero es lamentable que tuvo que pasar tanto tiempo hasta que se llegó a un reconocimiento oficial del duro pasado.

2. Los autores

En este apartado de mi trabajo daré un breve resumen de las vidas de Ariel Dorfman y Mario Benedetti. Los dos autores latinoamericanos llegaron a tener fama internacional y se movían por otros países y continentes.

Las obras de Dorfman y Benedetti abrieron los ojos de mucha gente con sus mensajes francos y, como consecuencia, no siempre fueron acogidas bien por la crítica o el público.

Por eso, entraré en el contexto de sus publicaciones para poder dar una idea acerca del carácter de sus obras literarias y el significado de ellas en el discurso socio-político y literario.

2.1 Ariel Dorfman

Vladimiro Ariel Dorfman, hijo de inmigrantes europeos, nace en Buenos Aires en 1942. Su biografía será influida por la vida entre distintas lenguas y naciones. Con solo tres años de edad, se va a vivir con sus padres en los Estados Unidos, porque razones políticas impiden a su padre trabajar en Argentina tras el golpe de estado de 1943. Dorfman aprende inglés con pasión y se niega a hablar español hasta que la situación política estadounidense de los años cincuenta obliga a su padre a buscar otro país por segunda vez. Elige Chile, donde su hijo reinicia su contacto con el idioma español. Durante sus estudios en la Universidad de Chile, cambia su nombre a Ariel y empieza a escribir. Se casa con una chilena, nace un hijo suyo y obtiene la nacionalidad chilena. Incluso apoya activamente a Salvador Allende y al Frente Popular. Con solamente 27 años empieza a enseñar en la Universidad de Chile. Sin embargo, Ariel Dorfman nunca pierde el contacto con los Estados Unidos. (Véase: Schwermann 2005)

El éxito de Dorfman como escritor empieza en el año 1971 con el estudio Para leer al Pato Donald que se puede definir como un análisis crítico de la tira cómica producida por Disney y que revela el carácter imperialista de ésta, representando a los Estados Unidos (Íbid.: 106). En tiempos de polarización política, donde la población chilena se divide en la izquierda anti-imperialista y la derecha con apoyo estadounidense, un estudio así tiene un valor explosivo. El concerniente estudio es ejemplar para la obra de Ariel Dorfman. Como hombre político no se arredra ante los peligros que puede causar el decir la opinión.

Para leer al Pato Donald es prohibido bajo Pinochet y Ariel Dorfman tiene que salir del país. Como en Argentina empieza la represión peronista, se va a Europa, donde se queda hasta mudarse a los Estados Unidos en 1980 (Íbid.: 107). Trabaja como profesor en varias universidades y escribe para periódicos como El País y The New York Times. También escribe obras de teatro, novelas y poemas.

Ariel Dorfman nunca ha regresado a Chile definitivamente y hoy en día se define a sí mismo como “expatriado” (Íbid.: 108).

Aparte de La muerte y la doncella, Dorfman ha escrito otras obras que tratan del pinochetismo y de las violaciones de los derechos humanos durante la dictadura chilena. El carácter de su obra es resumido apropiadamente en su página web con las siguientes palabras:

Most of Ariel Dorfman´s work can be understood as an ongoing exploration of the many ways in which art intersects with human rights […]. Themes that keep appearing in Dorfman´s literary quest are Disappearances […], Censorship […], Torture […], Dictatorship […], Exile […] and Globalization […].

En un estudio sobre el autor, Heidrun Adler define a Ariel Dorfman como un escritor moralista, término concretado por ella como “Beobachter der menschlichen Lebensweisen […], der keine Grundsätze des sittlichen Handelns aufstellt, sondern die verschiedenen Tatsachen des seelischen und sozialen Verhaltens beschreibt.” (Adler 2000: 131)

Analiza una obra de teatro que se llama Lector y que fue estrenada en 1995 (Íbid.:135s). El protagonista de esa obra es un censor que lee un libro y se da cuenta de que ése trata de las acciones inhumanas que él mismo ha cometido como cómplice de un régimen autoritario.

In Der Leser wird eine vertraute Situation – um die eigene Haut zu retten, paktiert ein Mann mit dem System – so oft wiederholt, bis deutlich wird, dass dies kein ‘privater Akt’ ist; daß Schuld, und sei sie nur […] durch Mitläufertum entstanden, niemanden aus der Verantwortung entläßt. Dorfman zeigt darüber hinaus, daß der Blick auf die Fratze der eigenen Brutalität, Feigheit und Unmenschlichkeit nicht zu ertragen ist. Es bedarf der Distanz durch die reflektierende Fiktion. (Íbid.: 137)

Es indudable que Ariel Dorfman tiene un valor reconocible como estimulante de los discursos socio-políticos con sus obras que no pierden el impacto aunque sigan pasando los años.

2.2 Mario Benedetti

Mario Benedetti puede ser considerado internacionalmente el más conocido escritor uruguayo. Recibió numerosos premios, títulos de Doctor honoris causa y escribió artículos para periódicos importantes como El País de España y La Marcha de Uruguay. Es difícil resumir una vida tan polifacética usando pocas palabras, por eso elegí los puntos que me parecieron ser los más decisivos en el contexto de mi estudio.

Mario Benedetti[2] nace en 1920 en Paso de los Toros, Uruguay. Sus padres son hijos de inmigrantes europeos y tienen poco dinero.  Mario y su familia se mudan repetidamente por razones financieras. La familia se traslada a Montevideo y con solo 17 años Benedetti recibe un puesto como secretario en Buenos Aires (Paoletti 1995: 41s). Benedetti aprende lo que significa trabajar y aún más tarde, en los años cuando trabaja como oficinista, conoce la sociedad uruguaya lejos de la intelectualidad. Hacerse conocer como escritor es difícil para Benedetti al principio: De su primer libro publicado no se vende ni un ejemplar (Íbid.: 75). Pero mediante el contacto con el periódico La Marcha, empieza a publicar poemas y artículos breves que redacta durante sus viajes a Europa en los años 50 (Íbid.: 73) y que tienen mejor resonancia que su primer libro. El éxito llega tras la publicación de su libro Poemas de la Oficina en 1956 (Íbid.: 87) y la verdadera fama con la novela La Tregua.

Pero Benedetti también es un hombre político. Pasa muchos años de su vida viviendo en Cuba trabajando en la llamada Casa de las Américas, un ministerio de cultura instalado por el gobierno revolucionario de Fidel Castro (Íbid.: 127). Cuando Benedetti regresa a Uruguay, decide colaborar activamente en la política del Movimiento 26 de Marzo, el brazo político-parlamentario de los tupamaros (Mogendorff 2009: 31). A pesar de un clima optimista dentro de la izquierda, el Frente Amplio obtiene menos de un veinte por ciento en las elecciones de 1971 (Paoletti 1995: 160). Siguen años de dura lucha entre los Tupamaros y las fuerzas armadas.

En 1973, Benedetti deja Uruguay por la difícil situación política. Siguen doce años de exilio en los cuales pasará por Argentina, Cuba, Perú y finalmente España. Vuelve a Uruguay en 1985 (Íbid.: 235). Pocos días tras su regreso acontece algo que muestra bien lo que significa Mario Benedetti para el pueblo uruguayo:

El reencuentro masivo con la gente se producirá […] en su recital a dos voces junto a Daniel Viglietti, en plena avenida 18 de Julio […] El recital es un exitazo. Hubo que cortar el tráfico. (Íbid.: 235)

Sin embargo, los años tras su regreso del exilio están marcados por un espanto ante la inmovilidad de la sociedad uruguaya que no logra superar el pasado. Además de eso, Benedetti se ve enfrentado con una creciente crítica por parte de la nueva generación uruguaya de escritores (Campanella 2008: 281s). Es así que la familia, Benedetti decide pasar algunos meses de cada año en España (Íbid.: 172s).

La obra de Mario Benedetti es variada y larga. Existen poemas, novelas, obras de teatro, El País ha publicado un libro con sus artículos escritos durante su estancia en el exilio español (Benedetti 1984), se han hecho películas y canciones de su obra.

Benedetti también escribe una serie de libros que tratan de la dictadura uruguaya, el más famoso de ellos Primavera con una esquina rota, que recoge los testimonios ficticios de cinco personajes diferentes pero relacionados entre sí, como por ejemplo un encarcelado o una exiliada con su hija. Es un libro honesto que muestra íntimamente a “[…] unos hombres y mujeres muy poco heroicos, débiles y contradictorios […]” (Paoletti 1995: 232).

Otra obra suya que se ocupa del tema de la tortura lleva por título Pedro y el Capitán, y que trata de la relación entre un torturador y su víctima (Íbid.: 214s). Benedetti recibe el premio de Amnistía Internacional por esta obra aunque en Uruguay la obra no llega a tener éxito.

Mario Benedetti muere en el año 2009 en Montevideo (Cruz 2009). Hasta hoy es recordado por la gente en todo el mundo como “[…] un padre, o un hermano, [como] el hombre que había iluminado con sus versos (de amor, de política, de tierra, de aire) la vida de cualquiera.” (Íbid.)

3. La transición, el trauma y la literatura: Los fundamentos teóricos de este estudio

Antes de entrar en un análisis de las obras elegidas, creo conveniente dar una idea de los fundamentos teóricos que considero imprescindibles para este estudio.

Después de haber estudiado brevemente la historia de la dictadura y posdictadura en Chile y Uruguay, conviene entender lo que puede ser una transición como concepto político y qué posibilidades judiciales puede haber en ella, porque los protagonistas se encuentran en sociedades pos-dictatoriales que están en un proceso de transición.

Además de eso, se dará un resumen de lo que es un trauma, cómo se produce y qué efectos puede tener sobre un individuo y la sociedad. Opino que los protagonistas de las obras elegidas son seres traumatizados que quieren superar su pasado y empezar a vivir. Para entenderlos, se tiene que entender lo que es un trauma.

Y ¿cómo después llegar a la literatura? La literatura es un instrumento importante para la superación del pasado mediante la apropiación de la realidad socio-política. El considerar y comprender este concepto ayudará en el análisis de las obras aquí escogidas.

