UC Berkeley Comparative Literature Undergraduate Journal

A Premier Humanities Research Journal at the University of California, Berkeley

Insularismo y los Campos Intelectuales de la Época
Chris Mendez

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Introducción

Insularismo (1934) se ha sido considerado tanto la magnum opus de Antonio S. Pedreira (1898-1939) como obra canónica en las letras puertorriqueñas por los modos en que trabaja con la problemática de la nacionalidad. Pedreira se enfrenta a la tradición cultural de raíz española y a la modernidad detonada por la invasión de los Estados Unidos a Puerto Rico en 1898 para llegar a una interpretación rica de la puertorriqueñidad. El texto ha sido rigurosamente estudiado por innumerables intelectuales desde los años cuarenta y cincuenta. Sin embargo, la crítica no ha considerado cómo se situaba Insularismo dentro de los campos intelectuales de los años veinte y treinta a pesar de que es fundamental hacerlo para entender la historicidad del argumento de la obra y los contra-argumentos que aparecieron durante la época. En este trabajo pondré a Insularismo en conversación con el periodismo de los años veinte y treinta para mejor situar la obra en el contexto de los debates en que fue escrita. Las tres publicaciones que analizaré son La palabra (1935-1936), El nacionalista de Ponce/Puerto Rico (1924-1930) e Índice (1929-1931).

Por campo intelectual entiendo un grupo más o menos homogéneo de letrados que logran hegemonía sobre lo cultural por medio de la institucionalización de su producción artística y literaria.[1] El concepto es útil porque nos ayuda a estructurar una serie de movimientos claves en el funcionamiento de la cultura puertorriqueña. No se pueden separar las formulaciones homogeneizantes de las élites culturales sin entender las complejidades de las nociones de la identidad que se estaban articulando en ese momento. En su trabajo influyente sobre la teoría del nacionalismo, Nations and Nationalism (1983), Ernest Gellner propone que comúnmente han existido luchas entre distintos sectores de la nación por establecer una concepción particular de la cultura. Gellner utiliza el concepto “alta cultura” para describir las articulaciones homogeneizantes que hacen las élites de cultura nacional con el objetivo de consolidar su poder político. La educación y el alfabetismo son importantes porque permiten que las élites implementen su visión cultural a un público lector amplio y anónimo y forjen la idea de una experiencia histórica común.[2] Aunque las élites establecen su idea de alta cultura, es fundamental notar que todos los componentes de esta cultura no necesariamente pertenecen a la vida de las élites. Este es el caso en Puerto Rico con la valoración del jíbaro como representante del puertorriqueño verdadero—“jíbaro” es la palabra utilizada en Puerto Rico para describir los campesinos pobres blancos.[3] Según Gellner, la nación moderna siempre está unida a la idea de la cultura homogénea. Durante el período en que Insularismo fue escrito distintos sectores intelectuales formularon concepciones propias de la nación puertorriqueña en una competencia por establecer un concepto dominante de homogeneidad cultural. Mi objetivo fundamental es examinar los esfuerzos por definir una idea de la cultura nacional y ver el lugar de Insularismo dentro de estos debates.

El hecho de que hubo diferentes sectores compitiendo para definir los términos de la hegemonía cultural supone la existencia de distintos campos intelectuales con formulaciones culturales respectivas. El ensayo “Campo intelectual y proyecto creador” (1966) de Pierre Bourdieu es revelador en cuanto al vínculo entre conceptualizaciones particulares de la nación y campos intelectuales específicos. Según Bourdieu, el campo intelectual consta de un grupo de eruditos que implementan una interpretación particular de la cultura nacional, lo que nombra como “proyecto creador”. El texto plantea que el campo intelectual usualmente logra autonomía interpretativa con respecto al público y define lo que se considera legítimo en la esfera de la cultura por medio de la institucionalización de su visión.[4] De ahí la importancia de las obras consagradas que “suponen una institución cuya función no sea solamente de transmisión y de difusión, sino también de legitimación”.[5] El sistema educativo es fundamental en el legitimación del proyecto creador del campo intelectual porque tiene el poder de adoctrinar a la juventud de acuerdo con su entendimiento particular de la cultura. La legitimidad del proyecto creador del campo se solidifica en la canonización de obras que comparten su visión cultural.

El periodismo ha sido fundamental para la formulación de una idea de la nación. Es un rico espacio que nos permite entrar al estudio de los campos intelectuales y sus agendas culturales. En el periodismo comúnmente ocurrieron los debates entre las élites sobre lo cultural. Benedict Anderson argumenta en Imagined Communities (1983) que el capitalismo de imprenta fue fundamental para la imaginación de la nación. El capitalismo de imprenta tiene su origen en el proceso de mercantilización de los lenguajes en la prensa y vinculó grupos sociales a una comunidad definida. El surgimiento de comunidades imaginadas con orígenes históricos inspiró la identificación del individuo con una colectividad política, social y económica. De este modo, el concepto del capitalismo de imprenta trata de la aparición de la prensa que facilita la confianza del lector en que existe una comunidad de individuos ejecutando la misma ceremonia unificadora de lectura a pesar de que sólo conoce una porción mínima de su comunidad imaginada.[6]

La importancia del periodismo me ha llevado a analizar la escritura del gran intelectual Antonio Pedreira. Preeminente escritor e intelectual puertorriqueño del siglo XX afiliado al campo intelectual universitario académico, Pedreira se graduó de la Escuela Superior de la Universidad de Puerto Rico en 1918. Obtuvo una maestría en Artes en la Universidad de Columbia en 1926 y cursó estudios de doctorado en dicha universidad. En 1927 Pedreira fue el primer director del Departamento de Estudios Hispánicos en la Universidad de Puerto Rico. Se dedicó al periodismo durante los años veinte y fundó la revista Índice en 1929 con Samuel R. Quiñones, Alfredo Collado Martell y Vicente Géigel Polanco. Se graduó de doctorado en Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid en 1932. Pedreira publicó la mayoría de sus libros durante los años treinta. Además de Insularismo algunos de sus textos publicados en esa década incluyen: Artista (1930), Hostos, ciudadano de América (1932), Bibliografía puertorriqueña (1932), La actualidad del jíbaro (1935), El año terrible del ’87 (1937) y Un hombre del pueblo: José Celso Barbosa (1937).

Antonio Pedreira y la mayoría de los intelectuales que escribían para Índice tenían fuertes vínculos a la Universidad de Puerto Rico. El campo organizado en torno a la universidad alcanzó la hegemonía cultural e Insularismo se convirtió en “obra consagrada”. Hacia el final de la década de cuarenta el proceso de canonización culminó porque esta formulación de una identidad cultural a primera vista distanciada de la política suplementó la separación entre el nacionalismo político y cultural del emergente Partido Popular Democrático (PPD).[7] Insularismo es una obra que pertenece al canon literario puertorriqueño, sin embargo la crítica no la ha situado en los debates de la época que es fundamental para mejor entender sus argumentos, darse cuenta de la heterogeneidad interpretativa del período y posiblemente ver por qué la perspectivas articuladas en Insularismo e Índice alcanzaron legitimidad cultural más que aquéllas que pertenecieron a otros campos. Tanto Insularismo de Antonio Pedreira e Índice pertenecen al triunfante campo universitario académico que compitió con otros por legitimidad cultural durante los años veinte y treinta.

Al contario del campo universitario académico, el campo intelectual partidista tenía una ideología política vinculada explícitamente al Partido Nacionalista y su escritura se centraba en temas políticos.[8]  Algunos de los miembros importantes del partido incluyen José Coll y Cuchí, Pedro Albizu Campos, Juan Antonio Corretjer, Hugo Margenat y Clemente Soto Vélez. Fundado en 1922, el Partido Nacionalista luchaba por la independencia de Puerto Rico y no se oponía a la violencia como manera de lograrla. A pesar del hecho de que ni tuvo éxito en su meta principal ni logró el apoyo de la mayoría del país, el Partido Nacionalista tuvo un papel en varios acontecimientos dramáticos y, en algunos casos, marcados por la violencia tanto por parte del gobierno estadounidense como aquélla de los miembros del partido. Los eventos particularmente dramáticos que han dejado una marca en la historia puertorriqueña del siglo XX son “La masacre de Ponce” de 1937, “El grito de Jayuya” (1950), el ataque de 1950 en la Casa Blair con el fin de asesinar Presidente Harry S. Truman y el ataque a la Cámara de Representantes de los Estados Unidos organizado por Dolores Lebrón Sotomayor—mejor conocida como Lolita Lebrón—en 1954.

