UC Berkeley Comparative Literature Undergraduate Journal

A Premier Humanities Research Journal at the University of California, Berkeley

El tíguere sin cola: la emasculación de una dominicanidad transnacional

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Introducción

Literatura e identidad nacional

El proceso de la construcción de una identidad nacional tiene una relación íntima con la narración. Esto es, la oralidad de la tradición histórica, sus mitos, o en sí, cómo se narra la nación. Para Homi Bhabha, la nación supone la narración y a través de sus tradiciones narrativas—entre ellas la literatura—se construye una identidad nacional. Él propone que estudiar la nación a través de su narrativa “does not merely draw attention to its language and rhetoric; it also attempts to alter the conceptual object itself”[1]. Es así que nos acercamos al horizonte del concepto de la identidad nacional y podemos analizar esta tradición. Este aporte de Bhabha es importante cuando pensamos sobre la literatura y la identidad nacional de la República Dominicana. A lo largo del tiempo—desde la narrativa tradicional hasta la narrativa contemporánea—la  manera en que se piensa y construye la identidad nacional va evolucionando. Doris Sommer enfatiza los límites de los marcos de la narrativa tradicional de la literatura dominicana cuando escribe:

Dominican books are no less discontinuous than others. They are worthy of study not only because they expose the narrowness of a  traditional framework, but because they illustrate the stops and starts of what is called a national tradition, one that corresponds to the violent, though in some ways typical, transformations that a particular Spanish American country has suffered.[2]

Para Sommer el hecho que la tradición literaria nacional sea limitada nos demuestra que también hay un discurso de la identidad nacional estrecho y exclusivo. Sin embargo, la narrativa así también como la historia de la República Dominicana se puede caracterizar como una narración de violencia, migración y transformación.

El discurso de la identidad nacional dominicana ha sido restringido a los dominicanos en la isla y muchas veces excluye a los dominicanos que han emigrado o se han ido al exilio en otras partes del mundo. Además, a través de la migración masiva causada por la recesión económica en la República Dominicana durante la década de 1980, se ha establecido una comunidad transnacional de dominicanos mayormente en el barrio de Washington Heights en Nueva York. Pero, ¿cómo podemos describir o definir esta identidad transnacional? En Quisqueya on the Hudson, Jorge Duany argumenta que la esencia de una identidad transnacional dominicana no solo son los viajes de ida y vuelta entre Estados Unidos y la isla, sino también hay una continuidad cultural que transciende las fronteras nacionales: desde las tradiciones religiosas hasta la comida. Duany también presenta la idea de la dificultad en adaptarse al nuevo país, la cual contribuye al aspecto transnacional por causa de que estas tradiciones culturales son traídas desde la isla al exterior. Sin embargo, Duany no destaca la importancia de que la identidad dominicana transnacional es una calle de dos vías. No es simplemente la falta de adaptación y la continuidad de las tradiciones dominicanas en el exterior, sino también la experiencia de ser extranjero. Duany construye un argumento que se concentra en una identidad transnacional dominicana caracterizada por la distancia de la patria y la nostalgia, pero no reconoce el impacto de la transición socio-económica, del momento revelador de la negritud y los cambios en los roles de género que se experimentan dentro de esta experiencia transnacional; esto es, la experiencia de lo que es ser dominicano dentro de los Estados Unidos. Diferente a Duany, planteo que la definición de una identidad dominicana transnacional va más allá del merengue, comer mangú o ser católico; es ser parte de un espacio transnacional que se caracteriza por el ir y venir entre la isla y el exterior lo cual va formando una identidad cultural “guionizada,” Dominican in American territory.

Aún dentro de estos espacios transnacionales la literatura se ha convertido en uno de los vehículos más prominentes para reconsiderar la dominicanidad en términos de legitimar la identidad nacional. Desafortunadamente, muchas antologías de literatura nacional dominicana han dejado fuera la literatura transnacional porque la considera una hibridez dominicana que no captura la esencia de la historia nacional. Sin embargo, ¿no es la masiva emigración y los trazos que la dictadura de Trujillo dejó atrás que han viajado hacia el exterior algo esencial a esta historia? La literatura transnacional o literatura que emerge como resultado de la emigración ofrece una perspectiva para entender la representación y la producción de la identidad dominicana a través de sus trazos y fondo histórico. Escritores como Julia Álvarez, Junot Díaz, Rhina Espaillat y Angie Cruz han expuesto no solamente la experiencia del dominicano transnacional, sino también a través de sus novelas y narrativas proponen que la identidad dominicana cambiante entre la isla y los Estados Unidos reclama una re-evaluación de la dominicanidad o el proceso de legitimización de la identidad nacional. Esta literatura habla desde un margen literario dónde, cómo escribe Doris Sommer:

What changes are not the metaphors or the narratives about national history that they imply, but the allusions to the political and economic discourses that border on the novels. […] They undo the language of national history, chip away at it and open a space for its reformulation.[3]

Estas novelas ponen en cuestión diferentes elementos que contribuyen a la construcción de la dominicanidad, no solamente lo histórico, sino también lo político y social, público y privado como la importancia de la imagen de género e identidad nacional dominicana.

 

El tíguere y la dominicanidad

El género y la sexualidad son elementos centrales en novelas dominicanas de la diáspora que intentan definir la masculinidad dominicana. Esta masculinidad se explora en un espacio de batalla donde el sexo y la sexualidad toman una posición política por construir una identidad dominicana en un espacio transnacional. Gayle Rubin argumenta que es necesario reconocer las dimensiones políticas de la vida erótica. Esto se convierte en un elemento central cuando pensamos cómo la sexualidad y el sexo toman las riendas en la construcción de una identidad nacional. Esto es, que la dimensión política de la vida sexual está cargada con asuntos de definición nacional y se convierte en el idioma privilegiado para expresar la identidad nacional. La politización de la vida erótica o las prácticas sexuales solo autorizan la conducta heterosexual como la ideología dominante al definir la identidad nacional. Es como si la dominicanidad y la masculinidad solo pueden relacionarse cuando hay una penetración sexual o metafórica del falo en el espacio femenino. Además, Rubin escribe: “This notion of a single ideal sexuality characterizes most systems of thought about sex […] Although its content varies, the format of a single sexual standard is continually reconstituted within other rhetorical frameworks”.[4] De esta manera la sexualidad y práctica sexual ideal del hombre masculino se reconstituyen en el marco retórico de la identidad nacional que presenta la heteronormatividad como esencia de la dominicanidad; es una identidad heterosexualizada.

Con esto podemos empezar a entender cómo la identidad nacional dominicana no solo se ha construido alrededor de personajes históricos patriarcales de la independencia, sino también por medio de otras figuras políticas como el dictador Rafael Leónidas Trujillo. La dictadura contribuye una dimensión política a la sexualidad del hombre dominicano y al marco retórico de la identidad nacional dominicana; es parte de una identidad histórica que penetra esferas raciales y socio-económicas. La sexualidad del hombre dominicano se idealiza por medio de la imagen del tíguere como la identidad ideal masculina: “Like the caudillo, the tíguere is by definition a non-institutionalized form of power”.[5] Esta imagen del tíguere se convierte en un agente de poder y dominio y de un proceso de legitimización de la identidad nacional. Para Danny Méndez el término o la idea del tíguere dominicano se describe: “As an extension of Trujillo himself, a Dominican tíguere was the whole package—political, sexual, seductive, articulate—but above all loyal to the ‘tíguere mayor,’ Trujillo”[6]. Para Méndez la heteronormatividad dominicana tiene su relación con la historia nacional y política de la isla. Además, Christian Krohn-Hansen en su ensayo “The Dominican Tiger” plantea cómo la idea de la masculinidad bajo el Trujillato emerge como un discurso político dominante que provee “a shared language for constructions of power and legitimacy among Dominicans”.[7] La imagen del tíguere se convierte en el ejemplo a seguir para la legitimización de la identidad nacional, ¿Pero qué sucede con esta imagen en el espacio transnacional?