3.1 Diferentes aspectos de la transición política

Bajo el concepto de transición se entiende el cambio de un sistema autoritario hacia un sistema democrático (Buckley-Zistel 2008: 6). Se pueden distinguir tres fases de transición (Codoceo 2007: 83s). La fase inicial se define como liberalización, es decir la apertura del sistema dictatorial para posibilitar primeras acciones de la oposición. La siguiente fase, la de democratización, empieza con la inauguración de las instituciones democráticas. Al final, la llamada consolidación del nuevo gobierno democrático dura hasta que ésta haya adquirido cierta estabilidad.

No obstante, la pregunta de la superación del pasado, de la “reconciliación con el pasado” (Íbid.: 253) resulta ser más importante para este estudio. El comportamiento del nuevo gobierno hacia el anterior, su posicionamiento frente al pasado y la manera de tratar el legado de la dictadura, constituyen aspectos fundamentales en el proceso de la consolidación democrática (Íbid.: 254). Helmut König opina que lo más importante en la fase de transición es que se marque el comienzo de una nueva época y que quede aclarada la imposibilidad de repetir lo que ha pasado (Íbid.: 254).

Existen tres niveles en los cuales sucede la superación del pasado: El nivel político, el jurídico y el moral. El nivel político corresponde al nuevo gobierno y su posición frente al régimen anterior. El nivel jurídico abarca el manejo judicial de los crímenes cometidos durante la dictadura. Por último, el nivel moral describe la memoria colectiva de la nueva sociedad (Íbid.: 255).

Desde los años 90 se ha desarrollado el concepto de Justicia transitoria, formulado por Neil J. Kritz, que examina las posibles maneras de considerar el régimen anterior tras la instalación de un gobierno democrático y se pregunta cuál de estas posibilidades sería la más razonable (Werle 2010: 15). Según este concepto, hay cinco posibilidades para tratar a los victimarios del gobierno anterior:

  1. Persecución judicial por tribunales nacionales o internacionales (Íbid.: 16s).
  2. No-persecución y amnistía, como ocurrió en Chile y Uruguay tras la dictadura. La razón por la frecuencia de este medio es que muchos regímenes solo permiten un cambio del sistema bajo la condición de impunidad (Íbid.: 17s).
  3. Búsqueda de la verdad mediante comisiones que documentan lo ocurrido en un informe escrito con la ayuda de declaraciones testimoniales y documentos oficiales. En el informe pueden aparecer los nombres de las víctimas y de los victimarios. El resultado de estas comisiones es el reconocimiento oficial de los crímenes y también se pueden hacer sugerencias para el gobierno y las cortes. Sin embargo, el efecto de las comisiones depende mucho de la colaboración de las antiguas élites y del nuevo gobierno.  Hemos visto las limitaciones que puede haber en el caso de la Comisión Rettig o las comisiones de verdad en Uruguay (Íbid.: 18s).
  4. Reparaciones en forma de pensiones o becas educativas. También existe la reparación moral en forma de monumentos (Íbid.: 19s).
  5. Sanciones extrajudiciales en forma de descalificaciones del viejo orden y su administración, su policía, sus jueces y sus fuerzas armadas. Es obvio que tanto Chile como Uruguay no fueron capaces de dar este paso.

Vemos que hay muchas maneras de tratar a los gobernantes antiguos y que cada país elige distintos medios según las posibilidades que permite la situación política individual. El rol más importante en este proceso de decisión es jugado por los distintos actores que existen y que tienen diferentes intereses que se manifiestan en sus acciones y su participación en el discurso (Codoceo 2007: 255s). A primera vista, se puede distinguir entre los tres grupos de victimarios, víctimas y el nuevo gobierno.

Al analizar las obras elegidas para este estudio, será interesante destacar a los actores mencionados y la manera en que éstos son representados, para poder así estimar la posición del autor implícito dentro del discurso y para poder relacionar su intención de sentido con la realidad socio-política.

3.2 La sociedad traumatizada

La sociedad transicional también puede ser definida como una sociedad traumatizada. Para poder comprender eso, es necesario entender lo que significa esa palabra que se ha transformado de un término explícitamente médico a un fenómeno cultural en el siglo pasado (Weigel 1999: 51).

El Diccionario de la Real Academia Española define el trauma como un “choque emocional que produce un daño duradero en el inconsciente”. Tibussek entra en más detalle a las situaciones que pueden causar un trauma:

Ein Trauma beruht […] auf […] der vital wahrgenommenen Diskrepanz zwischen bedrohlichen Situationseinflüssen und den eigenen Bewältigungsmöglichkeiten. Der Betroffene erliegt einer Flut von negativen Einflüssen, die zu heftig und zu unvorstellbar wären, als dass sie psychisch hätten eingeordnet und verarbeitet werden können. Er kann sich der Situation nicht entziehen und erlebt sich als hilf- und schutzlos bis hin zu einer dauerhaften Erschütterung des Selbst- und Weltverständnisses (Tibussek 2007: 18).

Para este trabajo, conviene considerar el trauma causado por los hechos de otros individuos, es decir los desastres causados por el ser humano (Wenk 2006: 27), en vez de un trauma ocasionado por un accidente o una tormenta. Este concepto incluye los traumas causados por la tortura, el abuso sexual y el exilio forzado, y que se analizarán en los siguientes subcapítulos.

3.2.1 Tortura y Abuso Sexual

Las dictaduras latinoamericanas del siglo XX adquirieron mala fama por la aplicación sistemática de tortura en sus prisiones políticas. Según Las Naciones Unidas, se entiende

[…] por el término “tortura” todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia.

Es decir que la tortura es un medio con el que el estado cuenta para implementar su pretensión de totalidad, para sacar información de los presos, pero también para simplemente destruir la personalidad y la vida de sus opositores. Además, la tortura no solo afecta a los torturados, sino también a su entorno familiar, social y político (Wenk 2006: 32s). Al fin y al cabo, la sociedad entera cambia como consecuencia del uso de tortura por parte del estado porque produce cierta desconfianza dentro de la población; cada vecino podría ser un posible torturador (Adam 1993: 31).

El maltrato físico en forma de violaciones es un modo de tortura mayormente aplicado a mujeres, y esto se ve con mucha frecuencia en momentos de guerra (Amnesty International 2004: 161). Amnistía Internacional ha publicado un estudio que intenta analizar las razones del gran número de violaciones durante conflictos militares. Dicho estudio señala que el estado excepcional de guerra refuerza e intensifica los ya existentes rasgos de discriminación y violencia (Íbid.: 163), es decir que el acto de violación tiene la intención de perpetuar la posición de superioridad del hombre dentro de la sociedad patriarcal porque la mujer no puede rehuir de la apropiación de su cuerpo mediante el violador (Wenk 2006: 34).

La violencia sexual es un arma de guerra que destruye la integridad sexual, mental y moral, y muchas veces incluso la capacidad reproductiva de las mujeres afectadas (Amnesty International: 167). Por eso corresponde a un método eficaz de tortura que deja a las víctimas traumatizadas para el resto de sus vidas.

Sin embargo, incluso la gente que logra escapar de la tortura mediante el exilio suele caer víctima de un trauma (Wenk 2006: 35).

3.2.2 Exilio y “Desexilio”

Durante las dictaduras militares en el Cono Sur hubo muchos exiliados por motivaciones políticas. Después de haber sido encarcelados justo después del golpe de estado, muchos de los políticos de izquierdas decidieron embarcarse en la emigración forzada para no caer víctimas de la dictadura otra vez (Coraza de los Santos 2004: 9). Primero, hubo mucha migración dentro del continente americano, pero como los regimenes autoritarios se difundieron en Suramérica, los exiliados dirigieron la vista a Europa. Muchos hispanoamericanos se fueron a vivir a España para no tener problemas lingüísticos (Íbid.: 10).

Sin embargo, el exilio no es un viaje fácil como puede aparecer para gente desconocedora, sino que incluye experiencias difíciles que pueden tener efectos traumáticos (Wenk 2006: 35): Por un lado, muchos exiliados se encuentran en una situación económica muy difícil, al no encontrar un trabajo en el nuevo y desconocido país. Pero eso no es nada en comparación con el impacto de los efectos sicológicos: en la mayoría de los casos, los exiliados tienen que dejar parte de su familia atrás sin saber cuándo podrán juntarse la próxima vez y con circunstancias muy difíciles para mantener el contacto (Íbid.: 35).

Además de eso, los exiliados se tienen que enfrentar incluso a otros problemas al regresar a su país de origen. El posible regreso a una sociedad libertada de la dictadura es cierta utopía imaginada durante el exilio entero (Thiem 2005: 197). No obstante, después de una ausencia tan larga, el exiliado puede sentirse como un extranjero en su propio país (Wenk 2006: 35). Annegret Thiem arguye que el regreso del exilio significa un “ […] enfrentamiento con el propio yo” y con la realidad histórica en el país de origen (2005: 197). Opina que el que regresa ve a toda la sociedad de nuevo y que se da cuenta de las huellas que ha dejado el exilio (Íbid.: 198). Asimismo, muchos de los que regresan tienen sentimientos de culpa ante sus antiguos compañeros que se habían quedado en el país y que cayeron víctimas de la prisión política. Puede resultar difícil compartir los recuerdos dolorosos que existen en ambos lados.

Mario Benedetti ha creado un neologismo para definir el regreso del exilio y lo denomina como desexilio.

Al parecer, la palabra respondía a una necesidad: de alguna manera había que designar el posible y arduo regreso de los exiliados que ya comenzaba a vislumbrarse en los países del Cono Sur […] Es obvio que, en ciertas ocasiones, el desexilio puede ser tan duro como el exilio y hasta aparecer como una nueva ruptura, pero la gran diferencia consiste en que mientras la decisión del exilio nos fue impuesta, la del desexilio en cambio es de nuestra exclusiva responsabilidad. (Benedetti 1984: 9)

Opino que desexilio es una denominación apropiada para un fenómeno interesante que es uno de los temas principales de la novela de Benedetti elegida para este estudio.

3.2.3 Posibles tratamientos del trauma

El trauma puede afectar a la vida entera de los traumatizados porque los síntomas pos-traumáticos imposibilitan un futuro más allá de la experiencia traumática. Las víctimas no dejan de sentirse amenazadas y están en un estado permanente de intranquilidad aunque ya haya pasado mucho tiempo. Especialmente para las mujeres, el hablar sobre las violaciones sufridas puede ser muy difícil en una sociedad donde la sexualidad representa un tabú y donde las mujeres temen la pérdida de su honra (Wenk 2006: 34).