Investigaré la perspectiva nacionalista en cuanto a la cuestión de la identidad nacional puertorriqueña a través del análisis de las revistas y los periódicos que pertenecieron al campo político nacionalista. Las dos publicaciones que analizaré son La palabra y El nacionalista de Ponce—renombrado El nacionalista de Puerto Rico en 1927.[9] El fundador y director de aquélla fue Juan Antonio Corretjer (1908-1985), uno de los escritores preeminentes en las letras puertorriqueñas. Corretjer era un poeta, activista político y periodista fundamental para la causa independista en Puerto Rico. Algunos de sus trabajos más conocidos son Agüeybaná (1932), Yerba bruja (1957), Aguinaldo escarlata (1974) y La lucha por la independencia de Puerto Rico (1977). Además, Corretjer se mantuvo activo en la política del Partido Nacionalista hasta que dejo de ser parte del partido y fundó la Liga Socialista Puertorriqueña en 1962. Mientras tanto, El nacionalista de Ponce/Puerto Rico sirvió como el periódico oficial del Partido Nacionalista. La mayoría de los artículos en las dos publicaciones nacionalistas constaban de la ideología del partido político y noticias sobre acontecimientos en Puerto Rico con su relación a la lucha por la independencia. Estas dos publicaciones ofrecen representaciones radicales que continuamente hacen hincapié en la necesidad de la independencia para la restauración del pueblo. Ambas publicaciones nacionalistas eran abiertamente políticas y constantemente relacionaban la cuestión de la identidad nacional puertorriqueña a la lucha por la independencia de la isla. De esta manera, para llegar a un mejor entendimiento de Insularismo situaremos Insularismo en el contexto de debates intelectuales poniéndola en conversación con el periodismo de la época.

La crítica sobre Insularismo

Insularismo ha sido bien estudiado a lo largo de los siete décadas que han seguido su publicación. En los cuarenta años que siguieron la publicación de Insularismo, la mayoría de crítica no ofrecía interpretaciones críticas del texto canónico.  Sin embargo, en el contexto de crisis hegemónico que enfrentaba el PPD en los durante los años setenta, los intelectuales de la época volvieron a visitar el texto Pedreira de manera profundamente crítica para mejor entender su papel en lo que Ernest Gellner nombra la “alta cultura”. Insularismo e ideología burguesa en Antonio Pedreira (1979) de Juan Flores es uno de los primeros libros críticos sobre Insularismo. Flores investiga el impacto que La decadencia del Occidente (1917) de Oswald Spengler y la teoría de José Ortega y Gasset tuvieron en la llamada ideología burguesa articulada por Pedreira en el texto canónico. El libro propone que el discurso de Pedreira pertenece al movimiento “arielista” de la época a causa de que hace hincapié en la superioridad de la herencia española en Puerto Rico por medio de un argumento filosófico y clasista.[10] Insularismo e ideología burguesa recurre al occidentalismo al poner Insularismo en conservación con la tradición élite latinoamericana y las teorías predominantes en Europa en cuanto a clase y filosofía durante las primeras tres décadas del siglo XX.

Durante esta época de crítica sobre Insularismo no sólo se relacionaba el texto a la producción élite con fuertes vínculos con Europa, sino también se centraba en la tradición literaria puertorriqueña  para mejor entender el lugar de Pedreira dentro de la tradición. Un libro representativo de este enfoque en la tradición literaria nacional es Literatura y paternalismo en Puerto Rico (1993) de Juan Gelpí. Él investiga la importancia de las metáforas de la enfermedad y la familia/infantilización en la concepción de la identidad nacional en la literatura puertorriqueña, con un énfasis en Insularismo y otros textos pertenecientes a la Generación del Treinta. Su texto vincula la pérdida de la hegemonía de los hacendados decimonónicos con el cambio de poder colonial en 1898 a la preocupación de Pedreira de crear una burguesía nacional con poder interpretativo en la esfera de la cultura. La retórica y las tropas fundadores de Insularismo en el canon puertorriqueño continuamente se relacionan a aquéllas de obras literarias más recientes. Mientras que las obras de Luis Rafael Sánchez, Edgardo Rodríguez Juliá y René Marqués intentan reescribir el canon, Gelpí propone que los textos de Manuel Ramos Otero, Ana Lydia Vega y Rosario Ferré son contracanónicos.[11] Literatura y paternalismo en Puerto Rico ofrece una crítica transgeneracional que pone a Insularismo en conversación con la tradición literaria puertorriqueña para examinar cuándo y cómo el canon literario de Puerto Rico ha sido reescrito y puesto en crisis.

En el mismo año Arcadio Díaz Quiñones publica una colección de ensayos titulada La memoria rota. El ensayo “La vida inclemente”­—originalmente escrito en 1981 y revisado en 1990—conecta a Insularismo a los discursos de Luis Muñoz Marín y el PPD. Según Díaz Quiñones, Muñoz Marín institucionalizó los argumentos de la obra en apoyo de la formación del Estado Libre Asociado (ELA) debido a que Pedreira evita abiertamente criticar el régimen estadounidense al articular una identidad nacional puertorriqueña. El ensayo vincula Insularismo a la idea de la historia oficial del PPD que hace hincapié en la necesidad del progreso capitalista y la modernidad occidental y propone la idea de la tabula rasa.[12] Como ya mencioné hubo una crisis económica/política/intelectual en Puerto Rico por los años setenta que había hecho posible nuevas interpretaciones, previamente consideradas marginales, de la historia y la memoria puertorriqueña. Mientras que Literatura y paternalismo de Gelpí pone Insularismo en conversación con los movimientos literarios de Puerto Rico, “La vida inclemente” de Díaz Quiñones investiga cómo la obra se relaciona a los movimientos políticos y económicos que ocurrieron en el país.

El número 22 de la Revista de Estudios Hispánicos (1995) contiene una sección en conmemoración a Insularismo en el aniversario de su publicación. La sección contiene artículos que ofrecen nuevas interpretaciones de la obra canónica. Un interesante ensayo que aparece en esta edición es “Los Aterrizajes de Antonio S. Pedreira” de José Juan Beauchamp. El crítico propone que los “Aterrizajes” de Insularismo—la sección editorial usualmente escrita por Pedreira que aparecía en el principio de cada número de Índice—sirvieron tanto el pretexto como la comprobación de la obra en su “visión espiritualista ecléctica” en cuanto a la cuestión de la identidad nacional puertorriqueña.[13] Los Aterrizajes se caracterizan como pretexto porque la retórica, las metáforas y los conceptos fundamentales de Insularismo primero aparecen de modo embrionario en esta sección editorial. Además, aquéllos también están caracterizados como la comprobación de la obra de Pedreira a causa de que marcan el proceso de refinamiento de los argumentos que luego aparecerán en Insularismo. Al interpretar Insularismo, “Los Aterrizajes de Antonio S. Pedreira” mira hacia el pasado para animar el contexto de la obra y su vínculo a Índice.

La cuestión colonial es un tema que ha aparecido más recientemente en la crítica sobre Insularismo. Arcadio Díaz Quiñones es uno de los críticos que han investigado cómo Pedreira maneja la identidad nacional puertorriqueña dentro del sistema colonial estadounidense. La sección titulada “La brega” que aparece en El arte de bregar (2003) argumenta que Pedreira bregó con la hispanidad y lo estadounidense en el intento de superar la condición colonial de Puerto Rico.[14] “La brega” está dividida en tres capítulos: “De cómo y cuándo bregar”, “La Pasión, según Albizu” y “Pedreira en la frontera”. En el primer capítulo, Díaz Quiñones vincula la palabra a las transformaciones dramáticas del siglo XX que ocurrieron en la isla con el proceso de urbanización y la resultante emigración masiva a los Estados Unidos. El segundo capítulo ofrece un comentario sobre la vida de Pedro Albizu Campos y los elementos religiosos en su ideología. “Pedreira en la frontera”—el último y más pertinente capítulo a mis investigaciones—trata de la relación entre los argumentos de Pedreira en Insularismo y la política progresista/modernizadora de Luis Muñoz Marín. Díaz Quiñones propone que Pedreira bregó con la hispanidad y lo estadounidense en el intento de manejar, más que poner fin, la condición colonial de Puerto Rico. El capítulo concluye argumentando que Muñoz Marín promovió la interpretación de Pedreira debido a que complementó la política del PPD.

El arte de bregar no es el único trabajo de Díaz Quiñones que trata de la retórica colonial en Insularismo y su relación a la agenda política del PPD. El capítulo “Ramiro Guerra y Sánchez (1880-1970) y Antonio S. Pedreira (1898-1939): el enemigo íntimo” de Sobre los principios (2006) hace hincapié en el rol de la juventud letrada en dirigir la nación puertorriqueña y comenzar un nuevo comienzo/principio. Mediante el análisis de las metáforas del viaje, la insularidad y la infancia, Díaz Quiñones argumenta que el texto de Pedreira propone un nuevo comienzo/principio ambivalente en cuanto a la problemática de la identidad porque crítica el colonialismo mientras que enfatiza “la ‘superioridad’ de la civilización ‘occidental’ y su tradición de exclusiones”.[15] De este modo, el capítulo duda la posibilidad de la literatura anticolonialista de lograr una ruptura bien definida con los discursos vinculados al colonialismo. Es decir, el coloniaje resulta en efectos psicológicos que informa hasta los discursos supuestamente anticoloniales.