Uno de los aspectos importantes de la identidad nacional es el discurso de género y sexualidad. Aunque ambos son importantes, es interesante ver cómo la masculinidad dominicana se construye y cómo es presentada como un elemento esencial para establecer la dominicanidad. Para explorar cómo esto contribuye a la identidad transnacional he decidido concentrarme en dos novelas de la diáspora: How the García Girls Lost Their Accents de Julia Álvarez y The Brief Wondrous Life of Oscar Wao de Junot Díaz. Ambas novelas son parte de un escenario transnacional ya que toman lugar en la República Dominicana y en los Estados Unidos y nos presentan el proceso de construcción de la dominicanidad de diferentes maneras.

En la obra de Álvarez, el Doctor Carlos García es un esposo y padre proveedor de clase alta en la República Dominicana durante el Trujillato. Sin embargo, a causa de la dictadura llega un momento en que su vida y la de su familia corre peligro por su involucramiento con el partido revolucionario. Afortunadamente, ellos logran acceder al exilio en los Estados Unidos gracias a un amigo americano: el Doctor Fanning. Es así que Carlos junto a su esposa y cuatro hijas pequeñas, en aquel entonces, llegan a Nueva York donde empiezan a conocer la experiencia de ser “el otro” dentro de una cultura que les es extranjera. Mientras que en la escuela a las niñas le gritan epítetos raciales y su esposa, Laura, se ocupa de absorber la cultura americana de la invención, el cambio para Carlos ha sido bastante radical: en los Estados Unidos no puede practicar la medicina y su estatus socio-económico cambia abruptamente al convertirse en parte de la clase trabajadora. Además, a lo largo de su estadía, su rol como figura de autoridad dentro de la familia cambia ya que él no domina el inglés y por tanto su esposa/Mami “[…] was the leader now that they lived in the States. She had gone to school in the States. She spoke English without an accent”[8]. Mientras Carlos va envejeciendo a lo largo del ir y venir entre la isla y Nueva York y la narrativa de la novela—la cual se presenta cronológicamente al revés—Carlos no solo pierde su estatus social, su autoridad familiar y el control de sus hijas, sino que también su imagen de ser un “tíguere mayor” va desapareciendo y encerrándose en el pasado nostálgico.

En The Brief Wondrous Life of Oscar Wao de Díaz, Yunior, un playboy dominicano, narra la historia de su compañero de residencia en Rutgers University, Oscar. Yunior vive con Oscar solo porque le ha prometido a Lola, la hermana de éste, que cuidaría de su bienestar mientras ella estudiara en el exterior. Yunior presenta al personaje de Oscar como la antítesis de un héroe: “Our hero was not one of those Dominican cats everybody’s always going on about—he wasn’t no home-run hitter or a fly bachatero, not a playboy with a million hots on his jock”.[9] Además, lo caracteriza por su obesidad, su fascinación con la ciencia ficción y los comics, pero también su fukú (o maldición) que dice tener con los amores, que para Yunior es raro encontrar algo así en un hombre dominicano. Durante este tiempo Yunior trata de ayudar a Oscar a ser mas “normal” a través de sus consejos para tener mejor suerte con las mujeres y lo anima a que siga un entrenamiento físico para perder peso. Sin embargo, Oscar no tiene la esperanza de que un día será diferente y su depresión lo lleva a intentar suicidarse. Tiempo después, Oscar regresa a la República Dominicana, en donde no ha estado desde pequeño, “He was imagining himself in the middle of all that ass-getting, imagining himself in love with an Island girl”.[10] Y es, por cierto, allí que se enamora (inútilmente una vez más) de Ybón, una prostituta con un novio que trabaja corruptamente para el gobierno (llamado El Capitán). Éste casi mata a Oscar la primera vez que lo descubre besándose con ella y para evitar una tragedia la familia de Oscar lo regresa inmediatamente a Paterson, New Jersey. Sin embargo, el amor por Ybón lo lleva de regreso a la isla donde esta vez los trabajadores del tal Capitán asesinan a Oscar poco después de haber perdido su virginidad con Ybón.

Así tanto para Oscar en The Brief Wondrous Life of Oscar Wao como para Carlos en How the García Girls Lost Their Accents, la desaparición y violencia vienen como resultado en el proceso de legitimar su dominicanidad heteronormativa en el espacio transnacional. En estas novelas la construcción de la narrativa y la importancia histórica de género y sexualidad en la formación del discurso de la identidad nacional dominicana son indispensables en esta discusión. En ambas novelas no solamente entra la dominicanidad de los personajes masculinos en cuestión dentro del espacio diásporico, sino que también se presenta un grado de emasculación a causa de este fracaso.

Crítica literaria

Cuando se trata de tomar estas novelas de la diáspora en consideración viene al caso varias líneas de investigación y conceptos críticos literarios para estudiarlas. Aunque son varias tendencias que se producen en el estudio literario, tres preocupaciones que se relacionan con estas novelas se concentran en su legitimidad en ser parte del canon de la literatura dominicana, los temas relacionados a la experiencia transnacional y el aspecto socio-histórico que penetran su espacio narrativo. Dentro del canon de la literatura dominicana estas novelas han contribuido a una re-consideración de cómo se piensa la  narrativa nacional y la narrativa transnacional y cómo ambas formulan la dominicanidad; con esta tendencia crítica la pregunta principal de qué constituye la narrativa dominicana y cuáles son los tropos que deciden esto. En los estudios de la literatura transnacional dominicana parte de la crítica se concentra en la narración y el silencio de la negritud en estas novelas como una  re-examinación del discurso tradicional de la identidad nacional dominicana el cual hace una profunda marca racial para diferenciar entre Haití y la República Dominicana. Finalmente, el aspecto socio-histórico examina el género de la novela de la dictadura fuera de la isla; esta perspectiva contribuye de una manera significativa en traer la tercera dimensión que no sucede simplemente en la isla o en el exterior, sino la unión de estos dos espacios en la literatura. Son estas conversaciones y conceptos de la literatura dominicana transnacional que crean y establecen una importancia no solo cultural y política, pero ontológica en presentar quiénes somos.

Uno de los debates críticos que ha dominado en los estudios dominicanos trata sobre qué constituye la narrativa dominicana. Después de la masiva migración al exterior esta pregunta se convierte en el hot topic de estos estudios y aún se trata de situar la literatura de la diáspora dentro de la narrativa nacional dominicana. Estas conversaciones en curso han aludido a la inclusión y exclusión de estos textos y ponen en cuestión su dominicanidad. Por ejemplo, en la introducción escrita por Rei Berroa en Aproximaciones a la literatura dominicana (1981-2008) él hace una pregunta importante, o por lo menos interesante sobre qué tan dominicanos son los personajes en los textos de Díaz y Álvarez. Él se hace esta pregunta, pero no contribuye una aproximación a ella. Sin embargo, termina planteando que en esta antología de crítica literaria su propósito es “Situar el quehacer literario dominicano desde los dos frentes en que ya parece estar emplazado: la isla […] y los Estados Unidos”.[11] Aunque Berroa plantea esto como su principal propósito para esta antología, encontramos que este trabajo se nos presenta con una mínima representación del frente de los Estados Unidos; más bien, de veintiún contribuyentes a este proyecto, solo dos son dominico-americanos: Julia Álvarez y Danny Méndez, los cuales escriben desde el frente estadounidense. Entonces, ¿qué podemos pensar sobre esta ambivalencia? ¿cómo recibimos y re-pensamos el propósito de Berroa? La simple inclusión de dos trabajos desde ésta orilla del mar nos hace pensar que esta ambivalencia es parte de un reconocimiento parcial de la literatura transnacional dentro de espacios nacionales dominicanos. Es un reconocimiento que desmiente la licencia de un portavoz que se ha ofrecido; es una desilusión para el lector. Además, Berroa incluye el poema Why I Write de Álvarez, el cual se centra en la idea ontológica del ser a través de la escritura. En el poema Álvarez describe que ella misma se conoce a través del proceso de escribirse y al concluir el poema describe que el final de su existencia se confirmará por lo escrito:

In short I don’t know I’m alive unless

I’m writing as I’ll only be convinced

–when I am scribbled on some stony epitaph—

that I am gone… and the rest is silence[12]

De esta inclusión y la pregunta de Berroa podemos inferir que la literatura transnacional existe, pero no necesariamente está totalmente reconocida como parte de la literatura nacional. Este poema está situado en el principio de la antología ofreciendo una apertura e introducción de literatura dominicana desde una orilla estadounidense. El poema mismo nos presenta el ser a través de la escritura, el reconocimiento propio de uno mismo sobre papel. Sin embargo, el tema que representa este poema de la voz y el ser dominicano de la diáspora, representado y reconocido a través de la escritura, se deshace con la falta de inclusión de Berroa de trabajos de dominicanos que escriben desde una dimensión transnacional.

Uno de los trabajos críticos literarios dentro de esta dimensión sobre las novelas de Díaz y Álvarez trata del tema de la construcción de la raza en la identidad dominicana. En su ensayo “Fantasmas ultramarinos: La dominicanidad en Julia Álvarez y Junot Díaz,” Ramón Figueroa explora la dominicanidad de los personajes en How the García Girls Lost Their Accents y Drown (Junot Díaz) a través de un análisis de la representación y construcción de la raza en la identidad dominicana de los personajes y cómo el autor presenta o silencia la negritud. Para Figueroa, mientras Álvarez sigue el discurso tradicional de la identidad dominicana borrando y callando la negritud de sus personajes, Díaz, de cierta manera, presenta la negritud como un tropo significativo en la experiencia migratoria de sus personajes. Conjuntamente, Figueroa escribe que “la obra de Díaz llama la atención hacia una experiencia de la dominicanidad transformada por el contacto con los Estados Unidos, y la necesidad de considerar la diáspora en la discusión sobre los rasgos definitorios de la identidad nacional”.[13] A través de esta investigación y reconocimiento de estos elementos históricos, él se acerca a la construcción y representación de la identidad transnacional dominicana en las obras de Julia Álvarez y Junot Díaz. Además, su enfoque en el aspecto racial no solo reconsidera la dominicanidad cambiante, sino que también crea una conversación entre la diáspora y la isla.

Hay bastantes elementos que no podemos ignorar cuando hacemos una investigación literaria que forman parte del aspecto histórico de la isla como el Trujillato y su influencia sobre el discurso de la identidad nacional. Es esto exactamente lo que Daynalí Flores-Rodríguez en su ensayo “Addressing the Fukú in Us: Junot Díaz and the New Novel of Dictatorship” intenta plantear. Para ella, la presencia del Trujillato en The Brief Wondrous Life of Oscar Wao de Díaz hace que forme parte del género dictator novel, o novela de dictadura. Ella propone que el aspecto socio-histórico de la narrativa nos ofrece esta lectura y aceptar la noción que “Díaz’s novel argues for a new Caribbean aesthetic that questions the representation of power in dictator novels by asserting the individual as the primary unit of reality and standard value”.[14] Ella asigna un valor significativo a la figura y dominio del dictador como marco constructivo de una narrativa de silencio y violencia. Al concluir su ensayo empieza a crear una relación entre la dictadura, género y el sexo proponiendo la idea que “Sex always seems to convey a struggle for power”.[15] Su ensayo propone una crítica que relaciona la identidad nacional y el elemento de la carga histórica sobre la literatura de la diáspora. Sin embargo, no extiende esta idea críticamente para pensar cómo esto se convierte en un proceso de legitimización de la identidad nacional dentro del espacio transnacional.

Es necesario pensar cómo las novelas de Álvarez y Díaz contribuyen al establecimiento de una narrativa nacional dominicana, o cómo se presenta la cuestión de la raza y la dictadura en la construcción de esta identidad rígida. Empero, es también necesario pensar en la integración de estos temas para tener una mejor perspectiva de la complejidad literaria del sexo y la sexualidad en establecer una identidad nacional dentro de un espacio transnacional. Entonces, ¿cómo podemos conceptualizar estos tres estudios críticos literarios para pensar la masculinidad? Es así que tomo en cuenta estos debates críticos para reflexionar sobre How the García Girls Lost Their Accents y The Brief Wondrous Life of Oscar Wao junto a sus personajes y la identidad dominicana. Por cierto, en lo que se ha presentado sobre esta novela de Álvarez, el personaje de Carlos es ignorado en varias críticas literarias y se enfocan más en las protagonistas, sus hijas. Sin embargo, cuando ponemos la lupa sobre este personaje podemos ver la (de)construcción de la heteronormatividad dominicana dentro del espacio narrativo en el cual él se nos presenta. Por medio de estos personajes no solamente leemos un discurso sobre género e identidad nacional, sino cómo se usa la idea de sexo/sexualidad/género para construir la identidad nacional en este tercer frente literario de la transnacionalidad. Mi propósito a través de este análisis será poder tomar estas perspectivas en cuenta, pero sin simplificar este espacio tan complejo en el cual nace esta literatura. Es poder tomarlas en su totalidad dentro de éste meta-espacio que no tiene una geografía fija; su geografía es aquella de la guagua área que va y viene. Es dentro de esta guagua que se manifiesta esta yuxtaposición entre la identidad nacional, la legitimidad de esta identidad y el rol de la masculinidad para facilitar ese proceso de legitimización.

La caída del tíguere mayor

La novela How the García Girls Lost Their Accents de Julia Álvarez traza las experiencias de una familia dominicana de clase alta que se ve obligada a inmigrar a los Estados Unidos tras la persecución de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo. La novela se concentra más bien en las cuatro hijas de los García de la Torre—Carla, Sandra, Yolanda y Sofía—y sus experiencias como inmigrantes en la ciudad de Nueva York a dónde la familia llega por gracia del Doctor Fanning, un amigo americano de la familia. Uno de los temas más sobresalientes de la novela es el desarrollo psicológico y físico de los personajes a través de la experiencia inmigratoria. Estas experiencias se van exponiendo a través de los cuentos los cuales son presentados desde las diferentes perspectivas de las cuatro hermanas. Sin embargo, aunque la novela se concentra en exponernos cómo se va construyendo la identidad dominicana transnacional de las mujeres García (incluyendo la madre), es importante ver este proceso difícil desde el aspecto masculino del Doctor Carlos García, el padre de familia. Para Carlos, su masculinidad es un agente de la dominicanidad, y a partir de ella se lleva acabo un proceso de legitimización de la identidad nacional en el espacio transnacional. Además, la masculinidad dominicana y la imagen de ser un “tíguere mayor” describe un hombre que no solo es proveedor de la casa, sino también la figura principal de autoridad y dominio. Entonces, a través del personaje de Carlos se observa que ser hombre dominicano en la isla no se traslada directamente y sin complicaciones al espacio transnacional—esto se complica. Al llegar a los Estados Unidos y a lo largo de su estadía allí, Carlos García fracasa en ejercer esta masculinidad lo que tan fuertemente es una expresión de su dominicanidad. Además, su estrategia ante este fracaso y dominicanidad en cuestión va en conjunto con la estructura de la temporalidad de la narrativa. Usando esta estrategia narrativa, la masculinidad se re-construye y re-instituye en el espacio transnacional literario.