Entonces, ¿cómo puede una sociedad llena de gente traumatizada superar lo sucedido? “Las víctimas solo pueden conciliarse con lo pasado si los victimarios son juzgados –la amnistía y el indulto son factores patogénicos, retraumatizadores para las víctimas.” (Schlickers 2004: 56) Sin embargo, Hubertus Adam advierte contra el problema de interpretar la tortura como un fenómeno aislado llevado a cabo por unos pocos individuos sádicos y bestiales (Adam 1993). Esta explicación que también se usa frecuentemente para justificar los horrores del holocausto, tiene la tendencia de minimizar la capacidad humana de hacer uso de la violencia contra otros individuos sin escrúpulos. Es una pregunta filosóficamente compleja y se ha escrito mucho acerca de este tema. Si se estudian los diferentes países que han pasado y hasta hoy en día pasan por procesos transicionales, es obvio que no es una pregunta tan fácil de responder y que pueden ocurrir muchas dificultades en el proceso de transición.

Después de haber estudiado la historia de Chile y Uruguay, lo que significa la transición y los afectos sicológicos del trauma, opino que es la responsabilidad de la sociedad transicional y del nuevo gobierno reconocer oficialmente los horrores causados a las víctimas por el régimen autoritario. Tiene que haber una ruptura marcada con el pasado y con la política de la dictadura. Pienso que las reparaciones y declaraciones oficiales pueden hacer que la población confíe más  fácilmente en el nuevo gobierno y a la vez motivarlos a participar activamente en la creación de una nueva sociedad. Puede ayudar a las víctimas ver que los responsables del régimen anterior son juzgados. Sin embargo, pienso que siempre es necesario dar un paso más y explicar el contexto socio-político a las siguientes generaciones para poder entender que las sociedades autoritarias no son meros fenómenos del pasado y que nunca deben cerrar los ojos ante la injusticia. No obstante, las sociedades transicionales muchas veces eran muy débiles y no llegaron a implementar una política de superación, sino que se encontraron ante una difícil inmovilidad.

En momentos políticos así de estancamiento, el mero hablar puede ayudar a los traumatizados a superar lo sucedido. La literatura tiene un rol importante dentro de este proceso.

3.3 La apropiación literaria de la realidad socio-política

En este punto, llegamos a la pregunta de qué relación puede haber entre el mundo real y el mundo ficticio narrado por una obra literaria.

Hans-Otto Dill et al. publicaron un estudio sobre las “Apropiaciones de realidad en la novela hispanoamericana de los siglos XIX y XX” (Véase Dill et al. 1994). En la introducción a este estudio se concentran las preguntas fundamentales que se deben tener en cuenta al analizar la relación entre el mundo extraliterario y su apropiación en la novela.

Vale la pena explicar el término de apropiación con más detalle. Esta palabra fue concebida por Locke en el siglo XVII “[…]para designar jurídicamente el apoderarse de una cosa[…]” (Íbid.: 14). El concepto también fue usado por distintos filósofos, entre ellos Karl Marx, quien entendió al rol de los escritores de transformar a la realidad en forma de “visiones” e “imaginaciones” para hacerla accesible para ellos que no tengan la misma capacidad intelectual (Íbid.: 15).

Para analizar los procesos de la apropiación de la realidad socio-política se tienen que examinar “[…] tanto los modelos de mundo subyacentes a las novelas, entendidos como planos paradigmáticos de contenido, como los mundos novelescos propiamente dichos […]” (Íbid.: 17) que se pueden considerar como “[…] la actualización sintagmática del modelo de mundo en su función de paradigma” (Íbid.: 17).

Entiendo eso como el tener dos niveles de análisis, es decir primero al contexto histórico, político y literario de la época en que está escrita una obra y segundo, la posición y actitud del autor implícito frente a/y dentro de este mundo. Dentro de esto, hay que considerar el nivel de la narración tanto como el nivel de la historia, hablando en términos de Genette (Íbid.: 18). Mi trabajo escrito pretende seguir esta estructura.

Todo lo que se puede situar dentro de la literatura ficcional se tiene que considerar como verdaderamente ficcional, es decir que no tiene nada que ver con las opiniones del autor real en diferenciación con textos que se consideran como factuales. El autor implícito designa una instancia narrativa para presentar al mundo diegético desde una “perspectiva externa” (Schlickers 2008:121).  Ergo, la literatura tiene más posibilidades de apropiarse de la realidad desde distintos puntos de vista y experimentando con distintos modos de narración.

Por estas razones, la literatura juega un rol importante en el discurso y en la superación de lo sucedido, sobre todo en momentos históricos complicados como por ejemplo durante una transición.

Después de tener ahora una base teórica, ha llegado el punto de analizar las dos obras literarias elegidas.

4. Las obras

4.1 Ariel Dorfman: La muerte y la doncella

La historia presentada en la obra de teatro La muerte y la doncella se sitúa en una sociedad transicional, “[…] probablemente Chile, aunque puede tratarse de cualquier país que acaba de salir de una dictadura” (Dorfman 1992/2005: 4). Nos encontramos en la casa de Paulina Salas y Gerardo Escobar y los personajes son tres: aparece una víctima de tortura traumatizada, un médico acusado por la víctima de ser su antiguo torturador, y un abogado que no quiere retomar el pasado. Estos tres personajes representan un “triángulo conflictivo” (Schlickers 2010) característico de las sociedades transicionales ya analizadas antes.

Lo excepcional en esta obra es que Paulina, la víctima, se apodera de su victimario y así trastorna el orden tradicional (Íbid.:58). La pieza teatral se basa en este hecho y muestra “[…] distintas formas del poder – y de su abuso […]” (Schlickers 2004: 55).

4.1.1 Estructura y género

La muerte y la doncella es una obra de teatro en tres actos a su vez divididos en escenas. Aparecen varias acotaciones muy concretas acerca de los requisitos y el comportamiento de los personajes. Incluso hay una escena entera que solo consiste en acotaciones (Dorfman 1992/2005: 25s). Al analizar la historia se ve que las tres unidades aristotélicas de tiempo, espacio y acción son respetadas (Schlickers 2004: 66): El tiempo representado no excede las 24 horas, el lugar de acción es la casa de los Escobar y la historia se limita al conflicto entre Paulina, Roberto y Gerardo. Solo la última escena cae fuera de esta estructura: Las direcciones escénicas explican que hay un salto de “varios meses” (Dorfman 1992/2005: 81) entre la escena primera y la segunda del acto tercero. Además de eso, los personajes se encuentran en una sala de conciertos obviamente llena de otra gente (Íbid.: 82).

Al analizar la obra hay que recordar que no hay un narrador en el teatro, es decir que no existe el nivel K3. Tenemos a los actores y los espectadores reales en el nivel K1, a los actores y espectadores implícitos en el K2 y en el K4 están los personajes. Como no existe un narrador, los personajes son caracterizados de manera extradiegética (mediante las acotaciones didascálicas o su posición y rol dentro de la obra) o intradiegética (mediante lo que dice el mismo personaje de sí mismo o lo que dicen los otros personajes) (Pfister 1988/2001: 52).

La interpretación por parte de los actores y directores responsables de la puesta en escena también tiene mucha influencia en la caracterización de los personajes, sobre todo en una obra de teatro tan conflictiva como La muerte y la doncella. Quizás eso también se puede entender como una nueva caracterización extradiegética que puede ser distinta dependiendo del punto de vista empleado. Por eso es imprescindible basarse en el texto al hacer un análisis literario. Las puestas en escena se tratarán al hablar de la recepción de la obra.

Como los personajes mismos tienen que contar su historia en una obra de teatro, pienso que los espectadores se sienten más obligados a tomar el rol activo de reflejar sobre la verosimilitud y el significado de lo presentado. Además aparecen dos metalepsis en esta obra de Dorfman: La metalepsis más decisiva se puede ver al final de la escena primera del acto tercero. Es una metalepsis vertical del enunciado que se inicia cuando un espejo grande tapa a los actores, mostrando “[…] a los espectadores su propia imagen” (Dorfman 1992/2005: 81). Como explica Sabine Schlickers, “El recurso de los espejos efectúa una metalepsis que rompe con el pacto teatral, ya que los espectadores entran así en la diegésis representada” (2004: 57). Opino que este efecto sigue existiendo al principio de la siguiente escena, donde Paulina y Gerardo entran en la sala de conciertos y las acotaciones comentan: “Se sientan entre los espectadores y de espaldas a ellos, sea en dos butacas del mismo público o en sillas que se colocan frente al espejo, viéndose sus caras” (Dorfman 1992/2005: 81). En este momento, no se hace una diferenciación entre el mundo real y la diegésis y los espectadores no se pueden negar a formar parte de la diegésis. En este recurso teatral se manifiesta el valor explosivo de la obra de teatro que no deja a los espectadores fuera de lo narrado. Ellos no se deben escapar de la realidad, aunque sea una realidad compleja y difícil.

Además de eso, pienso que se puede ver otra metalepsis en la obra de Ariel Dorfman: Se trata de una metalepsis horizontal de la enunciación que se encuentra en la escena primera del acto tercero. Escuchamos a la voz de Paulina, contando a Gerardo los horrores de la tortura que vivió y hablando del médico que la torturó (Íbid.: 68s). Mientras ella está hablando, de repente aparece la voz de Roberto que asume el cargo de Paulina y sigue contando la misma historia (Íbid.: 69) sin que haya una ruptura notable. Aunque no existe una instancia narrativa del nivel K3 en una obra de teatro, pienso que se puede definir como una metalepsis de enunciación, porque se trata precisamente de un cambio de voz dentro de un acto narrativo, aunque sea en el nivel de los personajes. Opino que la intención detrás de esta metalepsis es mostrar que todos los chilenos comparten una misma historia, todos tienen algo que contar y deberían hacerlo. Pero en la realidad de los años noventa, unos no quieren hablar del pasado y los otros no pueden.

4.1.2 Análisis de los personajes 

En la parte teórica de este trabajo he mencionado a la población chilena dividida en los tiempos de posdictadura. Al analizar ahora bajo este fondo las relaciones entre los tres personajes, se podrá entender la apropiación de esta sociedad hecha por parte del autor.