Una colección de ensayos sobre la literatura puertorriqueña del siglo XX titulada Modernidad literaria puertorriqueña (2005) de Luis Felipe Díaz también trata de la cuestión colonial. Los ensayos más pertinentes para mi estudio son “La metáfora y la metonimia en Insularismo de Antonio S. Pedreira” y “El ingreso a la modernidad en Insularismo de Antonio S. Pedreira”. Semejante a lo que Díaz Quiñones propone que en El arte de bregar, éste trata de la manera en que Pedreira maneja la cultura hispánica y norteamericana por medio de sus metáforas. Mientras tanto, aquél investiga los múltiples “autores implícitos” y el lector ideal en Insularismo. Díaz argumenta que existen tres autores implícitos en la obra de Pedreira: el capitán, el hacendado y el maestro. La presencia de estas voces es el resultado del “proceso de marginación de las inteligencias nacionales”.[16] De ahí Díaz divide los lectores en dos campos: los lectores ideales que pueden compartir en la visión patriarcal/burguesa de Pedreira y los “anti-lectores” que representan la tendencia interpretativa desde los años setenta de reprochar muchos elementos de la obra. Por medio de las metáforas y la retórica empleadas en Insularismo, el ensayo plantea que Pedreira argumenta a favor de una burguesía imaginaria que obtendrá hegemonía cultural sin amenazar el poder estadounidense en cuanto al status político y la economía. Según Díaz, los lectores ideales de Insularismo son las personas que pertenecerán a esta burguesía cuando no sea imaginaria en el futuro.

El trabajo que más me ha influido es “Crítica literaria y debates políticos en Puerto Rico (1930-1956)” (2002) de Juan G. Gelpí. Similar a lo que hemos visto en el ensayo de Beauchamp, Gelpí explícitamente establece un vínculo entre Insularismo y la revista Índice. Gelpí propone que la Generación del Treinta se podría describir como una comunidad interpretativa con cierta homogeneidad que representan “el primer grupo de críticos modernos” en Puerto Rico.[17] Este contexto modernizante de debates resultó en la proliferación dramática de revistas en las cuales escribían los treintistas. La revista más importante fue Índice que Gelpí representa como la “incipiente modernización” de las letras puertorriqueñas.[18] El ensayo enfatiza que habrá que estudiar de modo riguroso las revistas culturales publicadas durante los años veinte y treinta para poder mejor entender la literatura del período, especialmente aquella de la Generación del Treinta. Mis investigaciones intentan llegar ese vacío. Falta en la crítica un riguroso análisis de Insularismo en el contexto de debate periodista de que emergió la obra. Para mejor entender la retórica y los argumentos del texto es fundamental localizarlo dentro de los campos intelectuales de la época. La crítica no se ha fijado en investigar cómo Insularismo se relaciona a los campos intelectuales demostrados en las revistas y los periódicos publicados durantes las décadas del veinte y treinta. A eso es lo que se dedica este ensayo sobre Insularismo de Antonio S. Pedreira.

El campo intelectual universitario académico

Aunque existían novelas, revistas y periódicos desde la mitad del siglo XIX en Puerto Rico, se podría decir que la tradición imprenta no adquiere prominencia hasta los años veinte. Hubo una proliferación de revistas y periódicos en que distintos campos intelectuales formulaban sus propias articulaciones en cuanto a la identidad nacional puertorriqueña. La revista que ya hemos mencionado, Índice, es una de las publicaciones que analizaremos en este trabajo de investigación. Publicado entre 1929 y 1931, Índice constaba de crítica sobre las esferas de arte, literatura, historia y ciencia de Puerto Rico. La cuestión de “personalidad” puertorriqueña era una gran preocupación para los intelectuales que escribieron por la revista. Como veremos en esta sección, los intelectuales académicos que contribuyeron artículos para la revista tendieron a formular una perspectiva de la identidad nacional puertorriqueña que eludió cuestionar el régimen colonial estadounidense.

La revista originalmente era dirigida por Antonio S. Pedreira, Samuel R. Quiñones, Vicente Géigel Polanco y Alfredo Collado Martell. Samuel R. Quiñones era uno de los políticos y escritores puertorriqueños más destacados del siglo XX. Fue presidente de la Cámara de Representantes de Puerto Rico durante los años 40 y sirvió como presidente del Senado de la isla entre 1949 y 1968. Además, Quiñones era un escritor muy activo que se dedicaba a la poesía y la ensayística. La mayoría de sus ensayos tratan de la permanencia de la cultura hispánica en Puerto Rico y ofrecen una afirmación rigurosa de la patria.[19] Similar a Samuel R. Quiñones, Vicente Géigel Polanco bregaba tanto en la política como en la escritura. Géigel Polanco era un líder del PPD hasta que hubo una ruptura permanente entre él y Muñoz Marín en 1951.[20] Dos de las importantes publicaciones de Géigel Polanco incluyen El despertar de un pueblo (1942) y La farsa del Estado Libre Asociado (1951). El escritor más prolífico de la revista fue Pedreira quien, además de redactar una columna regular, escribió la mayoría de los “Aterrizajes”—la sección preliminar introductiva que aparece en el principio de cada número—de la revista. Los Aterrizajes plantean los temas argumentativos de cada número de la revista y, como hemos visto en “Los Aterrizajes de Antonio S. Pedreira” (1995) de José Juan Beauchamp, formaron tanto los antecedentes como la ensayos experimentales de Insularismo.[21]

El Aterrizaje del segundo número de Índice merece consideración debido a que describe la misión principal de la revista. “Aterrizajes: nuestra encuesta” articula que el objetivo es “Valorar, definir, orientar: eso queremos, y sin rodeos eufemistas, planteamos el problema: ¿somos o no somos? ¿Qué somos y cómo somos?” con un énfasis en el “plano puramente cultural”.[22] Es fundamental enfatizar existe una separación entre las esferas de la cultura y la política en que fenómeno de la orientación mencionado es fundamentalmente cultural más que político. Lo que se entiende por la cultura se puede deducir cuando se plantean de manera más amplia las preguntas guiadoras de la revista: “1—¿Cree usted que nuestra personalidad como pueblo está completamente definida? 2—¿Existe una manera de ser inconfundible y genuinamente puertorriqueña? 3—¿Cuáles son los signos definitorios de nuestro carácter colectivo?”. [23] La utilización de los términos “personalidad” y “carácter” hace hincapié en la importancia de las áreas inmateriales de la mentalidad y los sentimientos en el concepto cultural empleado de la puertorriqueñidad. Se podría decir que al conectar la búsqueda de la identidad cultural al acto de definir la “personalidad” y el “carácter” de Puerto Rico podemos ver que la cultura se entiende como una manifestación psicológica particular.

La primera sección de Insularismo, titulada “La brújula del tema”, aclara el entendimiento psicológico de la identidad cultural puertorriqueña. Pedreira escribe que el texto responde a las preguntas planteadas en Índice con el objetivo de “recoger los elementos dispersos que laten en el fondo de nuestra cultura, y sorprender los puntos culminantes de nuestra psicología colectiva”.[24] Al ofrecer su repuesta a las preguntas “¿qué somos? ¿cómo somos?” Pedreira privilegia una concepción psicológica de la cultura. Pedreira argumenta que por medio de identificar la psicología nacional de Puerto Rico se puede definir la identidad puertorriqueña y, al final, forjar una idea de la nación en el plano cultural. Este proceso de identificación, definición y recopilación de lo cultural en la definición de la nación es lo que entiende por la orientación. Ahora analizaremos cómo se describe el pueblo desorientado en Insularismo e Índice.

Desde el principio de Insularismo Pedreira describe a Puerto Rico como país desorientado. Por un lado, el contenido del libro continuamente refiere a la desorientación de Puerto Rico. La cantidad de veces en que aparece la palabra demuestra que su utilización es ni fortuito ni sin sentido. Por otro lado, la estructura de Insularismo también enfatiza la desorientación de la patria. La primera sección—titulada “La brújula del tema”—se puede considerar el preámbulo del texto. Como ya hemos discutido, Pedreira describe su intento argumentativo de identificar y definir la personalidad puertorriqueña en la sección. El título es significativo porque a través del imagen de la brújula sugiere que el país está perdido y en necesidad de ayuda para dirigirse con relación al tema de la identidad. Además, “El rumbo de la historia”—la tercera sección del libro—propone una representación de la nación semejante. La sección consta de los siguientes capítulos cuales invocan la idea de la desorientación: “Levando el ancla”, “Buscando el puerto”, y “Intermezzo: una nave al garete”. Podemos ver que Pedreira estructura secciones de Insularismo por medio de metáforas náuticas cuales enfatizan el concepto del extravío.[25] Estas metáforas náuticas figuran Puerto Rico como nación perdida en necesidad de la orientación. Tanto en el nivel estructural como el contenido Insularismo representa Puerto Rico como país desorientado.[26]

La articulación de un Puerto Rico desorientado se ve a lo largo de Índice. Hasta el propio nombre de la revista hace referencia al problema de la desorientación. Titular la revista Índice invoca tanto una lista ordenada de capítulos, artículos, libros o materiales que aparece en un texto para dirigir los lectores como el dedo que apunta. El título supone que la revista dirigirá lectores previamente perdidos. El proyecto orientador se hace explícito desde el Aterrizaje del segundo número en que Pedreira articula que el objetivo de la revista es buscar “orientación y sentido para nuestro itinerario hacia el porvenir”.[27] La revista también emplea metáforas náuticas en varias instancias para hacer hincapié en la desorientación de Puerto Rico. Un ejemplo se encuentra en el artículo titulado “Aterrizajes: el nuevo rector de la Universidad” cuando Pedreira describe la importancia de la posición de rector de la Universidad de Puerto Rico:

INDICE que postulo la candidatura de un nativo de la isla para dirigir culturalmente nuestra Universidad, espera que el nuevo Rector despeje el ambiente extranjerizado de esa institución que es nuestra alma, y que logre impulsar por los derroteros infalibles de la creación, la nave de donde han de emerger los estructuradores del porvenir; de un porvenir amplio recto, altivo y digno.[28]

Pedreira utiliza la metáfora del nave con relación a la importancia dirigente de la universidad. Al presentar la nave como lugar donde los “estructuradores del porvenir” todavía no han emergido se puede concluir que el pueblo está desorientado porque a causa de que falta dirección. Más luego entraremos en la cuestión de quién dirigirá este nave mas para ahora es importante notar que Índice e Insularismo continuamente plantean la nación como desorientada con frecuencia a través de metáforas náuticas. Ya que hemos establecido que Insularismo e Índice representan Puerto Rico como desorientado investigaremos cómo la desorientación se manifiesta en el plano cultural.

