Por Beth Stemen

Como conmemoración a BAM/PFA Human Rights Arts Week, me pareció valioso dedicar un blog al arte de Fernando Botero. Según el reconocido artista colombiano, “el arte es una acusación permanente.” El alcance de sus obras es enorme. Tratan a varias temas que incluyen los derechos humanos. Notable en este ámbito es la reciente colección de pinturas de Abu Ghraib. La colección se trata del prisión de Bagdad donde soldados estadounidenses torturaron prisioneros durante la guerra Iraq. Las cincuenta y seis pinturas y dibujos que componen la colección representan las victimas de la tortura en los colores brillantes y el estilo volumétrico que distinguen el arte de Botero.

Fernando Botero nació en Medellín, Colombia, en 1932. Sus padres eran pobres y su crianza rural lo aislaba de los museos urbanos. Dicho esto, fue expuesto al arte de los famosos muralistas mexicanos, Rivera, Siqueiros, y Orozco, que eran tan populares en los pueblos como en los ciudades. Botero reconoce a la influencia de estos artistas como esencial a su interés en el arte. Empezó a pintar desde joven; cuando tenía dieciocho años ganó un premio de arte. Con sus ganancias, Botero viajó a Madrid y luego a Florencia para estudiar. Se apropió de una técnica del siglo XIX llamada indirecta, que significa la aplicación de muchas capas de pintura. En la década de los sesenta, vivió en Nueva York y desarrolló su estilo distintivo de figuras volumétricas y sensuales, lo que aprendió de los artistas de Florencia.

La colección de Abu Ghraib se distingue mucho dentro de su obra por varios rasgos. En primer lugar, la naturaleza brutal de la tortura contrasta con sus obras de contenido más placentero. Otras pinturas de Botero representan críticas de juntas militares y la violencia de narcotráfico en Colombia, pero no alcanzan el mismo nivel de sufrimiento físico y emocional que muestra la colección de Abu Ghraib. Mientras que sus figuras volumétricas típicamente expresan la sensualidad y opulencia, las de Abu Ghraib atraen la atención sobre la piel sangrienta y mutilada por perros e instrumentos de tortura. El contraste de colores e iluminación invoca el dolor, angustia, y humillación causados por la tortura representada.

Al mismo tiempo, la colección de Abu Ghraib se forma parte de un historia más grande de la violencia y el sufrimiento, la cual no se reserva solamente para los iraquís. El arte de Botero se identifica con la experiencia de Latinoamérica, conocido (en parte) por su historia violenta y por arte que la captura. Botero logra a universalizar el terror específico de Abu Ghraib y hacerlo accesible a todos. Como describe Francine Masiello, profesor de Berkeley, Abu Ghraib se une con sus otras obras en una larga tradición de representar mediante el arte aquello sin representación.

En mayo de 2004 el New Yorker publicó un artículo por Seymour Hersh sobre la tortura en Abu Graib, lo cual afectó mucho a Botero cuando lo leyó. Durante un viaje a Paris, Botero decidió que quería pintar un homenaje al suceso. Trabajó diligentemente por catorce meses. No divulgó a nadie lo que estaba pintando, hasta que un compañero colombiano, dueño de una revista, le preguntó sobre su trabajo. Botero le mostró unos fotos y el periodista los publicó. De pronto, revistas por todas partes del mundo estaban interesadas en la colección nueva.

Aunque recibió mucha aclamación en Europa, los museos en los Estados Unidos no expresaban mucho interés en la colección de Abu Ghraib (Spencer). La galería malboro en Nueva York expuso las pinturas por un mes en el otoño de 2006, durante el cual la revista New York Times declaró que era lo mejor de su obra. Dicho esto, Botero todavía no podía encontrar un escaparate más permanente para su colección. Lo que no sabía en ese momento era que alguien había leído el análisis del New York Times y lo intrigaba. Harley Shaiken, presidente del Berkeley Centro para los Estudios Latinoamericanos (CLAS en inglés), decidió a invitar a Botero a exponer la colección en la universidad. Botero aceptó la invitación en noviembre, y la exhibición fue expuesto en enero.

Durante los siete semanas que la universidad fue mostrando la exposición de Abu Ghraib, quince mil personas la vieron y revistas a través del mundo publicaron artículos sobre la misma. La exposición también motivó que otras universidades y museos montar su propia exhibición, de tal forma que el papel que se animaran a Berkeley a exponer fue fundamental para el reconocimiento de la obra en los Estados Unidos. Para mostrar su agradecimiento, Botero donó la colección a la universidad. En la actualidad se puede ver la exposición permanente adentro de Berkeley Law.

Botero mantiene una opinión crítica de la tortura que los Estados Unidos ha cometido en la prisión de Abu Ghraib. Más que nada, la considera hipocresía que una nación cuya objetivo declarado es la democracia y justicia torturaba prisioneros de guerra. Su sentido crítico lo inspiró a crear un testimonio a este hecho histórico que conmovió el mundo.

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