Paulina Salas es “una mujer de unos cuarenta años” (Íbid.: 4). En los primeros años de la dictadura, se ocupó de meter a la gente perseguida en las embajadas (Íbid.: 38s) hasta que un día fue secuestrada y llevada a un centro de tortura donde fue violada y torturada (Íbid.: 68). Ha perdido su capacidad de tener niños (Íbid.: 67), su gusto de tener sexo (Íbid.: 51) y además, no ha podido terminar su carrera de medicina (Íbid.: 27). Paulina quiere que la sociedad reconozca lo que le ha pasado y denuncia que no haya una verdadera transición democrática que rompe completamente con el régimen anterior (Íbid.: 50). Dentro de la sociedad posdictatorial, Paulina representa al grupo de víctimas.

Gerardo Escobar es el marido de Paulina y trabaja como abogado. Él no ha sido víctima de la dictadura y el Presidente actual le ha nombrado miembro de una comisión que se ocupa de analizar los casos de muerte o presunción de muerte que hubo durante la dictadura (Íbid.: 13). Después se publicará un informe con los resultados que serán entregados a los tribunales de justicia (Íbid.: 14). Para Gerardo, eso es exactamente lo que el estado de derecho debe hacer. Así “[…] representa los intereses del nuevo gobierno” (Schlickers 2004: 61). Además de eso, Gerardo pone mucho énfasis en su carrera profesional (Íbid.: 61) y no quiere que Paulina destruya sus planes (Dorfman 1992/2005: 46). Gerardo representa un estado de derecho tal como lo había en Chile tras la dictadura.

El Dr. Roberto Miranda es un médico que conoce a Gerardo durante una noche tormentosa cuando le ayuda con un neumático pinchado. Gerardo está totalmente convencido de que el doctor es un  “[…] hombre democrático” (Íbid.: 47). Sin embargo, Paulina piensa que Roberto es el doctor responsable de su tortura durante la dictadura. En la confesión de Roberto se mencionan motivos personales de venganza como razón para su colaboración con la dictadura (Schlickers 2004: 59 y Dorfman 1992/2005: 70). En la sociedad actual, Roberto podría representar a los victimarios que quieren permanecer anónimos y que niegan la existencia de las violaciones de los derechos humanos que se hayan cometido.

Es los siguientes subcapítulos pretendo analizar las relaciones que existen entre los distintos personajes como representantes de distintos paradigmas dentro de la sociedad transicional.

4.1.2.1 Paulina vs. Gerardo

En la relación entre Paulina y Gerardo se pueden destacar varias formas de desigualdad, características para una sociedad patriarcal. Gerardo “Trata a Paulina como a una chica y la considera enferma” (Schlickers 2004: 62). En varios momentos, engaña a Paulina: Cuando ella estaba presa, Gerardo tuvo una relación con otra mujer (Íbid.: 62). Además, acepta el cargo en la comisión de verdad sin consultarlo con ella antes y después finge pedir permiso aunque ya lo había decidido (Dorfman 1992/2005: 15s). Traiciona a Paulina otra vez cuando graba su testimonio en la grabadora para después compartir el contenido con Roberto para facilitar su confesión falsa (Schlickers 2004: 62 y Dorfman 1992/2005: 61). Cathy Maree opina que Gerardo se “[…] convierte en victimario de su mujer” (Maree 1995: 64). Sin embargo, Paulina conoce tan bien a Gerardo que ha introducido pequeños errores en su testimonio, los cuales Roberto corrige sin darse cuenta de este acto revelador (Dorfman 1992/2005: 77-79).

Otra actitud que tiene Gerardo es la de presionar a Paulina diciendo, por ejemplo, que ella le causaría dolor con una recaída suya (Íbid.: 12). En esa situación, parece que para él, Paulina misma es la responsable de los efectos fuertes de su trauma, cómo ella permite que los síntomas creen problemas sicológicos.

También se muestra el aspecto desigual de su relación en los momentos cuando Gerardo habla con otra gente sobre Paulina,  porque solamente describe sus cualidades de ama de casa. En varias ocasiones dice que ella “[…] hace un pisco sour que es de miedo” (Íbid.: 6 y 83) y promete a Roberto que “[…] mañana nos prepara un rico desayuno” (Íbid.: 24). No obstante, la misma Paulina confirma y reproduce esta relación cuando dice: “Yo me ocupo de la casa y tú puedes ocuparte alguna vez del […] auto por lo menos” (Íbid.: 7s).

Además de eso, “[…] la experiencia de Paulina se ha convertido en tabú en la propia relación con su marido” (Maree 1995: 63). Aunque la tortura siempre parece estar presente como un recuerdo malo pero inolvidable, el expresarlo en palabras concretas resulta ser casi imposible para los dos (Dorfman 1992/2005: 44s). Teniendo en cuenta que los dos personajes representan a la sociedad transicional, el trauma dentro de su relación se puede entender como la representación teatral de una sociedad posdictatorial traumatizada que he mencionado en la parte teórica.

4.1.2.2 Paulina vs. Roberto

Cuando Paulina se apodera de Roberto y lo toma preso, trasciende las fronteras entre víctima y victimario (Gates-Madsen: 12). A lo largo de la obra, se desarrolla un arduo conflicto entre los dos lados opuestos.

Generalmente, la relación entre víctima y victimario se puede definir mediante la teoría hegeliana de la relación entre amo y criado: “[…] el victimario necesita a la víctima para sentirse amo. La víctima se entrega, deshaciéndose del control” (Schlickers 2010). La tortura es un método de transformar el dolor que sufre el preso en la fuerza del torturador (Gates-Madsen 2008: 21).

Aunque Paulina quiere cambiar esta situación, se da cuenta de la relación particular que comparte con Roberto: “[…] hay cosas que nunca le conté a Gerardo, ni a mi hermana, ni menos a mi mamá … mientras que a usted le puedo decir exactamente lo que me pasa […]” (Dorfman 1992/2005: 37).

Roberto y después también Gerardo arguyen que Paulina no tiene evidencia de que se trate de su torturador, porque sus ojos habían sido tapados (Íbid.: 31) durante la tortura.  Roberto incluso niega conocer a Paulina (Íbid.: 41). Sin embargo, ella menciona distintas pruebas que la llevan a reconocer a Roberto (Schlickers 2004: 56s): “Es su risa. Son sus modismos” (Dorfman 1992/2005: 32) y “También le reconozco la piel. El olor” (Íbid.: 48). Además de eso, Roberto Miranda tiene una grabación de La muerte y la doncella de Schubert en su coche, que es la misma música que ponía el torturador (Dorfman 1992/2005: 30). Hay incluso otra concordancia más: “Roberto cita a Nietzsche […], al igual que antaño el torturador […]” (Schlickers 2004: 57).

Sin embargo, el punto clave reside en la confesión supuestamente falsa que Roberto hace. Paulina explica porqué está segura de que Roberto sea el torturador que busca: “[…] pequeñas variaciones que yo fui metiendo en mi relato a Gerardo, y varias veces, Doctor […], usted las fue corrigiendo. Tal como supuse que iba a ocurrir” (Dorfman 1992/2005: 78s). Además de eso, Roberto no muestra ni un poco de arrepentimiento (Íbid.: 79).

Escuchamos a Paulina contar a Gerardo que ha decidido no vengarse de Roberto físicamente, sino que solamente quiere llegar a la justicia mediante la confesión de Roberto (Íbid.: 43s). Con eso se contesta la pregunta “[…] si busca la venganza o la justicia” (Maree 1995: 65).

Al final, no sabemos exactamente si Paulina mata a Roberto o no. La pregunta fundamental de “[…] cómo los victimarios y las víctimas pueden cohabitar en un mismo país” (Schlickers 2004: 66) queda abierta.

4.1.2.3 Roberto vs. Gerardo

Gerardo conoce a Roberto en un momento cuando él mismo está en una situación difícil y precisa la ayuda del doctor Miranda (Dorfman 1992/2005: 9s). Es decir que no sospecha que haya algo malo detrás de este hombre con aspecto simpático y tampoco lo encuentra raro

[…] que un hombre que acaba de dejar a otro hombre en casa por tener un neumático pinchado vuelva más allá de la medianoche porque ha escuchado en la radio que este tipo forma parte de la Comisión Investigadora Presidencial. Resulta obvio que Roberto trata a la vez de sonsacarle información  […] y de captarse las simpatías de Gerardo (Schlickers 2004: 57).

Roberto tiene éxito con su táctica: Gerardo intenta hacer que Paulina cambie sus planes de auto-justicia y cuando no logra eso, pretende ayudar a Roberto como, digamos, su abogado extra-judicial (Dorfman 1992/2005: 40).

En la segunda escena del acto segundo, Roberto y Gerardo están a solas hablando de cómo poder salir de esta situación complicada. Hay un pequeño momento de crisis en el que Gerardo se enfada porque se siente atacado en su masculinidad por Roberto[4], pero al fin y al cabo regresa a querer ayudar a Roberto e incluso muestra su buena disposición de engañar a Paulina con la confesión falsa (Íbid.: 60s).

4.1.2.4 ¿Mujer vs. Hombre?

Desde un punto de vista feminista, se puede entender la relación entre Gerardo, Roberto y Paulina como una relación conflictiva de poder entre los hombres por un lado y la mujer por el otro. Ya al principio, se establece una solidaridad de género entre Roberto y Gerardo cuando el doctor dice que “ […] jamás podremos poseer esa alma femenina” (Íbid.: 20). Los hombres conspiran y pactan en contra de la mujer, que es rotulada como una enferma (Íbid.: 41 y 55).

Opino que los hombres no pueden y no quieren aceptar que una mujer, y además una víctima, se apodere del poder, rompiendo el orden tradicional. “Los dos la degradan a un objeto, mientras que ella intenta todo para ponerse en escena como sujeto […]” (Schlickers 2004: 58).