Álvarez presenta una novela que va cronológicamente al revés desde el 1989 hasta el 1956 lo cual es una estrategia narrativa importante en este análisis. Mientras que la novela usa esta estrategia narrativa ofreciéndonos dos principios y dos finales—el principio como lo conoce el lector y el principio como lo conoce el narrador—el pasado siempre se introduce dentro de la historia presente para movilizar la narrativa que produce la historia en el orden que se le presenta al lector. Sin embargo, aunque estos dos tiempos sean diferentes, el punto de origen geográfico y temporal es igual: La República Dominicana. Otra manera de pensar este elemento literario es que hay un primer y segundo nivel del tiempo. Mientras que el primer nivel está a primera vista del lector siendo la organización cronológica de la novela, el segundo nivel del tiempo es la intervención, o más bien, la penetración del pasado en la presente historia, especialmente en las primeras dos partes de la novela. Dentro de estas historias se menciona el pasado como un fondo o punto de referencia para la historia presente que al finalizar la novela también tendrá su propio espacio de representación. En otras palabras, este mismo pasado no se queda en la grieta de la historia mas reciente, si no, que tiene su propio espacio al finalizar la novela desde donde es representado. La manipulación de este elemento literario no solo refleja una intervención del pasado en el presente, sino también una re-construcción del pasado.

La reconstrucción de una masculinidad fragmentada

La primera parte de la novela nos presenta a la familia García ya establecida en los Estados Unidos donde las niñas ya son mujeres de las cuales se cuentan historias de su niñez para reflexionar y justificar sus identidades en el presente. Aunque esta parte de la novela nos muestra el estado presente de la familia García, no aparece muy a menudo el personaje de Carlos García. Pero cuando aparece, aparece en la periferia; una imagen de derrotado, desconectado, y sin relacionarse con lo que ocurre a su alrededor. En la historia “The Kiss” de Sofía, la hija menor, Carlos revive su derrota ante su hija. Es un instante de revivir un momento significativo donde Carlos se da cuenta de que ya no es el jefe del harén o grupo de mujeres. Aquel día Carlos, supuestamente buscando su cortaúñas entre la ropa de Sofía, encuentra una serie de cartas de un pretendiente alemán que había conocido en un viaje “misionero” al Perú. Por causa de esto mientras Carlos le grita a su hija preguntándole si es una prostituta, Sofía le arranca las cartas de la mano a su padre, huye de la casa por siempre y termina casándose con este alemán, Otto. Pero ahora, en la historia presente de la novela, parece haber un poco de reconciliación ya que Sofía a tenido un niño barón, lo cual no había sucedido en la familia por dos generaciones, y esto facilita la celebración del cumpleaños de Carlos en su casa. Sin embargo, durante un juego de “¿Quién me ha besado?” Sofía le da un beso muy sensual a su padre en la oreja y al instante él se quita la banda de los ojos avergonzado:

The old man did not answer. The smile that had played on his lips throughout the game was gone. […] His face darkened with shame at having his pleasure aroused in public by one of his daughters. […] On the face of his youngest was the brilliant, impassive look he remembered from when she had snatched her love letters out of his hands.[16]

La acción en esta historia presenta un momento de descontrol y reflexión de aquella derrota dónde Carlos ya no es una autoridad paternal respetada por sus hijas. Es un reflejo del momento castrante en dónde Sofía le arrebata, o más bien, socava su masculinidad, dejándolo sin palabras y avergonzado ante un público con el cual él no se relaciona. Además, este acto de provocación sexual presenta una problematización de parentesco a su heteronormatividad; es un momento de incesto que castra y derrumba su masculinidad de la cima de una estructura jerárquica dejándolo por derrotado y emasculado. Esta imagen de derrota también se describe aún después de un año de haber llegado a Nueva York. “Sandi had noticed before that around American women he was not himself. He rounded his shoulders and was stiffly well-mannered, like a servant”.[17] La representación de Carlos como un sirviente ante los americanos destaca y afirma la desconexión o falta de relación con el espacio americano que se describe en su propia fiesta de cumpleaños:

In fact, the older the evening got, the more withdrawn the father had become. Surrounded by his daughters and their husbands and fancy, intelligent, high-talking friends, he seemed to be realizing that he was just an old man sitting in their houses, eating up their roast lamb, impinging upon their lives […] He, who had paid to straighten their teeth and smooth the accent out of their English in expensive schools, he was nothing to them now.[18]

Además, esta escena presenta la comprensión del personaje de su propia desaparición y silencio entre el nuevo ambiente de sus hijas. Carlos no se relaciona con lo “fancy, intelligent, high-talking” ya que el es solo un “old man”. Es, por cierto, que aunque Carlos está rodeado por su familia, los presentes son extraños que no hablan el mismo idioma. Sus hijas se han casado con hombres americanos intelectuales y han navegado el mundo americano bastante bien mientras que él mismo, que ha financiado este proceso, ahora es irrelevante para ellas. En otras palabras, Carlos, se ha dado cuenta que ahora él es, nada mas y nada menos, que un cuadro pintado en la pared de su propia casa.

Esta identidad de Carlos como derrotado y desconectado es contrastada con su identidad al finalizar la novela, aquella en la isla. A lo largo de la novela, como lectores, somos expuestos a la identidad de Carlos situada en el espacio transnacional como derrotado y desconectado en comparación con una identidad en la República Dominicana como un padre proveedor y la fuerza dinámica de la felicidad de su familia. La abundancia es una característica que fundamenta su masculinidad como el padre proveedor y económicamente estable. Anteriormente, cada viaje que Carlos hacía a los Estados Unidos su familia podía estar segura que él traería regalos. “And that was not all! The room was a treasure cave of gift-wrapped boxes. ‘Something for everyone,’ Papi said, laughing. And a lot for his darlings!”[19] Con la travesía entre la República Dominicana y los Estados Unidos la identidad de Carlos se presenta como un rey mago que regresa de las tierras extranjeras con varios tesoros para todos. Poder traer alegría por medio de regalos y viajes legitima la masculinidad dominicana de Carlos con el valor económico que lo establece como una figura de autoridad, o “tíguere mayor”. También las sirvientas en su casa lo describen así: “‘What a father! He doesn’t go on a trip that he doesn’t bring back a treasure for them’”.[20] Esto es, todo el mundo dentro de la casa, no importa su estatus social, reconoce a Carlos como la figura patriarcal del tíguere mayor.