La caracterización de puertorriqueños como seres dóciles se encuentra en la literatura relacionada a Puerto Rico desde la publicación de Historia geográfica, civil y natural de la isla de San Juan Bautista de Puerto Rico (1788) de Fray Íñigo Abbad y Lasierra. La escritura de Pedreira no es una excepción en su representación. Por medio de la retórica del determinismo tanto Insularismo como Índice plantean la docilidad como marca de la identidad cultural puertorriqueña. En primer lugar, la idea de la insularidad aparece como un factor determinante en la formación de los puertorriqueños. Eso se ve en el pensamiento de Pedreira cuando resume el concepto de la insularidad: “Este apocamiento geológico, unido a la difícil posición geográfica, al clima enervador […] opera en nuestra psicología colectiva con un sentido angostador y deprimente”.[29] La insularidad describe la imposibilidad de expansión horizontal debido a la falta de tierra, la predisposición de Puerto Rico a tormentas violentas y su clima húmedo y caliente. Mientras que el clima apaga la voluntad del ser puertorriqueño, las condiciones geográficas se describen como femeninas para enfatizar su vulnerabilidad frente a catástrofes naturales.[30] Estas condiciones también resultan en su aislamiento del resto del mundo. La idea de la insularidad vinculada a la docilidad puertorriqueña se encuentra a lo largo de las publicaciones de Índice, particularmente en los Aterrizajes de Pedreira.[31] La personalidad del pueblo está identificado como dócil a través de la representación del concepto de la insularidad como factor fundamental en la eliminación del brío puertorriqueño.

La insularidad no es el único factor representado como determinante en la docilidad puertorriqueña. También se la atribuye a la mezcla racial en Puerto Rico. Insularismo caracteriza el mestizaje como “una guerra civil biológica” que ha resultado en el “no man’s land de nuestra vida social”.[32] La metáfora de la guerra se usa para describir la destrucción social atribuido a la heterogeneidad racial y el siguiente mestizaje. Es evidente que la guerra mencionada por Pedreira refiere a las ramificaciones psicológicas de la mezcla racial cuando explica que “De esta fusión parte nuestra con-fusión”.[33] Por todo el discurso racialista de Pedreira, la raza blanca—que consta de criollos y jíbaros—se representa como antagónica y superior a los negros, mulatos, mestizos y grifos.[34] La combinación dos razas antagónicas y desiguales ha resultado en la “con-fusión” del ser puertorriqueño. Es decir, la mezcla racial contribuye al carácter de Puerto Rico como dócil debido a que implica una actitud indecisa y displicente. Mientras que el determinismo presentado en Insularismo es doble a causa de que es tanto biológico como geográfico/climatológico, Índice centra en éste. A pesar de esa diferencia, Índice e Insularismo emplean discursos recurriendo al determinismo para representar la personalidad puertorriqueña como dócil.

Índice y Pedreira emplean un sistema de metáforas para mejor captar la personalidad dócil del ser puertorriqueño. Pedreira estratégicamente divide la evolución del país en tres etapas: nacimiento y vacilación bajo el régimen español desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII, diferenciación con la germinación de un carácter particular durante el siglo XIX, y transición como consecuencia de la implementación del régimen colonial estadounidense a partir del año 1898. Pedreira caracteriza el cambio de poder colonial como momento profundamente traumático para Puerto Rico en que “nuestro natural desarrollo sufrió un síncope”.[35] Como vemos en la cita Pedreira representa Puerto Rico como país enfermo a través del imagen de la pérdida del conocimiento con la parada de la acción del corazón. La conexión discursiva entre la pérdida espontánea del conocimiento y la transición de 1898 es sólo una de las innumerables referencias a la enfermedad colectiva en Insularismo. Además de síncope, otras metáforas de la enfermedad que aparecen en Insularismo son la depresión, la pulmonía, la jaqueca, la diabetes, la anemia y la retardación. Una buena parte de las enfermedades utilizadas como metáforas en el texto tienen que ver con la psique.

Las metáforas de la enfermedad también se presentan a lo largo de las publicaciones de Índice. Un ejemplo se encuentra en la repuesta de Manual Rivera Ramos a las preguntas “¿Qué somos? ¿Cómo somos?” del segundo número de la revista. Después de negar la existencia de una personalidad puertorriqueña completamente definida Rivera Ramos presenta una concepción de la historia puertorriqueña muy similar a aquélla de Pedreira. Rivera Ramos argumenta que el cambio de poder colonial del 1898 marca el comienzo de “un periodo de transición” resultando en “cambios y mutaciones operadas en el ambiente [que] han retardado la cristalización definitiva de lo que se entiende por carácter”.[36] La metáfora de la retardación ilustra la enfermedad psicológica y temporal de Puerto Rico prohibiendo su desarrollo normal como pueblo hacia un fin. Como hemos visto, metáforas de la enfermedad psicológica continuamente se emplean tanto en Insularismo como en las columnas de Índice para representar la nación puertorriqueña como subdesarrollada psicológicamente y temporalmente.

Insularismo e Índice no sólo caracterizan la isla como dócil por medio de vincularla a enfermedades psicológicas sino también utilizan la metáfora de la niñez para apoyar su argumento. El Aterrizaje del intelectual español Samuel Gili Gaya titulado “Aterrizajes: Cultura e Hispanoamericanismo” de la edición publicada el 13 de junio de 1930 merece consideración debido al vínculo que establece entre Puerto Rico y la docilidad. Samuel Gili Gaya (1892-1976) era un lingüista español de mucha influencia. Su obra se centraba en la gramática, fonética y lexicografía de la lengua española y fue elegido miembro de la Real Academia Española en 1961.  Él también era muy activo en la enseñanza universitaria y fue catedrático en varias universidades en España y las Américas. El Aterrizaje de Gili Gaya hace hincapié en la necesidad tanto de Puerto Rico como del resto de América Latina de crear su propio espíritu. Más que “aceptar un papel pasivo e incoloro de PUENTE” entre la cultura española y anglosajona, Puerto Rico debe “crear el meridiano propio” debido a que “la cultura nace de dentro”.[37] El Aterrizaje particularmente critica el hecho de que Puerto Rico ha adoptado estilos de los Estados Unidos sin establecer su propio camino. Al atribuir la falta de desarrollo completo en lo cultural en Puerto Rico a la pasividad del país, Gili Gaya representa la isla como una entidad dócil de manera relativamente indirecta.

El intelectual español conecta la docilidad puertorriqueña a una metáfora de la niñez en el último párrafo del Aterrizaje. A pesar de que plantea que los países de América Latina—incluyendo a Puerto Rico—tienen que crear sus propias culturas, Gili Gaya argumenta que es necesario que siguen el liderazgo maternal de España sin que sean dóciles. En el medio del último párrafo Gili Gaya propone que “España, que sabe siempre situarse en el espíritu, no puede querer una América uniforme y dócil a la dirección de su pensamiento, sino que funde su gloria maternal en la personalidad de cada uno de sus hijos”.[38] Un ejemplo de cómo seguir el ejemplo maternal de España sin ser dócil se puede encontrar en el papel de la lengua española en los países latinoamericanos. El argumento de Gili Gaya implica que América Latina debe retener la utilización de español sin despreciar las variaciones regionales de la lengua. Las palabras utilizadas por el intelectual español—principalmente “hijos” y “maternal”—enfatizan la condición infantil de Puerto Rico y el resto de Latinoamérica. El problema que señala es que los países están siguiendo el “monroísmo intelectual” como si fueran hijos de los Estado Unidos.[39] Más que seguir los Estados Unidos de manera dócil como si fuera la figura materna de la región, Puerto Rico y el resto de América Latina debe mirar hacia España al crear sus propias culturas. Mientras que Gili Gaya argumenta a favor del desarrollo latinoamericano, él caracteriza las naciones perteneciendo a la región como niños dóciles en necesidad del soporte maternal de España. “Aterrizajes: Cultura e Hispanoamericanismo” sólo es uno de los incontables artículos de Índice que usan la metáfora de la niñez para representar Puerto Rico como país dócil.