Paulina es acusada de ser una persona emocional que no permite que este asunto se trate objetivamente, siguiendo los órdenes democráticos y quedándose dentro de los límites posibles. Para los victimarios es fácil permanecer impunes porque tienen la posibilidad de referirse a las leyes existentes, como lo explica Heidrun Adler:

Für die Täter gilt der juristische Grundsatz in dubio pro reo. Aber dem Opfer obliegt hier die Beweispflicht. Wie will man jedoch die Täter überführen, wenn sie leugnen und darüber hinaus offiziell gedeckt werden, denn ihre Auftraggeber sind ja noch in Amt und Würden? (Adler 2000: 133)

Hay un concepto feminista que pretende manejar casos de violaciones sexuales evitando la desigualdad omnipresente entre los géneros que predomina en la sociedad actual. Es el tema de muchos debates dentro del movimiento extraparlamentario de izquierdas. Esta idea se llama Definitionsmacht en alemán, que sería algo como el poder de definir[5] en castellano. El aspecto principal de este concepto controvertido es que la actual sociedad está a favor de los hombres porque es una sociedad patriarcal. En una sociedad así, es casi imposible para una víctima de un abuso sexual prestar declaración ante un tribunal de justicia y luego poder contar con un castigo de los victimarios. Por eso, los defensores de la Definitionsmacht reclaman que cada persona a favor de la igualdad de los géneros, y sobre todo dentro de la izquierda, cambie su perspectiva y que preste más atención a lo que dice la víctima (Gruppe Antisexistische Praxis: 27). Se trata precisamente de invertir la base moral de la sociedad en que vivimos y dar a las víctimas el poder de definir o determinar lo que el victimario ha hecho, sin tener que justificarse.

Pienso que en una sociedad transicional se pueden hacer las mismas sugerencias de cambiar la perspectiva totalmente desde estar a favor de los victimarios hacia un apoyo a las víctimas. Paulina parece ser portavoz de esta posición y “[…] no es en absoluto tan neurótica o histérica […] Al contrario: Ella quiere vivir, quiere vivir con su marido, reconciliada con él y consigo misma” (Schlickers 2004: 65). Sin embargo, la parte de la sociedad que está en posesión del poder no quiere arriesgarlo y por eso tanto la Definitionsmacht como las reclamaciones de Paulina tienen que enfrentarse a opositores convencidos.

4.1.3 Apropiación de la sociedad posdictatorial en La muerte y la doncella

La muerte y la doncella es uno de los ejemplos más conocido de una obra que trata de una sociedad posdictatorial latinoamericana. Se encuentran diferentes alusiones a hechos concretos y se pueden destacar distintos aspectos de sociedades transicionales.

Ya en las direcciones escénicas introductorias a la obra, aparece el país Chile como lugar en que posiblemente se sitúa la obra (Dorfman 1992/2005: 4). Sin embargo, para no limitarlo a este país, es añadido que se puede tratar de cualquier país recién salido de una dictadura – así que el mensaje trasmitido es que los hechos mencionados en la obra pueden ocurrir en todo el mundo.

El tiempo representado en la obra es el presente, y coincide con el tiempo de la representación, haciendo de ella una obra que debería causar en el espectador una constante reflexión sobre las sociedades dictatoriales. Como La muerte y la doncella fue publicada por primera vez en 1992, y fue puesta en escena en Chile en 1991, ya se encuentra la siguiente alusión directa al tema político chileno fundamental de este tiempo: La comisión donde trabaja Gerardo tiene muchas semejanzas con la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación que empezó a trabajar en Chile en 1990, como ya lo he destacado en el capítulo tratando del contexto histórico chileno. Paulina Salas expresa exactamente lo que mucha gente criticó acerca de esta comisión y los primeros años de transición:

PAULINA. Un compromiso, una negociación. ¿No es así como se ha hecho esta transición? A nosotros nos dejan tener democracia, pero ellos se quedan con el control de la economía y las fuerzas armadas? ¿La Comisión puede investigar crímenes pero los criminales no reciben castigo? ¿Hay libertad para hablar de todo siempre que no se hable de todo? […] (Íbid.: 50)

Los tres personajes en la obra representan a los tres bandos más importantes que hubo en la Chile transicional: Las víctimas, los victimarios y el nuevo gobierno.

Es importante analizar la valoración implícita que se encuentra detrás de la elegida manera de representación de estos personajes. Quiero señalar los puntos que a mí me parecieron interesantes respecto a la apropiación de la sociedad posdictatorial.

Primero, hay que darse cuenta de que Roberto no es retratado en la obra como “[…] una persona con anomalías psicológicas que goza del sufrimiento de sus víctimas” (Schlickers 2004: 59). El mensaje de la obra es más bien que cualquier humano puede cometer crímenes como la tortura como resultado de la sociedad en la que vive (Gates-Madsen 2008: 9), una teoría defendida por Pilar Calveiro (Íbid.: 9) y Horacio Riquelme (Schlickers 2004: 59). En una época transicional, cuando mucha gente intenta darle un sentido al pasado (Gates-Madsen 2008: 6), conviene tener justificaciones que culpan a unos pocos sádicos sin analizar al contexto – y el valor de La muerte y la doncella reside en el punto que no permite está simplificación. Nancy Gates-Madsen opina que

The portrayal of the torturers as human beings rather than inhuman monsters to a certain extent prevents the comfortable distancing that could occur if the victimizer was completely barbaric, or only marginally human. Faced with brutal torments carried out by seemingly ordinary people, audience members must consider their own capacity for evil (Íbid.: 10).

Este punto de vista corresponde a lo dicho en el capítulo 4.1.1.

Un aspecto quizás un poco problemático es el hecho de presentar a Paulina como una víctima de tortura que nunca dio información a sus torturadores (Dorfman 1992/2005: 38). En muchas obras literarias predomina esta manera de representación aunque los testimonios factuales muestran otra realidad: La mayoría de los presos políticos que sufrieron la tortura revelaron algún tipo de información (Gates-Madsen 2008: 18). Además de eso, los estudios empíricos también muestran que gran número de las víctimas permaneció en silencio después de la tortura (Schlickers 2004: 56). Esta manera de representación pudiera ser difícil para la gente que de verdad sufrió la tortura porque pinta una imagen muy heroica de las víctimas que se callan (Gates-Madsen 2008: 20).

Opino que el autor implícito no quería pintar una imagen del todo real sino que se quería meter en el discurso actual chileno donde predominan las demandas de “borrón y cuenta nueva” (Dorfman 1992/2005: 64). Por eso la víctima es representada por las demandas de Paulina. En cuanto a la intención de sentido para este posicionamiento, vale la pena leer el postfacio escrito por Ariel Dorfman en la primera edición de La muerte y la doncella publicada en 1992. Allí explica que la mayoría de los escritores chilenos tenían miedo de tener una influencia negativa en la transición chilena escribiendo textos críticos (Dorfman 1992: 95). Eso corresponde al punto de vista de Ramón Griffero, un dramaturgo chileno que denomina a esta época como un tiempo de autismo creativo[6](Griffero 2000: 144). Dorfman escribe que decidió redactar un libro con un mensaje así porque “[…] la democracia se fortalece expresando sus horrores y esperanzas. La manera de evitar la repetición de las grandes convulsiones no es callando su existencia” (Dorfman 1992: 96). Dice que está a favor de “[…] una literatura que sea política pero no panfletaria […]” que cuenta “[…] historias que sean populares y a la vez llenas de ambigüedad […]” (Íbid.: 99). De esta manera el teatro, en su decir sin decir dice mucho, y cada espectador es así capaz de extrapolar un mensaje en particular dependiendo de su propia experiencia frente a la sociedad transicional en la que le toca vivir.

Además, Dorfman declara que ha aprovechado estar fuera del país, todavía en su país de exilio, para tener cierta distancia a los hechos (Íbid.: 95).

En los últimos momentos de la escena primera del acto tercero, se baja el espejo del que ya se ha hablado antes. El efecto de esta escena es que los espectadores tienen que  “[…] preguntarse si ellos, en lugar de Paulina,  hubieran acometido el auto-juicio” (Schlickers 2004: 57). Adler opina que este final señala que hay una responsabilidad colectiva en la sociedad chilena (Adler 2000: 134); pero además de poner la responsabilidad en el pueblo chileno, Dorfman resalta mediante el espejo la responsabilidad individual.

Muchos de los lectores de la obra se han quedado decepcionados ante el final de la obra porque no encontraron una resolución satisfactoria. Opino que exactamente allí reside el punto clave: En la sociedad posdictatorial chilena, no se pueden encontrar respuestas fáciles que dejen a todos contentos; las respuestas, así, pasan a ser no sólo complejas, sino que fuerzan al espectador a reflexionar sobre su papel individual en el proceso de reconciliación con el pasado histórico.

4.1.4 Recepción de la obra

La recepción de La muerte y la doncella ha sido muy ambigua. En Chile, donde la obra de teatro fue estrenada, la recepción no fue buena (Maree 1995: 61). Los chilenos recriminaron a Dorfman que fuera un exiliado que se podía sustraer fácilmente de la dura vida cotidiana en Chile. Además de que querían una reconciliación y un rápido olvido del pasado, y que el mensaje de la obra no ayudó con eso, algunos críticos piensan que otro problema era que no les gustaba a los chilenos que una mujer tomara el poder (Schlickers 2004: 63s).

A pesar de eso, la recepción internacional de la obra fue totalmente diferente. Hasta hoy en día, La muerte y la doncella es una de las obras de teatro hispanoamericana más conocidas y difundidas en todo el mundo, en lo que toca a los procesos dictatoriales. Ya en el año de 1991, la versión inglesa del drama fue estrenada en Broadway con actores famosos (Schwermann 2005: 114).  Hoy en día, la situación chilena ha cambiado y la obra de teatro ha sido aceptada como parte del corpus literario chileno (Schlickers 2004: 64).

Otro aspecto importante de la recepción artística es una película de suspense hecha por Roman Polanski en el año de 1994 (Schwermann 2005: 115). La película, que lleva el mismo título que el drama y en cuyo guión el mismo Dorfman ha colaborado, popularizó el tema aún más (Íbid.: 115). Sin embargo, se pierde mucho de la dimensión política (Schlickers 2004: 65).

Es interesante echar un vistazo a la recepción particular que se ha hecho por parte de los críticos masculinos (Íbid.: 56). Ellos comparten la opinión de Gerardo y Roberto de que Paulina está enferma por su trauma (Matussek 1992: 86). Como Matussek no se ha dado cuenta de que Paulina tenga más evidencia que solo la voz y el olor de Roberto (Schlickers 2004: 56), las preguntas fundamentales para él son “¿Fue él o no? ¿Cómo puede un hombre proclamar su inocencia cuando se lo acusa de violación? ¿Cuál es el valor de los recuerdos de una mujer traumatizada?” (Matussek 1992: 87) Otra vez, nos encontramos ante una división de géneros y ante hombres que no pueden aceptar que una mujer tome el poder por una sola vez.