Un “performance” de la masculinidad como via a la dominicanidad

A través de un “performance” o reproducción de un momento que ya no existe, Carlos consigue ejercer una dominicanidad masculina temporal. Para su cumpleaños, siempre había una tradición en que las hijas regresaban a su casa solas y sin sus esposos. “They would gather together, without husbands, would-be husbands, or bring-home work. For this too was part of the tradition: the daughters came home alone. The apartment was too small for everyone, the father argued.”[21] Pero, ¿por qué no permitía Carlos a los esposos de sus hijas en su cumpleaños? ¿Por ser un padre celoso? No necesariamente. A lo largo de la historia “The Kiss” y también a lo largo de la novela existe una relación entre “el pasado” (the past), “el anciano” (the old man) y “el viejo mundo” (the old world). Existe una asociación de Carlos como perteneciente de este viejo mundo, el pasado, las tradiciones conservadoras y la República Dominicana. Además las hijas se describen: “They were passionate women, but their devotions were like roots; they were sunk into the past towards the old man”.[22] Aquí, el pasado está directamente relacionado con su padre, Carlos. Además, es el pasado que se produce cada año como una tradición que reconoce la dominicanidad de Carlos aunque sea solo una vez al año. “So for one night every November the daughters turned back into their father’s girls…[in] the old house they grew up in, they were children again in a smaller, simpler version of the world”.[23] Lo que se presenta aquí es un escenario donde se reconstruye el “tíguere mayor” en el presente. Es un momento donde las hijas se regresan al harén por una noche y el papá vuelve habitar su posición. El acto del cumpleaños es un performance de un pasado que ya no es. Específicamente, es un instante donde el deseo de Carlos en revivir el pasado es una manera de reconstruir y re-ejercer su masculinidad aunque sea solo por medio de una representación. Además, la escena “pródiga” del regreso al hogar es una escena donde Carlos ha estado esperando en la puerta el momento en que será necesitado por sus hijas otra vez. Una escena así como el hijo pródigo que regresa a su padre cuando se da cuenta que no tiene nada más que gastar y regresa por necesidad y nostalgia de los buenos tiempos junto a su familia. Esta escena se convierte en un performance de la masculinidad dominicana que ya no está establecida. El hecho de que los esposos no estén facilita esta creación de un teatro del pasado donde el padre una vez mas puede ejercer su rol de proveedor y hombre de la casa: “The father distributed bulky envelopes that felt as if they were padded, and they were, no less than several hundreds in bills […] the top one signed with the father’s name, branding them his”.[24] El espacio teatral de su cumpleaños se lleva acabo en “el pasado” de las tradiciones del “viejo mundo” donde Carlos les presenta tesoros o regalos. A cada hija le da dinero en efectivo en ves de un cheque que también refleja su relación con lo del “old world”. Las hijas nunca querían aceptar un regalo de él en su propio cumpleaños, sin embargo, “The father told them there was plenty more where that had come from” reflexionando una identidad masculina paternal que atraviesa el elemento literario del tiempo, aunque sea por un breve momento.[25]

A través del orden cronológico que nos presenta una identidad masculina de Carlos derrotado y desconectado hacia una identidad del hombre dominicano proveedor de familia y fuerza dinámica de la felicidad de ellos, se intenta re-construir la masculinidad dominicana. Esto es, su identidad se reconstruye tomándola de una que está fragmentada a una rehabilitación del espacio y la identidad que fue, pero ya no es. Sin embargo, la manipulación del tiempo en la novela y la reconstrucción del pasado no solo explica el presente, sino que también lo establece. Más bien, el lector empieza a leer la novela con la introducción de un Carlos fragmentado y la novela se mueve a reconstruir su masculinidad dominicana llevándonos a su origen en la isla. Al principio es difícil pensar de la reconstrucción de la masculinidad de Carlos porque pasa a lo largo de que se lee el texto cuando se regresa al espacio de la isla. El final nos deja con un sentido del borrar o desaparecimiento del hombre dominicano transnacional, pero a la misma vez una re-inscripción. Asimismo, podemos pensar que mientras el tiempo de la novela nos va regresando al tíguere dominicano, sin embargo, en el presente, en el espacio transnacional, solo puede haber un performance o representación de esa masculinidad lo cual ya está cargada de experiencias castrantes como la escena de Carlos celebrando sus cumpleaños en el hogar de su hija Sofía. La experiencia de este personaje en continuar una masculinidad dominicana en el espacio transnacional se convierte en un proyecto de deconstrucción ya que la dificultad del idioma, la cultural, la pérdida de su estatus socio-económico complican el hecho de poder ejercer una heteronormatividad dominicana. Además, a través de este análisis vemos los retos del género masculino al no poder ejercer su dominicanidad en un espacio transnacional, creando una emasculación del hombre dominicano en este espacio. Su hombría ya no se reconoce a pasar de los años por las personas que suponen ese papel de reconocerlo como “tíguere mayor”. Es la caída de éste que sucede a través de la transnacionalidad, quedando ilegitimado de su identidad nacional dominicana.

 

El tíguere v. el nerd

Aunque The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, de Junot Díaz, es una novela de estilo bildungsroman sobre el protagonista, Oscar, es importante notar que esta biografía se presenta por medio de un narrador intra-diegético. Nuestro narrador principal, Yunior, nos presenta la breve y maravillosa vida de Oscar Wao a través de una narrativa biográfica de la cuál él mismo dice ser la verdadera historia. Sin embargo, a través de esta biografía—que claro, en el mundo del lector Junot Díaz presenta como una novela y en el espacio narrativo, Yunior, un bildungsroman—existen varios elementos de ciencia ficción y una afición con el mundo fantástico que lleva al lector a dudar de la realidad de la historia dentro del espacio narrativo. Pero nuestro narrador muy bien afirma: “I know I’ve thrown a lot of fantasy and sci-fi in the mix but this is supposed to be a true account of the Brief Wondrous Life of Oscar Wao”.[26] Esta verdadera historia de la vida de Oscar según Yunior es aquella de un nerd, o estofón, gordito dominicano obsesionado con el mundo de la fantasía, pero que diferente a los muchachos dominicanos de su edad, no tiene mucha suerte con las mujeres. Oscar es caracterizado como un antítesis del hombre dominicano y por esta razón su dominicanidad entra en cuestión. Sin embargo, es importante saber que la historia de Oscar está escrita póstumamente y su voz solo se encuentra a través de lo que Yunior ha recolectado de las experiencias vividas con Oscar, sus manuscritos, diarios y cartas. Más bien, la identidad de Oscar está presentada y hasta cierto punto construida por medio de la perspectiva de Yunior. Asimismo, es importante poner en cuestión la voz narrativa para entender cómo se construye la identidad de Oscar la cual es caracterizada como queer, emasculada y que carece de dominicanidad. Cuándo nos concentramos en cómo se construye la narrativa y desde qué perspectiva situamos a Yunior, podemos entender cómo se construye la identidad de Oscar dentro del marco transnacional que moviliza el tema de la masculinidad y la dominicanidad en la novela. Conjuntamente, al contraponer ambas identidades masculinas de Oscar y Yunior, al fin de la novela, podemos inferir que la identidad de Oscar funciona para retar esta perspectiva de dónde se sitúa nuestro narrador, Yunior.

Yunior: La perspectiva de la voz narrativa

La voz narrativa principal en la novela de Díaz, Yunior, es un personaje que escribe desde una perspectiva semejante a la ideología de la masculinidad que se ejerce en el espacio nacional de la novela, la República Dominicana. Mas bien, la identidad y perspectiva de Yunior tiene paralelos con aquella del Trujillo que él mismo describe. Ambas son identidades o personajes que son posesivos de la sexualidad de la mujer y que también emasculan a otros que no ejercen la heteronormatividad. Yunior describe la identidad masculina del dictador de la siguiente manera: “Trujillo might have been a Dictator, but he was a Dominican Dictator, which is another way of saying he was the Number-One Bellaco in the Country. Believed that all the toto in the DR was, literally, his”.[27] El narrador informa al lector que el hecho de que Trujillo fue un dictador dominicano no termina en solamente ser un dictador, sino que pone énfasis en el hecho de que era dominicano, queriendo decir que era un hombre con gran apetito sexual que cree en su derecho de poseer al sexo de la mujer, o simplemente, un “sucio”. Asimismo, Yunior también se describe como un “sucio” cuando trata de tomar ventaja sexual de Lola, la hermana de Oscar, la cual cuida de Yunior unos días después de ser agredido.  “So you can sleep in my bed but you can’t sleep with me? Yo soy prieta, Yuni, she said, pero no soy bruta. Know exactly what kind of sucio I was. Two days after we broke up she saw me hitting on one of her line-sisters and turned her long back to me”.[28] En la novela, Lola suele ser la mujer de la cuál Yunior nunca llega a poseer completamente ya que, como el Trujillo que él describe, tiene un apetito sexual insatisfecho que se quiere posesionar de todas las mujeres que pueda y cuanto antes pueda. Sin embargo, Yunior no encuentra que esto sea un problema ni aún cuando otra novia, Suriyan, “found out [he] was messing with one of her hermanas” y le reclama con puños en público.[29] Inclusive, Yunior parece estar un poco avergonzado ya que no ha podido engañarla sutilmente y piensa que es posible que necesite dejar lo de mujeriego. Él dice: “What I should have done was check myself into Bootie-Rehab. But if you thought I was going to do that, then you don’t know Dominican men”.[30] No obstante, su masculinidad no permite aceptar esto como un problema porque es una parte necesaria del ser dominicano o ejercer una identidad nacional dominicana.