Por todo Insularismo la metáfora de la niñez aparece en la representación de la personalidad puertorriqueño dócil. En un momento Antonio Pedreira critica la “vieja niñez prolongada hasta el presente” que existe en Puerto Rico.[40] A pesar de que la historia de la isla se remonta miles de años antes de la llegada de los españoles, casi cuatrocientos años bajo el imperio español y 36 años bajo la dominación estadounidense en el momento en que el texto fue publicado, la isla todavía no ha madurado como nación mientras que una gran cantidad de naciones coloniales lo han hecho durante un período similar. Pedreira continúa en la siguiente página criticando la “actitud infantil” del país.[41] En el vocabulario utilizado en Insularismo e Índice existe una tendencia de vincular Puerto Rico a la niñez permanente. Por consiguiente, podemos ver que el texto canónico de Pedreira y la revista cultural identifican la personalidad puertorriqueña como profundamente dócil a través de una retórica determinista sistemáticamente recurriendo a las metáforas de la enfermedad psicológica y la infancia prolongada.

Como hemos dicho en el la sección anterior el ensayo titulado “La metáfora y la metonimia en Insularismo de Antonio S. Pedreira” Luis Felipe Díaz identifica tres autores implícitos en el texto. Las autoridades presentadas son las siguientes: el capitán, el hacendado y el maestro. Se puede hablar del autor implícito del capitán debido a las constantes metáforas que se refieren a la navegación. Estas metáforas enfatizan la desorientación del pueblo y su gente, de ahí el texto presenta el imagen del capitán como autor retórico que dirige. En alusión a la pérdida de hegemonía de los hacendados por los años treinta, el hacendado superará el determinismo geográfica y geológica vinculado al concepto de la insularidad. Mientras tanto, a causa de las innumerables metáforas que caracterizan la gente de Puerto Rico como seres infantiles, se puede hablar del maestro que se encargará del desarrollo de estos supuestos niños. La autoridad del maestro está vinculado a la idea de la docilidad como marca de la identidad nacional puertorriqueña. A pesar de la utilidad del argumento de Díaz, él pasa por alto la importancia de la metáfora de la enfermedad psicológica. Si hubiera considerado las enfermedades empleadas para describir la condición de Puerto Rico, el doctor/psicológico hubiera sido incluido en la lista de autores implícitos. Ahora que hemos señalado quiénes son los autores implícitos de Índice e Insularismo en la próxima sección analizaremos quiénes orientarán a Puerto Rico según esta concepción de la nación.

El último capítulo de Insularismo—titulado “Juventud, divino tesoro” en alusión al poema “Canción de otoño en primavera” de Rubén Darío—argumenta que la orientación se conseguirá en la juventud letrada puertorriqueña. Al fin del capítulo Pedreira escribe: “Podéis pensar, jóvenes de mi tiempo, que la historia empieza ahora, que sois vosotros los llamados a llenarla, a darle el contenido ideal que todo hombre puro quisiera para su patria”.[42] Existe cierto optimismo paradójico en que la patria se plantea como completamente desorientada mientras que también se describe su futuro como lleno de esperanza. Aunque los jóvenes son la gente encargada de crear una nación orientada de los elementos dispersos culturales queda explícito que todavía no lo han hecho. La utilización de la segunda persona plural del presente indicativo en forma de “vosotros” es importante porque implica que el lector deseado pertenece a una clase hispanófila de élites. El concepto de la diglosia describe el fenómeno que vemos aquí en que intelectuales adoptan formas lingüísticas que no pertenecen a su propio dialecto o lengua.[43] De este modo, semejante a lo que Luis Felipe Díaz articula en su ensayo, es evidente que el texto se dirige a un grupo intelectual imaginaria de élites en formación. Esa clase orientará a Puerto Rico según Pedreira.

Además, Antonio Pedreira formula un argumento similar en Índice. Volvemos a “Aterrizajes: el nuevo rector de la Universidad” para demostrar ese punto. Por todo el artículo Pedreira enfatiza la importancia de la Universidad de Puerto Rico en crear un grupo intelectual orientador. Pedreira escribe que el labor de la Universidad “es de creación, de logro, de realización. La Universidad ha de ser conservador exigente de nuestro tesoro psíquico, de nuestro legado histórico, de nuestro fisonomía hispánica”.[44] El “tesoro psíquico” que Pedreira describe es ningún otro que la juventud. El objetivo de la Universidad es crear un grupo de hombres grandes de la juventud, de ahí la importancia de la educación para Índice.[45] La orientación no implica una pérdida de la herencia española, al contrario es fundamental preservarla por media de la institución de la Universidad de Puerto Rico. La orientación representada en Insularismo e Índice trata de la superación de la docilidad de lo cual impide la formación de una nación fuerte. El grupo élite de intelectuales afiliados con la Universidad es la fuerza que orientará a Puerto Rico desde la docilidad hacia la creación y acción de acuerdo con la ascendencia española del pueblo. Tanto Insularismo como Índice son emblemáticos de un campo universitario sanjuanero que vincula Puerto Rico a la docilidad para argumentar a favor de la creación de una clase de élites que orientará el pueblo de acuerdo con la herencia hispánica.

Esta concepción hispanófila de la personalidad puertorriqueña no implica que Índice e Insularismo se oponen al régimen colonial estadounidense en Puerto Rico. Como hemos mencionado previamente,3 ambos evitan deplorar los aspectos políticos, económicos y legales del colonialismo al exponer un nacionalismo cultural. Pedreira emplea una distinción entre la civilización y la cultura: “La civilización es horizontal; la cultura, vertical […] hoy somos más civilizados, pero ayer éramos más cultos”.[46] Mientras que ésta describe el subsuelo espiritual psicológico que hemos analizado a través del eje la desorientación, aquélla refiere a las esferas de la economía, tecnología, transporte, etcétera. Índice e Insularismo reconocen la importancia del acceso al merado estadounidense mientras intentan consolidar su control en la esfera de la cultura por medio del establecimiento de un grupo hegemónico de élites. Por eso representan el pueblo como psicológicamente desorientado sin abiertamente criticar la industrialización incipiente que ocurrió durante los años 30.[47] El campo universitario sanjuanero a lo cual pertenecen Insularismo e Índice argumenta por una modernidad a favor de la continuación de la industrialización incipiente y explícitamente hace un llamado para la formación de una clase de élites asumiendo poder en asuntos culturales. Por consiguiente, la orientación planteada por este específico campo trata de la consolidación parcial de poder intelectual dentro del régimen colonial estadounidense a través del nacionalismo cultural.

A pesar de eludir cuestiones políticas, el concepto del nacionalismo cultural, dirigido por una clase emergente de élites, articulado por el campo universitario a que pertenece Pedreira y sus colegas de Índice no se puede describir como apolítica. La interpretación treintista de la nación que hemos visto tiene un objetivo político: consolidar el poder de una clase de élites cuyo hegemonía se encontraba en crisis durante los años treinta. La Generación del Treinta enfocó en la cultura para lograr ese intento de modo parcial ya que consolidar hegemonía completa en todas las esferas de la sociedad puertorriqueña era improbable bajo el régimen colonial estadounidense. Es decir, mejorar su posición dentro el régimen colonial fue el motivo fundamental de formular una interpretación de la cultura separada de la cuestión política en necesidad de orientación élite. Esta visión de la identidad cultural puertorriqueña fue utilizada por Luis Muñoz Marín y los intelectuales que pertenecieron al Partido Popular Democrático durante los años cincuenta para justificar la creación del Estado Libre Asociado.[48] La interpretación de la puertorriqueñidad de este campo intelectual no se puede separar de sus motivos políticos.

El campo intelectual del Partido Nacionalista

Tanto La palabra como El nacionalista de Ponce/Puerto Rico fueron fundados con un objetivo principal: concienciar a los puertorriqueños en la lucha por la independencia de Puerto Rico. Al contrario de Insularismo e Índice, los dos periódicos nacionalistas eran profundamente políticos en su insistencia en la necesidad de la libertad puertorriqueña del dominio colonial estadounidense. El artículo “Pauta” que aparece en el primer número de La palabra en la sección preliminar del periódico—escrita por Juan Antonio Corretjer y titulada “Dice el Director…”—plantea el motivo de la publicación de manera sutil: ““LA PALABRA” sale al campo ardido de la lucha para defender la causa de la independencia de Puerto Rico, como factor preparatorio de la Revolución”.[49] El periódico se presenta como la vanguardia revolucionaria en la lucha en contra del régimen colonial estadounidense. Según Corretjer, bajo el liderazgo de La palabra en la causa nacionalista habrá una revolución anticolonial en Puerto Rico. Mientras tanto, El nacionalista de Ponce/Puerto Rico también continuamente enfatiza el intento político del periódico. La mayoría de los artículos del periódico tratan de la situación del movimiento independista en Puerto Rico y los acontecimientos asociados al Partido Nacionalista. La perspectiva en cuanto a la identidad nacional puertorriqueña formulada por los nacionalistas no se puede separar de la falta de soberanía política bajo el colonialismo estadounidense. Analizaremos cómo se entrelazan la concepción nacionalista de la identidad puertorriqueña y la situación política de la isla en los periódicos que hemos identificado.