Se puede decir que la recepción de La muerte y la doncella y la manera de responder a las preguntas fundamentales que quedan abiertas depende mucho del punto de vista empleado (Matussek 1992: 87 y Schlickers 2004: 57). En las puestas en escena, los actores y el director transmiten su propia manera de haber recibido el libro, poniendo énfasis en distintos aspectos y quizás dejando afuera otros. Así hacen una segunda caracterización de los personajes, que a su vez es recibida por los espectadores que ven la puesta en escena.

4.2 Mario Benedetti: Andamios

En el año 1996 se publica la obra Andamios, de Mario Benedetti. Ya han pasado más de diez años tras el final de la dictadura uruguaya pero la sociedad todavía se encuentra en un proceso curativo y transicional.

La obra elegida trata exactamente de este periodo. El protagonista, Javier Montes, es un uruguayo recién regresado de un exilio en España. Los lectores lo acompañan en sus intentos de reintegración, comparten sus encuentros con los antiguos compañeros y conocen sus sentimientos más íntimos. Sin embargo, esta obra no solo trata de Javier. Trata de distintos protagonistas de la sociedad transicional uruguaya que han vivido cosas muy diferentes durante la dictadura y tienen distintas maneras de calificar este pasado. El libro hace una muestra representativa de las sociedades posdictatoriales hispanoamericanas y la gente que vivió este tiempo. Transmite un mensaje de una reconciliación que parece ser posible si se dan las circunstancias adecuadas.

4.2.1 Estructura y Género

Ya en la estructura de esta obra se puede ver que Andamios es totalmente diferente que La muerte y la doncella. No se trata de una corta obra de teatro sino de una novela con más de trescientas páginas. En su prólogo, Benedetti advierte que no es “[…] una novela propiamente dicha […]” (Benedetti 1996/2008: 11) sino un libro que consiste en “[…] una colección de andamios” (Íbid.) Según el diccionario de la Real Academia Española, el término andamio se entiende como

Armazón de tablones o vigas puestos horizontalmente y sostenidos en pies derechos y puentes […] que sirve para colocarse encima de ella y trabajar en la construcción o reparación de edificios, […], etc. (Íbid.: 11)

Este término es usado entonces en sentido figurado para describir a la sociedad transicional que se encuentra en un estado de reconstrucción y los protagonistas que están restaurando su propia vida.

La novela consiste en 75 de estos llamados andamios. Algunos de los andamios son muy cortos, de una sola página, pero otros son más largos. Además de estos 75 andamios que constituyen el subtexto, también se encuentran distintos elementos paratextuales. Al principio, se encuentran dos epígrafes que pueden tener una función introductoria a la obra, según Genette (Genette 1989/2001: 141). Epígrafes pueden dar indicios a los lectores de los mensajes más importantes que se deben tener en cuenta. El primer epígrafe es un poema del escritor portugués Fernando Pessoa que contiene el concepto filosófico formulado por Heráclito de que todo cambia constantemente, como un río que parece ser lo mismo desde afuera, pero que nunca contiene la misma agua (Anónimo en Wikipedia). Otra interpretación de esta cita es que una vez que pisamos las aguas de un río hemos pisado todas las aguas del mundo, puesto que todas las aguas están comunicadas entre sí. Esta interpretación, por otro lado, en el contexto de la novela, sugiere que lo que ocurrió en Uruguay no es para nada diferente de lo que ha ocurrido en cualquier país del mundo, aunque en el exterior la situación parezca diferente. A lo largo de la obra aparecen distintas alusiones a Pessoa. Quizás vale la pena saber que este escritor también ha vivido un tiempo en otro país (Scarantino Jones 1977: 257) y que muchos de sus poemas tratan de la patria perdida. Además, es conocido por su uso de heterónimos, que son más que seudónimos porque vienen con una biografía ficticia inventada por el autor (Íbid.: 254).

El segundo epígrafe es un poema escrito por el uruguayo Humberto Megget que también puede ser interpretado como el regreso del exilio y el entender que aunque todo pueda parecer igual, no es lo mismo que había sido antes (Mogendorff 2009: 45).

Tras los epígrafes viene el llamado “Andamio preliminar” (Benedetti 1996/2008: 11) que se puede entender como un prólogo escrito por Benedetti, es decir que se trata de un prólogo no-ficcional. Allí son explicados la estructura y el tema fundamental de la obra.

Andamios es una novela que está hecha de fragmentos, con artículos periodísticos, poemas, diálogos, monólogos y sueños” (Mogendorff 2009: 46). Además de eso, se pueden encontrar andamios que consisten en cartas escritas por el mismo Javier u otros protagonistas.

El narrador de la obra es extra- y heterodiegético y personal, porque no se involucra en lo que está contando. Cambia entre la focalización interna de Javier y la focalización cero. Se encuentra en el nivel K3. Los personajes están situados en el nivel intradiegético, el K4. Sin embargo, en algunos de los andamios se añade otro nivel comunicativo, el K5, porque los personajes mismos operan como narradores intradiegéticos en sus cartas. La mayoría de las veces se usa el discurso directo regido para representar los diálogos entre los personajes. En el andamio sexto aparecen los pensamientos de Javier como un largo monólogo en primera persona. Está marcado por un “[…] piensa Javier […]” (Benedetti 1996/2008: 51) pero como se extiende sobre más de una página, los lectores se sienten como receptores directos de sus sentimientos.

Según Ivonne Mogendorff, “El tiempo transcurrido durante la obra es de alrededor de seis meses” (Mogendorff 2009: 48) como Javier se muda a Nueva Beach en el invierno (Benedetti: 26) y la muerte de Rocío ocurre en el verano (Benedetti 1996/2008: 316). Los acontecimientos, aunque estén fragmentados, están presentados de manera cronológica, pero existen dos analepsis: En el décimo andamio, aparece un encuentro que Javier tuvo con su maestro don Ángelo antes de irse al exilio (Íbid.: 69ss). En el siguiente andamio se produce otra analepsis que va aún más atrás que en la del andamio décimo. Trata del principio de la relación entre Javier y Raquel (Íbid.: 72ss). Se sabe que esta analepsis va más atrás porque en el encuentro con su maestro, Javier ya le cuenta que se quiere casar con Raquel (Íbid.: 70).

También se pueden encontrar varios momentos de intertextualidad en Andamios. Genette define la intertextualidad como la presencia efectiva de un texto en otro texto (Genette 1993/2004: 10). Primero, aparecen varias citas de escritores diferentes a lo largo de la obra. Lo segundo que quiero mencionar es el personaje seductor con el nombre de Rita, que aparece en los sueños de Javier. Es un personaje de otra novela escrita por Mario Benedetti, que se llama La borra del café. En el andamio 44, Javier habla con el pintor Claudio Merino, protagonista de La borra del café sobre Rita “[…] como si fuera una mujer de verdad” (Mogendorff 2004: 64). También en la otra obra, Rita había intentado seducir a Merino. Un día incluso le ha pronosticado la muerte (Íbid.: 41). Tras este fondo se entienden las palabras que dice Rita a Javier antes de la muerte de Rocio: “Ya sabrás de mí” (Benedetti 1996/2008: 266). Ella es una constancia a lo largo del libro, apareciendo en un tren que viaja por los países del exilio, para siempre llegar a la estación de Montevideo como destino final. “Rita es como la muerte que aparece siempre de improviso y nunca cambia” (Mogendorff 2004: 41).

Otro aspecto importante en esta obra es el lenguaje usado. Aparecen muchos términos característicos del español uruguayo, la pronunciación aguda de verbos en segunda persona, y el uso del voseo. Javier cuenta que se ha acostumbrado al habla española en vez de la rioplatense y que a veces no sabe qué palabra usar (Benedetti 1996/200820).

4.2.2 Análisis de los Personajes

En Andamios aparecen muchos personajes diferentes. Para no perder la orientación, he elegido los personajes que me parecían los más importantes para este estudio, es decir los personajes que tienen una directa conexión con la sociedad posdictatorial.

Javier Montes es el protagonista de Andamios. Se fue al exilio después de haber estado encarcelado durante quince días a causa de sus artículos periodísticos críticos y sus contactos políticos (Íbid.:16). Primero, se fue al Brasil, y luego a España donde se quedó hasta regresar a Uruguay. Cuando Javier habla de su estadía en el exilio, la divide en tres fases (Íbid.: 20s): primero, no quiso deshacer sus maletas porque no aceptó la imposibilidad de regresar a su patria. Sin embargo, después de un tiempo, empezó a identificarse con su país de exilio en el nivel lingüístico e incluso se convirtió en aficionado de los clubes de fútbol. Al final, cuando se hacía visible un cambio político en el país de origen, Javier no podía resistir sus deseos de regresar. Y esta es la situación en la que actualmente se encuentra. Quiere “[…] tratar de asimilar un país que no es el mismo, y sobre todo comprender por qué yo tampoco soy el mismo” (Íbid.: 15). Aparecen reflexiones sobre la transición uruguaya en las conversaciones con sus antiguos compañeros o sobre la situación política mundial, en los artículos que manda regularmente a una agencia española (Íbid.: 98). Pero también trata de reencontrarse tras muchos años con cosas cotidianas, como el jardín botánico (Íbid.: 149) o el zoológico (Íbid.: 239). Resumiéndolo, es claro que Javier representa al desexiliado de lo cual habla Mario Benedetti al explicar ese neologismo. Su viaje en busca de su identidad es el tema fundamental de esta obra.