Además de describirse como un “sucio” o  su deseo en tener posesión sexual de las mujeres, Yunior, así también como Trujillo son caracterizados por su tendencia a emascular y deshumanizar aquellos que no presentan trazos de heteronormatividad; se establece un proceso de vulnerabilidad y violencia. Por ejemplo, en el principio de la novela Yunior nos describe a Oscar como un chico raro que está fascinado con la ciencia ficción y el mundo fantástico; un chico anormal sexual sin una identidad “real” sino relacionada a lo ficticio. Yunior lo describe: “Dude wore his nerdiness like a Jedi wore his Light saber or a Lensman her lens. Couldn’t have passed for Normal if he’d wanted to”.[31] Aquí la palabra “Normal” sobresale como un arquetipo superior y a la misma vez funciona en establecer una relación hegemónica entre la masculinidad dominicana y el caso de Oscar, el cual al graduarse de la universidad todavía sigue siendo virgen. De acuerdo a Yunior, Oscar no es “Normal” y a lo largo de la novela es incapaz de tener una identidad dominicana por causa de esta anormalidad. Yunior al decir que Oscar no pudiera pasar por “Normal” ni aún si lo quisiera, es manera de ponerse en una posición de autoridad que decide quién es y no es un hombre dominicano; o sea, es una forma también de castrar o emascular la identidad masculina de Oscar. Conjuntamente, una emasculación parecida sucede en la historia que Yunior narra sobre el abuelo fallecido de Oscar ante el dictador. Yunior explica que el abuelo, Abelard, casado con una enfermera y con una hermosa hija mayor intentaba de protegerlas de las garras de Trujillo. En una de las fiestas de Trujillo en el palacio nacional a la cual Abelard y su familia fueron invitados, él apareció a la fiesta sin su esposa y sus hijas. El dictador cuando lo saludó le dijo:

I have seen you here often, Doctor, but lately without your wife. Have you divorced her? I am still married, Your Enormity. To Socorro Hernández Batista. That is good to hear, El Jefe said, I was afraid that you might have turned into un maricón.[32]

Por la causa de que Abelard llega a la fiesta sin su esposa y sus hijas, el dictador lo percibe como algo que también está fuera de lo “Normal”. Abelard no trae a su familia lo cual el dictador parece creer como una falta de prueba de su masculinidad y lo califica a ser “un maricón”—una manera deshumanizante de decir homosexual. Este momento también muestra una cierta vulnerabilidad del “tíguere mayor” de la familia ante la violencia del real tíguere, Trujillo. Abelard presenta una masculinidad patriarcal que se enfrenta al dictador, sin embargo, esta breve masculinidad alternativa desaparece por medio de la violencia del Trujillato.

El dictador Trujillo se plantea de una manera autoritaria sobre la sexualidad e identidad masculina y no solo dicta el país sino también lo que se considera “Normal” para la identidad masculina dominicana. Alguna cosa fuera de esta idealización de lo que es normal pasa a ser raro; se hace queer en una manera deshumanizante que elimina la autodeterminación de los personajes en decidir y ejercer su propia identidad masculina. Establecer estos paralelos entre el narrador y el dictador indica que hay una semejanza que transciende fronteras; se convierte en una ideología que fluye transnacionalmente. Es decir, aunque el personaje de Yunior se desarrolla mayormente en un espacio transnacional, y el personaje de Trujillo es muy claramente parte de un espacio nacional dominicano, estos paralelos nos permiten ver la transnacionalidad de una identidad dominicana masculina idealizada por medio de la heteronormatividad que se requiere. Es el transporte de un fantasma Trujillista que persigue a todos aquellos, como Oscar, que no siguen este patrón para establecer una dominicanidad objetiva.

Oscar: un dominicano anormal

Después de haber hecho un breve análisis de la perspectiva de Yunior, nuestro narrador o “Watcher”, nos podemos volver a preguntar: ¿Cómo se construye la identidad de Oscar? A través de la perspectiva de Yunior, se nos presenta una identidad masculina no dominicana, homosexualizada y emasculada. Oscar intenta justificar su identidad dominicana a través de confirmar con Yunior que los hombres dominicanos nunca mueren vírgenes. Él le pregunta a Yunior:

I have heard from a reliable source that no Dominican male has ever died a virgin. You who have experience in these matters—do you think this is true? […] O, it’s against the laws of nature for a dominicano to die without fucking at least once. That, he sighed, is what worries me.[33]

Sin embargo, podemos inferir que Oscar se preocupa de que él no puede ejercer esta tarea de no morir virgen para justificar su dominicanidad. Como un hombre dominicano, Oscar intenta legitimar su dominicanidad por medio de la penetración del cuerpo femenino. Además, frente a un momento de confrontación por su “anormalidad” y rareza el reclama tener una identidad dominicana. Durante su tiempo en la universidad los amigos de Yunior ponen en duda su dominicanidad por causa de que no esté sexualmente activo:

You ever eat toto? Melvin would ask, and Oscar would shake his head, answer decently, no matter how many times Mel asked. Probably the only thing you ain’t eaten, right? Harold would say, Tú no eres nada de dominicano, but Oscar would insist unhappily, I am Dominican. I am. [34]

Aquí Melvin pregunta sobre la vida sexual de Oscar por medio de una relación entre Oscar como un gordito que come mucho, pero que aún de todo lo que consume, lo menos que ha consumido es una mujer. Por esta misma razón Harold, otro amigo de Yunior, asocia que Oscar no tiene nada de dominicano si aún no ha consumido un acto sexual con una mujer. La falta de suerte de Oscar con las mujeres es vista como una anormalidad, y él mismo no se encuentra contento que su dominicanidad carece de una vida sexual activa, sino como una disfunción de su identidad. Viene a ser como el narrador describe:

Anywhere else his triple-zero batting average with the ladies might have passed without comment, but this is a Dominican kid we’re talking about, in a Dominican family: dude was supposed to have Atomic Level G, was supposed to be pulling in the bitches with both hands.[35]

La identidad de Oscar se va examinando a través de lo que no hay, de lo que no tiene, o de lo que no ha logrado hacer en su vida sexual y este tema del desarrollo de la masculinidad se convierte en un axioma de la dominicanidad muy presente a lo largo de la novela.