La edición del periódico publicada el viernes 15 de agosto de 1930 vincula el motivo del El nacionalista a la lucha del Partido Nacionalista. El presidente del Partido Nacionalista, Pedro Albizu Campos, escribe en una carta dirigida a Arturo Gallardo que “El Nacionalismo se denomina Partido político solamente por razones que imponen la necesidad de orientar en forma adecuada la opinión de País”.[50] Albizu Campos es uno de los políticos revolucionarios más importantes y conocidos de Puerto Rico. En 1924 se afilió al Partido Nacionalista y asumió la posición de presidente del partido en 1930. Durante la década del treinta Albizu Campos organizó varias huelgas contra industrias estadounidenses. Él dedicó su vida a la causa de la independencia en lo cual resultó en su muerte en 1965 como afecto de los experimentos de radiación que sufrió en prisión durante los años 50 y 60. Al proponer que es necesario orientar la opinión de Puerto Rico con respecto a su situación política, el intelectual revolucionario vincula el nacionalismo articulado por el Partido Nacionalista a un concepto particular de la orientación. Como hemos visto en la sección previa, el campo universitario a lo cual pertenecieron Antonio Pedreira y muchos de los intelectuales que escribían por Índice también empleaba la noción de la orientación. Sin embargo, la orientación articulada por los nacionalistas tiene otro significado con distintas connotaciones.

Similar a lo que Pedro Albizu Campos articula en su carta, Juan Antonio Corretjer escribe, aunque de manera más fuerte,  sobre la conexión entre la orientación y el nacionalismo revolucionario en el “Dice el director” titulado “Lea “La palabra” siempre” que aparece en la portada del quinto número de La palabra. En la primera parte—titulada “La táctica de la incertidumbre”—del articulo, Corretjer observa que “Así, hoy, el estado colonial es una conjetura —una conjetura diabólica entre cuyos puntos pardos sólo se alcanza a ver, diafanamento, de un lado, la felina dentadura del imperialismo que ríe; del otro, el puño […] del Nacionalismo que orienta”.[51] El problema de la desorientación se representa en la cita por medio de una retórica religiosa en que el imperialismo y el siguiente colonialismo encarnan la oscuridad maligna. Al nivel metafórico, la desorientación trata del estado diabólico del colonialismo a lo cual Puerto Rico está sometido a bajo el régimen estadounidense. Más que describir un proceso pacífico se podría articular que la orientación está vinculado a una violencia altamente idealizada.[52] En los párrafos que siguen aclararemos las implicaciones del concepto respectivo de la orientación articulado por los nacionalistas en los años veinte y treinta.

El artículo “La filosofía del derrotismo y la orientación verdadera”—publicado en el día 29 de agosto de 1930 en el Nacionalista de Ponce/Puerto Rico—de Arturo O’Neill emplea el concepto de la orientación al proponer una interpretación ambivalente de la identidad nacional puertorriqueña. En algunos momentos del artículo O’Neill hace referencia a la retórica empleada por Pedreira e Índice al interpretar la puertorriqueñidad. Un ejemplo se encuentra cuando vincula el determinismo histórico a entendimientos actuales de la situación de Puerto Rico: “Resulta interesantísimo observar cómo la idea de nuestra pequeñez territorial, de nuestras limitaciones económicas y de nuestras negativas facultades políticas se han internado de tal manera en nuestra espíritu que todo en él se ha contagiado de limitación y de penuria”.[53] El concepto del determinismo no sólo ha resultado en un entendimiento del ser como miserable y en constante carencia sino también ha afectado el espíritu el pueblo en un proceso de internación que ha llevado los puertorriqueños a la miseria. Más adelante O’Neill escribe sobre la importancia de los “grandes hombres” en el arreglo del espíritu puertorriqueño.[54] Al nivel superficial parece que el argumento de O’Neill es profundamente similar a aquél de Índice e Insularismo a causa de la conexión establecida entre el determinismo y la identidad nacional puertorriqueña y el énfasis puesto en los “grandes hombres” que orientarán la nación.

A pesar de las similitudes presentes en las versiones de la identidad puertorriqueña construidas por O’Neill y los intelectuales asociados con Índice, el concepto de la orientación en juego en “La filosofía del derrotismo y la orientación verdadera” es distinto. Al contario de Insularismo e Índice, el artículo no necesariamente propone que la desorientación viene de los aspectos geográficos que resultan en la docilidad de Puerto Rico. O’Neill argumenta que la desorientación viene como resultado de la internación de la idea del determinismo geográfico más que el resultado de una condición preordinada. De este modo, él culpa el concepto del determinismo geográfico por la desorientación en vez de una realidad geográfica verdadera. Al articular una idea de la desorientación, O’Neill recurre a la conexión entre la puertorriqueñidad y la política: “Demandar nuestra independencia patria, enérgicamente, escudados en nuestros derechos inalienables, sobre el basamento de la razón y de la conveniencia pública, nos parece sencillamente una locura, para algunos, una locura peligrosa”.[55] La cita atribuye la falta de movimientos políticos independistas en Puerto Rico a la influencia de la idea del determinismo geográfico que ha llevado a los puertorriqueños a pensar que lograr la independencia no es posible. Al raíz del problema de la desorientación está la cuestión del status político de la isla para O’Neill. La orientación involucra el paso a la independencia del colonialismo en Puerto Rico.

José Paniagua Serracante también brega con la dinámica entre la política y la identidad en la desorientación en el artículo “Filosofía del nacionalismo” que apareció en el Nacionalista de Ponce/Puerto Rico el día primero de noviembre de 1930. Paniagua Serracante presenta una distinción entre la nacionalidad interna y externa marcada por una discrepancia enorme. El intelectual desarrolla la dinámica entre las dos versiones de la nacionalidad en la siguiente cita:

Solamente hay dos modos de expresarse esa personalidad. Interno y Externo. Puerto Rico es un núcleo histórico con todos los atributos característicos de una nacionalidad. Es una nacionalidad. Espíritu, lengua, usos, costumbres, historia. Sólo le falta su expresión externa. Y eso se traduce en personalidad internacional. No habrá personalidad internacional, si no hay soberanía nacional. Y para que haya soberanía nacional, no vale enunciarlo comprenderlo y quererlo. Sino que es preciso consagrarse a ella.[56]

La nacionalidad interna refiere a los aspectos de un país que hacen que los pobladores piensen que son diferentes de los demás. Como Paniagua Serracante explica, estos aspectos internos incluyen el lenguaje, las costumbres, la historia y maneras de ser. En otras palabras, la nacionalidad interna encarna el espíritu único del pueblo.

La nacionalidad externa describe la soberanía nacional que Puerto Rico sin duda no tuvo en las décadas del veinte y treinta bajo el régimen estadounidense colonial.[57] Para tener un nacionalidad externa, Paniagua Serracante propone que es necesario que la isla tenga lo que titula una “personalidad internacional”, un concepto que sugiere la reorganización de Puerto Rico como estado-nación y el siguiente reconocimiento mundial de ese status político. Más que los aspectos internos de la puertorriqueñidad es la nacionalidad externa que el nacionalismo aspira orientar: “El nacionalismo aspira y quiere para Puerto Rico su soberanía nacional. Es decir, desea que Puerto Rico deje de ser pueblo a medias para que sea pueblo completo”.[58] Como ya hemos visto en varias columnas de La palabra y El Nacionalista de Ponce/Puerto Rico, el objetivo final del nacionalismo es lograr la autodeterminación de Puerto Rico que resultará en su independencia del dominio colonial estadounidense. Tanto Paniagua Serracante como los otros intelectuales afiliados al Partido Nacionalista que hemos discutidos separan los rasgos externos de los aspectos internos de la identidad nacional puertorriqueña para centrarse en aquéllos. Al contrario del concepto de la desorientación en juego en Índice e Insularismo, los nacionalistas critican la situación política del pueblo en la representación de Puerto Rico como país desorientado.

Al plantear que a través de la independencia Puerto Rico se orientará, los nacionalistas continuamente enfatizan que el pueblo es nada de dócil. Mientras que el campo intelectual universitario tiende a representar la identidad nacional puertorriqueña como dócil, en la escritura nacionalista vemos lo opuesto: un énfasis en la actividad natural y subversiva del ser puertorriqueño. Esta dinámica está en juego de manera clara en un artículo titulado el “Puerto Rico revolucionario” de Fernando González Alberty que apareció en el quinto número de La palabra. El artículo trata de una supuesta tradición de insurrección que ha existido en Puerto Rico desde el siglo XIX. Algunos de los movimientos separatistas que menciona son aquéllos que ocurrieron en los años 1823 y 1824, 1835, 1838, 1864 y, el más importante, la Revolución de Lares de 1868. Según González Alberty, estas insurrecciones representan “el alma rebelde de Puerto Rico, de esa alma que rehúsa toda capitulación con el poder dominador y está perennemente en guerra contra la sojuzgación exótica”.[59] Al contrario de la interpretación de la sección previa que establece el concepto la docilidad puertorriqueña, el símbolo del “alma rebelde” establece la rebelión como parte de la tradición por medio de una idealización inexacta de la historia puertorriqueña. Una exaltación de la épica está en juego aquí en que se inventa una tradición de insurrección por medio de seleccionar y privilegiar pequeñas conspiraciones que han ocurrido como si fueran movimientos revolucionarios poderosos.