Entre los antiguos compañeros con los cuales Javier se encuentra, los dos más importantes son Rocío y Fermín, que representan a dos víctimas que se quedaron en Uruguay durante el tiempo de la dictadura. Rocío estuvo en la cárcel durante diez años (Íbid.: 87). Después, se separó de su enamorado que también había vivido una experiencia similar. Dice que para ella es difícil reintegrarse en la vida diaria (Íbid.: 86). Cuando está con Javier, los dos comparten sus sentimientos más íntimos y así, ella es capaz de llorar por primera vez después de haber sido encarcelada (Íbid.: 95). Eso es un paso importante en la superación de su trauma como también lo hemos visto en el apartado 3.2.2. Sin embargo, después de unos meses, ella todavía dice que no tiene confianza en el futuro (Íbid.: 242). Al tener en cuenta la historia de Uruguay explicada en la parte teórica de este trabajo, se ve que Rocío es una de las personas que sufre bajo el estancamiento de la superación del pasado. Al final del libro, Rocío se muere en un accidente (Íbid.: 326). Voy a hablar más sobre este final en el apartado siguiente.

Fermín, buen amigo de Javier, también estuvo encarcelado durante diez años (Íbid.: 28) y acabó con un cáncer causado por el maltrato al que estaba sometido allí (Íbid.: 29). Además, dice que le resultó muy difícil juntarse con su mujer y su hijo tras este largo periodo de separación (Íbid.: 29). Sin embargo, parece estar acostumbrándose a la nueva vida. Fermín no quiere una sociedad que proclama el olvido del pasado: “Lo peor que podría sobrevenirme es una amnesia” (Íbid.: 31).

Durante su encarcelamiento, Fermín no había dado ninguna información a los torturadores (Íbid.: 119). Eso se llega a saber porque un día, un coronel retirado con el nombre de Saúl Bejarano (Íbid.: 114), que había dirigido la tortura de Fermín, llega a la casa de Javier. Amenaza a Javier para que éste organice un encuentro con Fermín (Íbid.: 117), diciendo que no se arrepiente y no quiere dañar a las fuerzas armadas, pero que quiere hablar con Fermín de hombre a hombre. Javier no tiene otro remedio que contarlo a Fermín, quien se asusta bastante y no quiere encontrarse con su antiguo torturador. Reacciona de manera muy diferente a Paulina en La muerte y la doncella. Sin embargo, cuando al final el coronel se suicida (Íbid.: 187) por razones privadas (Íbid.: 191), Fermín concluye: “Un torturador no se redime suicidándose, pero algo es algo” (Íbid.: 200). El personaje Bejarano muestra a los lectores que las viejas élites todavía tienen poder en la sociedad posdictatorial y que todavía saben cómo usarlo (Íbid.: 129).

Pero no solamente hay un victimario en esta obra, sino también aparecen unos personajes que lograron beneficiarse durante la dictadura. En una sociedad, no existen solamente los criminales, sino la gente normal también puede hacer cosas sospechosas para salvarse o incluso para mejorar sus vidas. Primero, se menciona a Tucán Velasco, un viejo conocido de Javier que tiene parientes vinculados a la dictadura. Los compañeros sospechan de él. Él mismo dice que se considera espía, “[…] pero nunca soplón ni delator” (Íbid.: 301). No se llega a saber la verdad, sin embargo este personaje muestra la dificultad dentro de la sociedad posdictatorial de confiar en otros. En la sociedad transicional traumatizada, el pasado todavía pesa mucho y la gente está acostumbrada a sospechar que cada conocido podría ser un torturador o por lo menos un soplón. Forma parte del proceso curativo empezar a confiar en otra gente y en Uruguay todavía quedan heridas abiertas.

Un verdadero soplón que aparece en la obra se llama Servando. Había sido encarcelado durante la dictadura pero no por razones políticas. Para mejorar su vida en la cárcel, aceptó disfrazarse de mendigo cada día para espiar a la gente en la calle (Íbid.: 231). Javier está asustado de esta historia pero su madre Nieves le acuerda que no sabemos cuánta violencia aguanta otra gente. Por eso nunca se debe juzgar a lo que otros hacen bajo presión (Íbid.: 235).

Eduardo Vargas no ha colaborado con la dictadura, pero se ha cambiado de izquierdas a derechas y ahora es un diputado del Partido Colorado (Íbid.: 101). Queda abierta la pregunta si ha sido infiel a sus ideales o si todos nos cambiamos con el paso del tiempo como advierte Vargas.

Raquel es la mujer de Javier. Se fue con él a vivir en el exilio (Íbid.: 70), donde tuvieron a su hija, Camila. Antes de salir del país, Raquel fue interrogada tres veces por parte del régimen para sacar informaciones acerca de Javier (Íbid.: 17). Por eso, ella queda traumatizada con un miedo constante de todo tipo de soldado (Íbid.: 49). Javier y Raquel se separaron cuando él decidió regresar a Uruguay. Como explica Javier “[…] el exilio nos unió y ahora el desexilio nos separa” (Íbid.: 16). Raquel no quiere regresar a Uruguay porque no cree en la nueva democracia allí y porque todavía sufre bajo el trauma causado por la dictadura (Íbid.: 17). En sus cartas a Javier, ella habla de su vida en España, donde empieza una relación con un español (Íbid.: 175) y así crea nuevos lazos afectivos. Sin embargo, siempre pregunta por la situación política en Uruguay. Regularmente recibe dos periódicos uruguayos pero quiere la información verdadera que no aparece en escrito (Íbid.: 49). Aunque Uruguay siempre está en sus pensamientos, dice que “[p]ese a todo, me siento lejana de ese país que, según mis documentos, es el mío” (Íbid.: 176). Así ella representa a los exiliados que deciden quedarse en el exilio porque no tienen confianza en el nuevo gobierno. En la realidad, hubo muchos exiliados que se quedaron fuera del país aunque haya terminado la dictadura porque, como sabemos, los procesos transicionales eran demasiado lentos. Mediante sus contactos, todavía tienen cierto grado de influencia en la sociedad, pero todo desde afuera.

Camila, la hija de Javier y Raquel, tiene 19 años (Íbid.: 132) y nació en el exilio español. Por eso, no conoce Uruguay y la parte de su familia que vive allí (Íbid.: 314). Crece como una joven española, tiene un novio español (Íbid.: 131) y está estudiando allí. Sin embargo, parte de su identidad también es uruguaya: ella se imagina cómo sería visitar a su padre y se nota que se siente dividida entre la cultura española y la uruguaya cuando cambia entre el tuteo y el voseo: “[…] a esta altura ya no sé cuál es mi idioma” (Íbid.: 315). Camila representa la segunda generación de los exiliados, es decir la generación que nació en el exilio y tiene una relación diferente con el país de origen que la que tienen sus padres.

Otro representante de la segunda generación, pero esta vez dentro de Uruguay, es un tal Braulio, amigo del hijo de Fermín que se presenta a Javier en un bar (Íbid.: pp. 284-290). Quiere hablar con Javier para saber cómo es la situación actual en otros países y para hablar de los problemas que tiene su generación: “Aquí los muchachos de mí edad estamos desconcertados, aturdidos, confusos […] (Íbid.: 285).” Muchos de los jóvenes no tienen un padre o ven que la generación anterior está cansada del pasado. Braulio sigue su lamento diciendo que ni siquiera “[…] sirve para unirnos, no nos hace sentir solidarios […]” (Íbid.: 185). Este capítulo muestra que incluso los hijos de las víctimas pueden estar traumatizados y que un diálogo entre las generaciones tiene mucha importancia porque la segunda generación es la que constituye la parte decisiva de la sociedad futura. Por eso me parece importante que también aparezcan los jóvenes en una obra que trata de la sociedad posdictatorial porque la apropiación de esta sociedad no solo trata del pasado sino de lo que va a haber en el futuro.

Para concluir este apartado, vamos a echar un vistazo a los dos hermanos mayores (Íbid.: 42) de Javier. Se llaman Fernanda y Gervasio y se fueron a vivir a los Estados Unidos. Sin embargo, no tuvieron motivos políticos para salir de Uruguay (Íbid.: 70). Los dos se asimilaron totalmente al estilo de vida estadounidense y sus hijos solamente hablan muy poco castellano (Íbid.: 164). Incluso perdieron el contacto con su madre y cuando vienen de visita a Montevideo, es solo por razones financieras. Opino que la función de Gervasio y Fernanda en esta obra es la de mostrar que no solo hay víctimas y victimarios en la sociedad uruguaya, sino que también hay gente que no tiene nada que ver con el conflicto político.

4.2.3 Apropiación de la sociedad posdictatorial en Andamios

Como vemos, la novela de Mario Benedetti contiene muchos distintos personajes, todos con un punto de vista y un rol distinto. Pero ¿qué significa eso en cuanto a la apropiación de la sociedad posdictatorial?

Primero, se puede decir que estos personajes tienen el derecho de decir lo que piensan, la mayoría de las veces en discurso directo. No son ridiculizados y no hay un narrador que añade comentarios. Esta manera de representar distintos puntos de vista posibilita una vista amplia para los lectores que pueden hacer su propia valoración. El autor implícito ha intentado evitar la simplificación de la sociedad que quiere representar. Sin embargo, como el protagonista central es un desexiliado y sus amigos son víctimas, el énfasis está claramente puesto en ellos y sus pensamientos porque aparecen constantemente a lo largo de la obra.

Andamios se publica en 1996 y se puede deducir que la historia también se sitúa en este tiempo. Eso se sabe porque son mencionados distintos acontecimientos políticos de este tiempo, como por ejemplo el Mercosur, que se fundó a principios de los años noventa. Aún más importante: Varias veces se menciona a un tal Scilingo durante la conversación entre el coronel Bejarano y Javier. Adolfo Francisco Scilingo, capitán argentino retirado, sale al público en 1995, confesando el uso de los vuelos de muerte durante la dictadura militar (Fuchs: 200). Este suceso lleva la temática a la prensa otra vez (Fuchs 2010: 201). Mientras hay algunos militares argentinos que siguen el ejemplo de Scilingo, las fuerzas armadas uruguayas no tienen el menor interés en hacer lo mismo. El presidente Sanguinetti declara que hay una diferencia crucial entre Argentina y Uruguay, donde las prácticas empleadas por el régimen no eran tan brutales (Íbid.: 226). Eso es exactamente los que dice Bejarano en Andamios:

Jamás se me ha pasado por la cabeza hacer una confesión pública […] creo que el capitán de corbeta Scilingo no procedió correctamente. En realidad, empañó la imagen de las Fuerzas Armadas argentinas […] Eso es grave, […] casi una traición. […] (Benedetti 1996/2008: 116) Nosotros torturamos para arrancar información, es cierto, pero no arrojamos a nadie al mar, ni vivos, ni muertos (Íbid.: 142).