La “anormalidad” de Oscar y la falta de una vida sexual heteronormativa no solamente se mantienen al margen de describir, o más bien, acertar la dominicanidad, sino que funciona para homosexualizar su identidad. En otras palabras, otros personajes en la novela categorizan la “rareza” y “anormalidad” de Oscar relacionada a la homosexualidad y la emasculación. Esta “rareza” es interpretada por otros personajes masculinos en la novela como homosexualidad, o sea, que en cierta manera existe un queering de la identidad de Oscar. En la primera parte de la novela, Yunior nos describe a un pequeño Oscar con una noviecita llamada Maritza, sin embargo, ella decide dejarlo irse a jugar con otro niño. Cuando esto pasa Oscar llora incontrolablemente en público y la gente comenta: “Look at the mariconcito, somebody snickered. […] When he got on the bus, still crying, the driver, a famously reformed PCP addict, had said, Christ don’t be a fucking baby”.[36] Yunior describe que fue en este momento que todo lo de ser un hombrecito se acabó; lo describe como si el poquito de identidad masculina dominicana que tenía lo había perdido. “He forgot the perrito, forgot the pride he felt when the women in the family had called him hombre”.[37] Además, su tío Rudolfo—el experto del metéselo ya que tenía cuatro hijos con cuatro mujeres diferentes—en ciertas maneras piensa que Oscar es un homosexual o un palomo, y que la solución su problema, o la “cura” sería penetrar una mujer. Él le dice: “Listen, palomo: you have to grab a muchacha, y metéselo. That will take care of everything”.[38] La pérdida de la masculinidad por medio de ya no poder bailar “el perrito,” llorar en público, y el acto sexual aquí son tratados como elementos que sirven como una manera de legitimar la identidad del hombre dominicano.

La identidad de Oscar se homosexualiza a través de la nueva identidad que Yunior le impone, aquella del escritor Oscar Wilde. Él dice: “I couldn’t believe how much he looked like that fat homo Oscar Wilde, and I told him so […] Oscar Wao, quién es Oscar Wao, and that was it, all of us started calling him that […] And the tragedy? After a couple of weeks dude started answering to it”.[39] Oscar absuelve esta identidad de Osar Wilde, una identidad que no solo se le ha dado porque dicen que se parece al autor, sino que también no tiene relaciones sexuales con mujeres. O sea, la identidad de Oscar Wao, se convierte en una que acepta el hecho de que es homosexualizado por los demás por la falta de un falo sexualmente activo. Yunior y sus amigos le asignan una identidad homosexual emasculada ya que él no es un tíguere como ellos. Esta identidad implica que una identidad homosexual no es o no puede ser parte de una identidad nacional o dominicana porque no está relacionada con la heteronormatividad. Oscar solo llega a ejercer una heteronormatividad en el espacio nacional de la República Dominicana con Ybón, una prostituta. Es en aquel momento que Oscar “recupera” su masculinidad y dominicanidad; “His tío seemed thrilled that he no longer had a pájaro for a nephew. I can’t believe it, he said proudly. The palomo is finally a man”.[40] El Tío Rudolfo anteriormente consideraba a Oscar un “palomo” y le daba instrucciones de como solucionar este “problema”. Para él, no haber visto a su sobrino con mujeres era una prueba de que Oscar podría ser un homosexual, sin embargo, su familia no está totalmente de acuerdo que se enamore de ella y le dicen que lo llevará a la ruina y que ella no es una buena mujer. Por medio del enamoramiento de Oscar con una prostituta vemos que su masculinidad se ejerce de una manera diferente y marginal a lo que su familia espera y es esta misma diferencia que impone una re-evaluación a la dominicanidad y masculinidad.

Oscar cuestiona al tíguere

Al finalizar la novela cuando el lector paralelamente piensa de la identidad del narrador y la de Oscar, la historia de Oscar pone en cuestión la idea de una dominicanidad y masculinidad heteronormativa. Antes de regresar a la República Dominicana una segunda vez para reunirse con Ybón, Oscar se reúne con Yunior el cúal en aquel tiempo estaba en una relación romántica inestable con su hermana Lola y la ha engañado con otra mujer, Oscar le dice que Lola lo ama y Yunior dice que lo reconoce. Oscar le pregunta: “Why do you cheat on her, then? If I knew that, it wouldn’t be a problem. Maybe you should try to find out”.[41] Aunque para Yunior el hombre dominicano no se conforma con tener solo una mujer para Oscar esto es algo que se debe re-evaluar. Yunior no parece entender que esta ideología no es necesaria para establecer su masculinidad, Oscar le recomienda que se pregunte asimismo por qué es o debe de ser así. Él hace que se re-evalúe la masculinidad dominicana a través de su propia identidad y experiencia y por medio de sus preguntas a Yunior, nuestro representante de una masculinidad dominicana. Conjuntamente, después de Oscar ser asesinado por los oficiales de El Capitán, el novio de Ybón, Yunior empieza a darse cuenta de que su manera de ser no necesariamente es una manera de legitimar la dominicanidad. Es la muerte de Oscar que es capaz de justificar que el amor aún entre aquellos que han sido marginalizados por su sociedad, como él mismo e Ybón, puede ser la razón para tener una relación sexual con una mujer y no tan solo para legitimar o justificar su masculinidad. Para Oscar, no es tanto el acto del sexo lo cual le agrada, sino la intimidad.

De Oscar, aprendemos que la masculinidad dominicana dentro del espacio transnacional y nacional funciona en maneras diferentes. Mientras que la masculinidad dominicana en la isla está caracterizada por la violencia, en el espacio transnacional ésta se convierte en una masculinidad dónde el uso del falo (metafóricamente y sexualmente) es necesario para establecer la dominicanidad. Sin embargo, el narrador mismo parece evaluar sus ideas sobre la masculinidad dominicana como adulto y le informa al lector: “I don’t run around after girls anymore. […] When I’m not teaching or coaching baseball or going to the gym or hanging out with the wifey I’m at home, writing. […] I’m a new man, you see, a new man, a new man”.[42] Es decir, que al final, Oscar logra penetrar la ideología de la heteronormatividad dominicana. Mientras anteriormente había un paralelo entre Yunior y Trujillo, el asesinato de Oscar, que proviene de esta auto-reflexión para el narrador, resulta en un paralelo entre Yunior y Oscar en representación de una identidad alternativa masculina.

Igualmente, cuando yuxtaponemos la identidad de Yunior y Oscar dentro del espacio transnacional, la masculinidad dominicana de Oscar “incapacitada” pone la del narrador en cuestión. O sea, que al finalizar la novela, aunque la perspectiva del narrador ponía en cuestión la dominicanidad de Oscar al principio, ahora es esta identidad de Oscar que reclama una re-evaluación de lo que es la dominicanidad para el hombre dominicano. Siguiendo el elemento literario de la voz narrativa en esta lectura ha facilitado poder entender cómo la identidad de Oscar es construida y su función en proveer una re-evaluación de la dominicanidad. Yunior, nuestro narrador, es representante del discurso nacional de la masculinidad dominicana. Empero, la identidad de Oscar—aunque es socialmente construida por Yunior—pone en cuestión la ideología de la dominicanidad y masculinidad ejercida por la voz narrativa y otros personajes masculinos de la novela. Tanto así, que al finalizar la novela Yunior también se encuentra dentro del espacio transnacional ejerciendo una masculinidad, diferente, alternativa y fuera de lo “Normal”.