Irónicamente, la orientación que los nacionalistas promueven en los periódicos se dará de acuerdo con la civilización hispánica que Puerto Rico ha heredado como resultado de más o menos cuatro siglos de colonialismo bajo el imperio español. El artículo “Concepto de la raza” de Pedro Albizu Campos, que apareció en la misma edición que “Puerto Rico revolucionario”, representa la época del poder colonial español de manera positiva. Albizu Campos plantea que “Para nosotras la raza nada tiene que ver con la biología […] Raza es una perpetuidad virtudes y de instituciones características. Nos distinguimos por nuestra cultura, por nuestro valor, por nuestra hidalguía, por nuestro sentido católico de la civilización”.[60] Hay una afiliación entre Albizu Campo y Pedreira en su énfasis en la importancia de la “raza” española para la puertorriqueñidad. Para Albizu Campos, la identidad puertorriqueña es una extensión con particularidades de esta raza española. Más adelante en el artículo, el intelectual enfatiza ese punto cuando escribe que “España le dió la seguridad del estabilidad y al sentirse en firme el hombre comenzó de nuevo a andar”.[61] Podemos ver que el fenómeno de la orientación nacionalista no resultará en la pérdida de la herencia española en Puerto Rico. Este énfasis en el mantenimiento de la legado español es irónico a causa de que aparece como parte de un argumento en contra del colonialismo en Puerto Rico.

El artículo de La palabra titulado “La independencia de Puerto Rico” (número 23, lunes 23 de marzo de 1936) de Padre Crespo también hace hincapié en la necesidad de mantener la herencia española en la independencia. “La independencia de Puerto Rico” critica a los Estados Unidos por someter la isla puertorriqueña a una condición colonial dentro el imperio estadounidense. Al argumentar a favor de la independencia inmediata, Padre Crespo utiliza una retórica altamente religiosa que continuamente habla de la falta de la libertad en Puerto Rico como el factor que justifica una ruptura definida con los Estados Unidos. Mientras tanto, el artículo representa la época de colonialismo español en Puerto Rico de manera positiva cuando exclama que “España no fue inhumana […] y Puerto Rico era una de las provincias que gozaba mayores beneficios que las de la península y el privilegio de estar exenta del servicio obligatorio”.[62] Al plantear que la condición de Puerto Rico era mejor bajo el imperio español y gozaba muchos beneficios, se podría decir que el Padre Crespo está bregando con una noción de carencia histórica previa a la llegada de los españoles. El supuesto gozo que Puerto Rico disfrutaba no se extendió cuando hubo el cambio de poder colonial de España a los Estados Unidos en 1898. A pesar de los aspectos ventajosos del colonialismo español, “había que luchar por la libertad de los blancos, y el espíritu de rebeldía se asomaba por todos los recónditos del país”.[63] Su énfasis en un concepto de la libertad cualificada por la raza propone que es importante que Puerto Rico mantenga la herencia española que ha venido como resultado de su previa relación colonial con España más que el colonialismo en sí. De este modo, como hemos visto en los últimos dos párrafos, la noción de independencia que los nacionalistas propugnan irónicamente implica la construcción de un estado-nación de acuerdo con el legado español que va en detrimento a la herencia africana e indígena en Puerto Rico.

En algunos elementos, la identidad puertorriqueña articulada por los intelectuales de La palabra y el Nacionalista de Ponce/Puerto Rico se asemeja a aquélla que hemos investigado en Insularismo e Índice. En cuanto a la cuestión de la raza, socavan la importancia que las culturas africanas e indígenas han tenido históricamente en Puerto Rico al construir una interpretación eurocéntrica de la puertorriqueñidad. Además, plantean que Puerto Rico no ha madurado suficientemente con relación a la nacionalidad externa, o sea la situación política de la isla, debido al hecho de que nunca ha logrado independencia. Sin embargo, como el último punto señala, existía una gran preocupación política entre los intelectuales del Partido Nacionalista en que se centraban en luchar en contra del colonialismo estadounidense de acuerdo con la ideología del partido. Al argumentar a favor de la necesidad de la independencia de Puerto Rico, este campo constantemente hace hincapié en una supuesta tradición de subversión del país para ir en contra de la idea de que Puerto Rico es un país marcado por la docilidad. Mientras que la orientación implica la consolidación del poder criollo en lo cultural para el campo universitario sanjuanero, la orientación según el Partido Nacionalista supone el fin del colonialismo en Puerto Rico que a la misma vez mantiene la herencia española. Por consiguiente, la orientación según el campo nacionalista trata de un nacionalismo tanto cultural como político de acuerdo con la ideología del Partido Nacionalista cuyo motivo principal es crear un estado-nación independiente.

Conclusión

La implementación de un entendimiento de la nacionalidad sólo ocurre en contexto de debates. Ya que vivimos en una época de nacionalismos, se tiende a pensar que el establecimiento de la idea de la nación es un proceso unilateral en el que solamente un grupo implementa su entendimiento de la nación. Esta tendencia interpretativa de simplificación se debe a la canonización de ciertas obras que comparten la visión cultural del campo intelectual que ha llegado a la hegemonía nacional. Como hemos visto en este trabajo, el establecimiento de una noción de la nación no es un proceso de implementación libre de polémicas. Al contrario, un contexto de debate precede a este implementación en el que diferentes campos intelectuales compiten por la hegemonía con relación a lo cultural. Estos campos presentan distintos nacionalismos que entienden la identidad cultural de maneras disímiles. El contexto de debate que antecede el establecimiento de la idea de la nación puertorriqueña no sólo es importante porque nos lleva a investigar un momento fundamental en el funcionamiento de la cultura puertorriqueña sino también porque nos deja entender mejor la complejidad y heterogeneidad interpretativa que marca la establecimiento de la nación y de una idea de la nacionalidad en general.

– CHRIS MENDEZ.

Chris Mendez was born in Chicago, Illinois to Puerto Rican parents. He is a 2007 graduate from Lane Technical High School and has recently graduated from the University of Chicago with a B.A. in Romance Languages and Literatures. As an undergraduate, he has served as a Mellon Mays Undergraduate Fellow, a Class of 2011 Student Marshal, and a member of the Independent Review Committee. Chris Mendez is currently a NYC Teaching Fellow.

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Obras citadas

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Notas

[1] Para un análisis riguroso sobre el tema de los campos intelectuales véase “Campo intelectual y proyecto creador”. Pierre Bourdieu, Campo de poder, campo intelectual: Itinerario de un concepto (Montrésor: Editorial Montressor, 2002).

[2] Véase el tercer capítulo de Nations and Nationalisms titulado “Industrial Society”. Ernest Gellner, Nations and Nationalisms (Ithaca: Cornell University, 1983), 19-37.

[3] El “jíbaro” ha sido vinculado por las élites a la idea de una verdadera cultura nacional desde el siglo XIX. Para una de esta primeras representaciones véase Manuel Antonio Alonso, El jíbaro (Río Piedras: Editorial Edil, 1992).

[4] Bourdieu, Campo de poder, campo intelectual, 10.

[5] Bourdieu, Campo de poder, campo intelectual, 35.

[6] Véase el tercer capítulo de Imagined Communities, titulado “The Origins of National Consciousness”, para un articulación exhaustiva de la idea del “print-capitalism”. Benedict Anderson, Imagined Communities: Reflections on the Origins and Spread of Nationalism (London: Verso, 1991), 37-46.

[7] Para un análisis detallado sobre la política del PPD y su valorización del nacionalismo cultural sobre el nacionalismo político véase Jorge Duany, “A Postcolonial Colony?: The Rise of Cultural Nationalism in Puerto Rico during the 1950s”, The Puerto Rican Nation on the Move: Identities on the Island and in the United States (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2002), 122-136.

[8] Esto no significa que no existían otros campos intelectuales que lucharon por establecer un concepto de la nación puertorriqueña tanto en la isla como la colonia puertorriqueña emergente de los Estados Unidos. Decidí en enfocarme en esos dos campos intelectuales particulares porque eran los más influyentes durante las décadas del veinte y treinta.

[9] La mudanza del periódico de Ponce a San Juan que sugiere el cambio de título es interesante cuando consideramos la dinámica histórica entre las dos ciudades. Según Ángel G. Quintero Rivera, mientras que San Juan era el lugar en donde se estableció la autoridad colonial durante el siglo XIX, Ponce era fuente de una visión alterna—de una pequeña burguesía nacional—de la puertorriqueñidad. Véase Ángel G. Quintero Rivera, Patricios y plebeyos: Burgueses, hacendados, artesanos y obreros. Las relaciones de clase en el Puerto Rico de cambio de siglo (Río Piedras: Ediciones Huracán, 1988).

[10] Véase el capítulo titulado “El ‘arielismo’ y el recurso de la latinidad” para su análisis sobre el vínculo entre Insularismo y la ideología arielista. Juan Flores, Insularismo e ideología burguesa en Antonio Pedreira (nueva lectura de A. S. Pedreira) (Habana: Casa de las Américas, 1979), 73-81.

[11] La primera sección del texto trata de la construcción del canon literario en Puerto Rico y los textos que pertenecen al canon, la segunda de la reescritura de éste, la tercera del paternalismo en la tradición literaria y la quinta trata de la literatura de los sesenta y setenta que puso el canon en crisis. Juan G. Gelpí, Literatura y paternalismo en Puerto Rico (San Juan: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1993).