Como he señalado antes, al hablar sobre la tortura, la explicación de la tortura como mero método de arrancar informaciones, tiene una tendencia justificativa. Sin embargo, esta complicación se resuelve mediante Javier, que le dice directamente al coronel lo que piensa.

En la obra de Benedetti prevalece una imagen heroica de las víctimas: Rocío nunca ha llorado durante su estancia en la cana y así ha podido quedarse con un último trozo de dignidad:

Que una mujer tuviera tanto aguante, lo consideraban un agravio personal. Era […] mi modesta y costosa venganza, el último recurso para conservar mi pobre identidad (Íbid.: 95).

Fermín tampoco soltó información durante su encarcelamiento (Íbid.:119). Sin embargo, él sabe lo que significa la tortura y que en circunstancias así no es nada fácil resistir.

[Javier:] […] no quiere entrevistarse con aquellos que hablaron. A ésos no los respeta.

[Fermín:] Ah, qué interesante. ¿Acaso él sabe si habría hablado o si habría callado si le hubieran aplicado el mismo tratamiento que él y sus camaradas nos propinaron? (Íbid.: 128)

Nieves dice algo similar: “Nadie sabe con certeza hasta qué límite un individuo es capaz de soportar un castigo” (Íbid.: 235)

Otro aspecto importante para la apropiación de la realidad posdictatorial son los pensamientos reflexivos de Javier. Por razones de espacio no es posible analizar todo lo que dice, no obstante, quiero mencionar el andamio 64, donde Javier decide

hacer balance de su primera etapa de desexilio […] De a poco va llegando a la conclusión de que el país no ha cambiado en esencia. La cáscara es otra. Eso puede ser. Pero la pulpa y el carozo son los de siempre […] Javier estaba convencido de que si se volvieran a dar parecidas circunstancias a las de hace veinte o treinta años, la sociedad actual perdería buena parte de sus tirrias y de sus mezquindades (Íbid.: 294s).

Opino que en esta cita reside el mensaje central que el autor implícito intenta transmitir. Aunque sea un periodo difícil, siempre queda algo bueno y todo se va a relajar con el paso del tiempo.

Queda abierta la pregunta de lo que pueda significar el final de la obra. Javier y Rocío están de vacaciones en Punta del Este donde conocen a una pareja que les ofrece regresar a casa juntos en su coche. Sin embargo, el hombre conduce a tanta velocidad que tienen un accidente grave en el cual mueren todos menos Javier. Cuando Javier regresa a su casa después de haber estado hospitalizado, todos sus amigos lo visitan.  Viene un fax de Raquel y Camila que ellos vienen a Uruguay en poco tiempo para estar con Javier.

Se puede decir que este final, que parece tipo Happy Ending, añade un nivel cursi a la obra que en su transcurso ha sido más bien filosófica con sus muchas reflexiones y su lenguaje poético. Sin embargo, pienso que también se puede entender como una advertencia que a fin y al cabo, no podemos controlar el paso de la vida.

4.2.4. Recepción de la obra

Andamios es la última de siete novelas escritas por Mario Benedetti. Cuando se publica, los primeros 30 mil ejemplares se venden en un mes (Mogendorff 2009: 34s), no solo en Uruguay, sino también en otros países hispanoamericanos (Smith Nash 1998: 803).

Sin embargo, no es la obra más conocida de Benedetti y no ha sido traducida a otros idiomas. Por eso no es posible encontrar muchos estudios sobre esta obra. Los pocos que se pueden encontrar, muestran simpatías con el autor y su novela. “Andamios is a fascinating work, not just as a psychological novel […] but also as an exploration of the discourses of exile […]” (Íbid.: 803). Eso muestra que no se trata de una obra con valor explosivo como sería La muerte y la doncella.

4.3 Comparación final de La muerte y la doncella y Andamios

Como resumen de las dos obras, quiero hacer una comparación final. La muerte y la doncella es una obra de teatro de tres actos con solamente tres personajes, que representan a la víctima, al victimario y el estado de derecho nuevo, mientras Andamios es una novela de 75 andamios/capítulos, en la que aparecen múltiples personajes. En la sociedad discutida por esta obra, no hay solamente víctimas y victimarios, sino también gente que no quiere involucrarse en la política.

Las dos obras coinciden en su representación heroica de las víctimas que callan aunque sean sometidas a la tortura, imagen problemática como lo he destacado en el apartado 4.1.3. Tanto para Paulina Salas como para Fermín, lo peor que la sociedad pudiera hacer, sería callar y olvidar lo que les ha pasado. Pero mientras Paulina quiere enfrentarse directamente a su torturador, Fermín se decide en contra de hablar con el coronel que lo torturó.

Las dos obras se diferencian entre sí en el mensaje que transmiten y, como consecuencia, también fueron recibidas de manera diferente. Mientras que la obra de Dorfman contiene un mensaje claro que exige la justicia, la obra de Benedetti termina en la esperanza de un futuro mejor aunque el accidente al final puede también significar lo contrario. La muerte y la doncella era muy importante para el discurso socio-político sobre el trato del pasado en Hispanoamérica, y como contiene una fuerte opinión política hubo tanto admiradores como enemigos de la obra y del autor. Hasta hoy en día, la situación política en Chile sigue siendo difícil y existe una polarización política entre la población. Así que tanto el contenido como la recepción ambigua de La muerte y la doncella sirven de retrato impresionante de la sociedad chilena. Por el otro lado, la recepción de Andamios era positiva, pero no hubo mucha resonancia internacional a esta obra. Quizás sirve más como mensaje de reflexión filosófica para Uruguay e Hispanoamérica, como superación individual de la difícil transición con una perspectiva positiva de todo lo que vendrá después. Sí se mira a la situación política en Uruguay, se ve que hoy en día los tupamaros, las antiguas víctimas, están en el poder.

Opino que las dos obras elegidas, aunque de maneras distintas, muestran bien a la sociedad posdictatorial y su complejidad llena de problemas, recuerdos y esperanzas.

5. Conclusión

Este trabajo escrito ha intentado analizar la apropiación de la realidad en la sociedad posdictatorial en La muerte y la doncella de Dorfman y en Andamios de Benedetti.

Al principio, se ha mirado el contexto histórico en los dos países correspondientes, Chile y Uruguay. Se han señalado las varias posibilidades que existen siguiendo el concepto de Transitional Justice para discutir el régimen anterior. En este contexto, se puede decir como conclusión, que la transición en Chile y en Uruguay ha fracasado o por lo menos ha sido retrasada, como en los últimos años sí se ha hecho algún progreso. En Chile todavía existe una fuerte polarización política y en Uruguay han pasado años hasta que la sociedad se ocupó del pasado. Hoy en día, en Uruguay los tupamaros tienen el poder mientras en Chile hay un gobierno conservador.

Los dos escritores de los que trata este estudio tienen algunas semejanzas biográficas. Tanto Ariel Dorfman como Mario Benedetti son de izquierdas y, como muchos intelectuales de este tiempo, han pasado varios años en el exilio durante la época de dictaduras en el Cono Sur. Sin embargo, mientras Dorfman nunca regresó a Chile definitivamente, Benedetti pasó los últimos veinte años de su vida oscilando entre España y Uruguay. Es un escritor amado por la mayoría de los uruguayos, mientras Dorfman siempre se tiene que enfrentar a recelos por su opinión política.

Para entender el fondo sicológico de la época posdictatorial, se ha explicado lo que es un trauma y que puede ser causado por la tortura e incluso por el exilio forzado. Durante el análisis literario repetidas veces se han visto personajes así traumatizados que representan a las sociedades traumatizadas y quieren superar su pasado duro. El término más importante para la lectura de Andamios es desexiliado, neologismo creado por el mismo Benedetti para describir el difícil regreso del exilio. Para La muerte y la doncella me pareció importante señalar que las mujeres tienen aun más dificultades de tratar a su trauma y que en situaciones de crisis se usa el abuso sexual como método más eficaz de tortura. Además, pienso que la sociedad transicional se puede definir como una sociedad traumatizada, porque está llena de gente traumatizada.

En las dos obras elegidas, aunque de manera diferente, esta sociedad traumatizada se ha hecho visible.

Mientras Ariel Dorfman limita a la sociedad representada a los tres personajes más importantes que se preguntan cómo es posible vivir juntos en un país con este pasado difícil, los muchos personajes en Andamios conviven, aunque sea con muchos problemas, pero sabiendo que sí es posible como piensa Javier. Mientras La muerte y la doncella tiene un valor explosivo y político y ha influido en el discurso político, opino que falta el verdadero rasgo crítico de Andamios.

Al trabajar con estas obras, pensé que sería interesante comparar y analizar aún más que dos libros que tratan de la sociedad posdictatorial. Era difícil trabajar con La muerte y la doncella como ya hubo tantos estudios, pero pienso que se pueden encontrar más obras que todavía no han sido tratadas tanto, como por ejemplo Pedro y el Capitán de Benedetti.

También sería interesante analizar en más detalle, por qué algunas obras tienen una resonancia negativa en el país de origen pero se convierten en un éxito internacional, como era el caso con La muerte y la doncella. Sin embargo, para eso se tendría que tener más espacio y la posibilidad de estudiar los documentos originales de este tiempo.

Espero haber dado una idea comprensible de las dos obras y su relación con la realidad socio-política. Ha sido una experiencia importante estudiar en más detalle la sociedad posdictatorial, porque la historia no se termina con el fin de la dictadura. Los efectos de la misma permanecen, a veces durante decenios y es importante tanto para los historiadores como para los filólogos ocuparse con este tema.

Endnotas

[1]  Aldo E. Solari opina que el Uruguay “[…]alcanzó una de las tasas más altas del mundo de presos políticos en relación con la población.” (Solari en Caetano/Rilla: 343)

[2]  De nombre entero: Mario Orlando Brenno Hardy Hamlet Benedetti Farrugia (Paoletti 1995: 198)

[3]  http://www2.ohchr.org/spanish/law/cat.htm (19.07.2011)

[4]  “GERARDO: […] Yo soy un pobre abogado maricón amarillo que defiende al hijo de puta que hizo mierda a mi mujer”  (Íbid.: 60).

[5]  La palabra definir se entiende en el sentido de determinar.

[6]  La traducción del alemán es mía.

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