Conclusión

La reconfiguración de la heteronormatividad dominicana en el espacio transnacional es un proceso violento y trágico dónde lo que emerge es la idea de una masculinidad dominicana alternativa; en fin, es una cuestión de pérdida y reencuentro. En la novela How the García Girls Lost Their Accents de Julia Álvarez, el personaje de Carlos se va desapareciendo mientras va apareciendo menos y menos a lo largo del tiempo narrativo, y se nos va perdiendo. Carlos, un padre proveedor que ha perdido lo que definía su hombría cuando emigra a los Estados Unidos, ahora toma un rol segundario al de su esposa y se va desconectando poco a poco de su familia. Sin embargo, la manera en que sigue ejerciendo su masculinidad a lo largo del texto es por medio de la reconstrucción del tiempo mientras se va regresando a la República Dominicana, el origen de la historia, y también en el performance que se lleva acabo por medio de su fiesta de cumpleaños. El performance crea el espacio necesario y único dentro de la transnacionalidad donde se puede ejercer una heteronormatividad dominicana. Sin embargo, ésta ya no es lo mismo y también se destruye el escenario cuando Sofía socava a su padre el día que sí se permiten invitados a la fiesta de cumpleaños de Carlos. Mas bien, la masculinidad que él pretende ejercer en el espacio transnacional no sobrevive, sino que es manipulada y torcida haciéndolo casi ausente en la narrativa, aislándolo de las protagonistas, silenciando su voz. Sin embargo, lo encontramos de nuevo a través de la reconstrucción de su imagen en la narrativa que se escribe cronológicamente al revés. Carlos se re-inscribe dentro del escenario transnacional de la novela a través de un regreso.

Diferente a la obra de Álvarez, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao nos presenta un mundo narrativo donde la masculinidad es agencia de la identidad nacional dentro del espacio transnacional. Junot Díaz nos pinta un narrador que al principio se paraleliza con la figura dictadora de la heteronormatividad dominicana, Trujillo. Este paralelo se examina mas claramente en la novela a través del encuentro violento entre Abelard, el abuelo de Oscar, y el dictador. Esta escena, como nos la describe nuestro narrador, Yunior, nos presenta una masculinidad vulnerable y protectora de su familia que no obedece al “tíguere mayor,” sino que se enfrenta a él como una masculinidad que no se conforma al estándar. Asimismo, aunque Oscar se nos presenta a través de la perspectiva de Yunior como un muchacho que no es dominicano—ya que todavía no ha tenido sexo con una mujer, porque pasa demasiado tiempo con la ciencia ficción y, en fin, porque no podría pasar por “Normal” si aún lo quisiera—él se enfrenta a Yunior en no querer cambiar sino llegar hasta el final de su vida de esta forma. Sin embargo, pensamos como lectores que si esto es la historia de Oscar, ¿por qué Oscar no la narra? Díaz presenta muy bien la idea de una masculinidad alternativa en el espacio transnacional a través de posicionar a Yunior como narrador el cual al final cambia por causa de la historia de Oscar que él mismo escribe. Es decir que la masculinidad alternativa, como la de Oscar, funciona para cuestionar y transformar retóricas de heteronormatividad dominicana. Más bien, como plantea Vanessa Pérez-Rosario: “Hispanic Caribbean literature written abroad confronts and challenges established cultural traditions and norms, and expands notions of national identity that are often exclusionary”.[43]

Además, es importante regresar a la idea de cómo lo sexual se politiza en términos con la identidad nacional por estos regímenes sexistas y heteronormativos que intentan establecer una mega-masculinidad. Así también como el texto de Álvarez, Díaz también nos presenta una identidad masculina que no se ejerce dentro del espacio transnacional, sino que desaparece, se pierde por medio de la muerte. Sin embargo, esta masculinidad para ambos personajes como hemos visto se reconfiguran y re-piensan no solamente la masculinidad, sino también la identidad nacional. En fin, el hecho que estos personajes se re-inscriben dentro de sus propias historias nos presenta que hay masculinidades alternativas que se crean a partir de un fracaso del tíguere en el espacio transnacional. Este fracaso, sin embargo, crea el espacio necesario para redefinir y crear una masculinidad (trans)nacional dominicana. En otras palabras, es una masculinidad que aunque toma lugar en un escenario transnacional, termina eliminando la exclusividad de la ideología nacional.

A través del trabajo de Álvarez y Díaz podemos ver que el término “transnacional” quiere decir más que escuchar merengue, bailar “el perrito”, comer mangú o ser católico. Diferente a la definición de Jorge Duany sobre la identidad dominicana transnacional, propongo que la experiencia transnacional dominicana en los Estados Unidos es algo histórico e indispensable en esta identidad. Más importante aún, esta investigación contribuye al reconocimiento de la literatura transnacional dominicana como parte de una antología nacional contemporánea. Por medio del análisis literario de estas novelas y la construcción de la dominicanidad en el espacio transnacional, podemos ver que ideologías e iconos de la identidad nacional dominicana se encuentran aún en espacios transnacionales. Como argumenta Figueroa, la dominicanidad es transformada a través de la experiencia transnacional. Es una reconfiguración caracterizada por múltiples facetas que se delinean en la literatura de Díaz y Álvarez y ponen en cuestión la construcción de la identidad nacional. En fin, es ampliar el espacio dentro de la narrativa nacional dominicana en reconocer también la importancia del sexo, la sexualidad y género en la construcción de una identidad nacional, así también como transnacional literaria. Estos textos nos ayudan a pensar de sexualidades alternativas como representantes de estos espacios y su función en la redefinición de cómo se entiende la dominicanidad.

-OMARIS Z. ZAMORA

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[8] Julia Álvarez, How the García Girls Lost Their Accents (New York: Plume Books, 1991), 176.

[9] Junot Díaz, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao (New York: Riverhead Books, 2007), 11.

[10] Díaz, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, 272.

[11] Rei Berroa, ed. Aproximaciones a la literatura dominicana (1981-2008) (Santo Domingo: Banco Central de la República Dominicana, 2008), 26.

[12] Julia Álvarez, “Why I Write” Aproximaciones a la Literatura Dominicana 1981-2008 (Santo Domingo: Colección del Banco Central de la República Dominicana-Departamento Cultural, 2008).

[13] Ramón Figueroa, “Fantasmas ultramarinos: la dominicanidad en Julia Álvarez y Junot Diaz”. Revista Iberoamericana 71/212 (2005): 742.

[14] Daynalí Flores-Rodríguez, “Addressing the Fukú in Us: Junot Díaz and the New Novel of Dictatorship” Antípodas: Journal of Hispanic and Galician Studies 20 (2009), 91.

[15] Flores-Rodríguez, “Addressing the Fukú in Us”, 101.

[16] Álvarez, How the García Girls Lost Their Accents, 39.

[17] Álvarez, How the García Girls Lost Their Accents, 180.

[18] Álvarez, How the García Girls Lost Their Accents, 36.

[19] Álvarez, How the García Girls Lost Their Accents, 269.

[20] Álvarez, How the García Girls Lost Their Accents, 261.

[21] Álvarez, How the García Girls Lost Their Accents, 24.

[22] Álvarez, How the García Girls Lost Their Accents, 24.

[23] Álvarez, How the García Girls Lost Their Accents, 24-25.

[24] Álvarez, How the García Girls Lost Their Accents, 25.

[25] Álvarez, How the García Girls Lost Their Accents, 25.

[26] Díaz, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, 285.

[27] Díaz, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, 217.

[28] Díaz, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, 169.

[29] Díaz, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, 175.

[30] Díaz, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, 175.

[31] Díaz, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, 21.

[32] Díaz, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, 222.

[33] Díaz, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, 174.

[34] Díaz, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, 180.

[35] Díaz, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, 24.

[36] Díaz, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, 16.

[37] Díaz, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, 17.

[38] Díaz, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, 24.

[39] Díaz, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, 180.

[40] Díaz, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, 287.

[41] Díaz, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, 313.

[42] Díaz, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, 326.

[43] Vanessa Pérez-Rosario, ed. Hispanic Caribbean Literature of Migration: Narratives of Displacement (New York: Palgrave Macmillan, 2010), 2.

2 thoughts on “El tíguere sin cola: la emasculación de una dominicanidad transnacional

  1. Pienso que tu aplicacion del tigueraje al caso de Carlos no es muy adecuada. Superioridad patriarcal y tigueraje no es lo mismo.

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