[12] Arcadio Díaz Quiñones, La memoria rota: Ensayos sobre cultura y política (Río Piedras: Ediciones Huracán, 1993), 27-29.

[13] José Juan Beauchamp, “Los Aterrizajes de Antonio S. Pedreira: El pretexto de «Insularismo»”, Revista de Estudios Hispánicos 22 (1995): 263.

[14] En el habla puertorriqueño bregar indica un proceso de alta interacción entre personas, objetos, etcétera.

[15] Arcadio Díaz Quiñones, Sobre los principios: Los intelectuales caribeños y la tradición (Buenos Aires: Ediciones Nortes, 2006), 376.

[16] Luis Felipe Díaz, Modernidad literaria puertorriqueña (San Juan: Editorial Isla Negra, 2005), 57-58.

[17] Juan G. Gelpí, “Crítica literaria y debates políticos en Puerto Rico (1930-1956): El trabajo crítico treintistas ante el siglo XIX”, Revista de Estudios Hispánicos 29.1-2 (2002), 101.

[18] Gelpí, “Crítica literaria y debates políticos en Puerto Rico (1930-1956)”, 103.

[19] Josefina Rivera de Álvarez, La literatura puertorriqueña: Su proceso en el tiempo (Madrid: Ediciones Partenón, 1983), 349.

[20] El conflicto entre Muñoz Marín y Géigel Polanco tuvo su origen en el cambio de posición de aquél con relación a la cuestión del status político de Puerto Rico al fin de los años 40. Éste siguió enfatizando la necesidad de la independencia para la isla mientras que Muñoz Marín apoyó la creación del ELA. César J. Ayala y Rafael Bernabe, Puerto Rico in the American Century: A History Since 1898 (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2007), 157.

[21] Para un análisis detallado sobre la conexión argumentativa entre Insularismo y los Aterrizajes de Antonio Pedreira véase Beauchamp, “Los Aterrizajes de Antonio S. Pedreira”, 253-267.

[22] Antonio S. Pedreira, “Aterrizajes: Nuestra Encuesta”, Índice 2 (1929): 17.

[23] “¿Qué Somos? ¿Cómo Somos?”, Índice 2 (1929): 18.

[24] Antonio S. Pedreira, Insularismo: Ensayos de interpretación puertorriqueña (San Juan: Editorial Plaza Mayor, 2001), 37.

[25] Carlos R. Alberty Fragoso analiza cómo aparece el extravío en su artículo “Atrechos por el extravío”. Él examina el juego entre “atrecho” y “extravío” para proponer que el texto simultáneamente presenta una definición e indefinición de la nación puertorriqueña. Véase Carlos R. Alberty Fragoso, “‘Atrechos por el extravío’: propósito y procedimiento en Insularismo”, Revista de Estudios Hispánicos 22 (1995): 299-308.

[26] “La metáfora y la metonimia en Insularismo de Antonio S. Pedreira” de Luis Felipe Díaz propone que Pedreira caracteriza la nación como desorientada a través de metáforas náuticas que invocan la necesidad de un capitán.

[27] Pedreira, “Aterrizajes: nuestra encuesta”, 17.

[28] Antonio Pedreira, “Aterrizajes: el nuevo lector de la Universidad”, Índice 20 (1930): 315.

[29] Pedreira, Insularismo, 62.

[30] En Literatura y paternalismo en Puerto Rico Juan G. Gelpí investiga cómo Pedreira feminiza a Puerto Rico a través del paternalismo retórico.

[31] Dos artículos de Índice en que la idea de la insularidad se presenta de manera clara como factor determinante en la docilidad puertorriqueños: Samuel R. Quiñones, “Nuestro Novelista de la Tierra:–M. Zeno Gandía” Índice 12 (1930): 183-184 y Antonio Paniagua Picazo, “La realidad económica puertorriqueña” 24 (1931): 386-387.

[32] Pedreira, Insularismo, 49.

[33] Pedreira, Insularismo, 45.

[34] Para un estudio que investiga el vínculo entre el argumento racialista de Insularismo y aquéllos de las obras consideradas canónicas en la tradición literaria latinoamericana de la primera mitad del siglo XX véase Insularismo e ideología burguesa (nueva lectura de A. S. Pedreira) de Juan Flores.

[35] Pedreira, Insularismo, 97.

[36] Manual Rivera Ramos, “¿Qué Somos? ¿Cómo Somos?”, Índice 2 (1929): 19-20. Pedreira casi repite la misma idea palabra por palabra cuando escribe que las fuerzas biológicas disgregantes y contrarias “han retardado la formación definitiva de nuestros modos de pueblo”; Pedreira, Insularismo, 50.

[37] Samuel Gili Gaya, “Aterrizajes: Cultura y Hispanoamericanismo”, Índice 15 (1930): 233.

[38] Gili Gaya, “Aterrizajes: Cultura y Hispanoamericanismo”, 233.

[39] Gili Gaya, “Aterrizajes: Cultura y Hispanoamericanismo”, 233.

[40] Pedreira, Insularismo, 133.

[41] Pedreira, Insularismo, 134.

[42] Pedreira, Insularismo, 184.

[43] Véase La ciudad letrada para una descripción más amplia del fenómeno de la diglosia entre intelectuales. Ángel Rama, La ciudad letrada (Hanover: Ediciones del Norte , 1984).

[44] Pedreira, “Aterrizajes: El nuevo rector de la Universidad”, 315.

[45] Otros artículos de Índice dedicados a la educación son los siguientes: Manuel Meléndez Muñoz, “El jibaro y la tierra”, Índice 10 (1930): 149; Antonio Pedreira, “Nuestro aislamiento”, Índice 12 (1930): 181-182; Antonio Pedreira, “Maestros, alumnos y literatura”, Índice 13 (1930).

[46] Pedreira, Insularismo, 99. A pesar de los puntos polémicos presentes en el texto que hemos identificado en este estudio, también existe un discurso modernista en Insularismo. Por ejemplo, el nacionalismo articulado en la obra se aleja del cristianismo católico y enfatiza la importancia de la tecnología para el desarrollo del país. Para más sobre el discurso de la modernidad en Insularismo véase capítulo que aparece en Sobre los principios de Arcadio Díaz Quiñones titulado “Ramiro Guerra y Sánchez (1880-1970) y Antonio S. Pedreira (1898-1939): el enemigo íntimo”.

[47] Un notable excepción se encuentra en el artículo de Índice “La realidad económica puertorriqueña” de Antonio Paniagua Picazo.

[48] Véase “A Postcolonial Colony?” de Jorge Duany para un análisis interesante sobre el vínculo entre el nacionalismo cultural del Partido Popular Democrático y la cuestión de estatus político en la década del cincuenta. Jorge Duany, “A Postcolonial Colony? The Rise of Cultural Nationalism in Puerto Rico during the 1950s”, The Puerto Rican Nation on the Move: Identities on the Island and in the United States, 122-136 (Chapell Hill: University of North Carolina Press, 2002).

[49] Juan Antonio Corretjer, “Dice el Director…: Pauta”, La palabra 1 (1935): 1.

[50] Pedro Albizu Campos, “Gaceta oficial: Presidencia”, El nacionalista de Puerto Rico 278 (1930), 1.

[51] Juan Antonio Corretjer, “Dice el Director…: Lea “La palabra” siempre”, La palabra 5 (1935): 1.

[52] Más adelante analizaremos con precisión la importancia de la violencia en la versión nacionalista de la orientación.

[53] Arturo O’Neill, “La filosofía del derrotismo y la orientación verdadera”, El nacionalista de Puerto Rico 280 (1930), 4.

[54] De manera muy semejante a lo que hemos visto con el campo intelectual universitario, O’Neill conecta los grandes hombres a la idea de la orientación cuando propone que son diferentes de los demás debido a su “actitud mental, la orientación del espíritu” y que “La objeción de las imposibilidades ha sido siempre combatida por los grandes hombres, por los forjadores y orientadores de los pueblos”. O’Neill, “La filosofía del derrotismo y la orientación verdadera”, 4, 13.

[55] O’Neill, “La filosofía del derrotismo y la orientación verdadera”, 4.

[56] José Paniagua Serracante, “Filosofía del nacionalismo”, El nacionalista de Puerto Rico 288 (1930).

[57] Se podría argumentar que Puerto Rico todavía está sometido al colonialismo bajo el poder de los Estados Unidos. Ayala y Bernabe  cuestionan en el capítulo “Birth of the Estado Libre Asociado” el nivel de cambio verdadero en la relación colonial entre la isla caribeña y los Estados Unidos en la creación del ELA. Más que poner a fin el colonialismo, el ELA no sólo mantuvo pero también legitimó la continuación de un sistema profundamente colonial bajo un nuevo nombre. Véase Ayala y Bernabe, Puerto Rico in the American Century, 162-178.

[58] Paniagua Serracante, “Filosofía del nacionalismo”.

[59] Fernando González Alberty, “Puerto Rico revolucionario”, La palabra 5 (1935): 6.

[60] Pedro Albizu Campos, “Concepto de la raza”, La palabra 5 (1935): 7.

[61] Albizu Campos, “Concepto de la raza”, 7.

[62] Padre Crespo, “La independencia de Puerto Rico”, La palabra 23 (1936).

[63] Padre Crespo, “La independencia de Puerto Rico”.